No hay cosa que drene más la energía que la gente que se queja, y se queja, y se queja, y se queja, y se queja, y se queja.
Quejarse de todo también puede convertirse en una forma de vivir.
La fila de las quejas siempre está llena. La de la gratitud, casi vacía.
Hay personas que lograron superar sus peores momentos gracias a un perro que insistía en salir a pasear o a un gato que nunca dejó de acostarse a su lado. No son mascotas, son familia, y no pienso discutirlo.
Ojalá nunca pases por una depresión tan fuerte y que tus amigos decidan que es el mejor momento para alejarse y no estar para darte al menos algo tan simple como un abrazo