No podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas. Y no podemos amar realmente a nuestro prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús. #EvangelioDeHoy (Mt 22,34-40)
«Cuando se quiere de verdad desahogar el corazón, si somos francos y sencillos, buscaremos el consejo de las personas que nos aman, que nos entienden: se charla con el padre, con la madre, con la mujer, con el marido, con el hermano, con el amigo. Esto es ya diálogo, aunque con frecuencia no se desee tanto oír como explayarse, contar lo que nos ocurre. Empecemos a conducirnos así con Dios, seguros de que Él nos escucha y nos responde; y le atenderemos y abriremos nuestra conciencia a una conversación humilde, para referirle confiadamente todo lo que palpita en nuestra cabeza y en nuestro corazón: alegrías, tristezas, esperanzas, sinsabores, éxitos, fracasos, y hasta los detalles más pequeños de nuestra jornada. Porque habremos comprobado que todo lo nuestro interesa a nuestro Padre Celestial».
San Josemaría, Amigos de Dios, 245
«Venced, si acaso la advertís, la poltronería, el falso criterio de que la oración puede esperar. No retrasemos jamás esta fuente de gracias para mañana. Ahora es el tiempo oportuno. Dios, que es amoroso espectador de nuestro día entero, preside nuestra íntima plegaria: y tú y yo -vuelvo a asegurar- hemos de confiarnos con El como se confía en un hermano, en un amigo, en un padre. Dile -yo se lo digo- que Él es toda la Grandeza, toda la Bondad, toda la Misericordia. Y añade: por eso quiero enamorarme de Ti, a pesar de la tosquedad de mis maneras, de estas pobres manos mías, ajadas y maltratadas por el polvo de los vericuetos de la tierra».
San Josemaría, Amigos de Dios, 246
«Sin la liberación realizada por Él, sin liberar al hombre del pecado, y por tanto de toda especie de egoísmo, no puede haber una liberación real en sentido socio-político. Ningún cambio puramente exterior de las estructuras lleva a una verdadera liberación de la sociedad, mientras el hombre esté sometido al pecado y a la mentira, hasta que dominen las pasiones, y con ellas la explotación y las varias formas de opresión».
San Juan Pablo II, Catequesis sobre Jesucristo
El testimonio de los santos, profundamente arraigado en la realidad concreta de su época, nos recuerda la fuerza innovadora y transformadora de la Pascua. Ellos nos muestran una historia modelada por la fe.
«Si has caído, levántate con más esperanza… Sólo el amor propio no entiende que el error, cuando se rectifica, ayuda a conocerse y a humillarse».
San Josemaría, Surco, 724
«La seguridad de sentirme -de saberme- hijo de Dios me llena de verdadera esperanza que, por ser virtud sobrenatural, al infundirse en las criaturas se acomoda a nuestra naturaleza, y es también virtud muy humana. Estoy feliz con la certeza del Cielo que alcanzaremos, si permanecemos fieles hasta el final; con la dicha que nos llegará, quoniam bonus, porque mi Dios es bueno y es infinita su misericordia».
San Josemaría, Amigos de Dios, 208
«Como quiere el Maestro, tú has de ser –bien metido en este mundo, en el que nos toca vivir, y en todas las actividades de los hombres– sal y luz. –Luz, que ilumina las inteligencias y los corazones; sal, que da sabor y preserva de la corrupción. Por eso, si te falta afán apostólico, te harás insípido e inútil, defraudarás a los demás y tu vida será un absurdo».
San Josemaría, Forja, 22
Este es el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Pidamos al Señor que nos ayude a ser así y a la Virgen María su intercesión. #EvangelioDeHoy (Mt 22,15-21)
«Algunos, con una visión digna pero chata, con ideales exclusivamente caducos y fugaces, olvidan que los anhelos del cristiano se han de orientar hacia cumbres más elevadas: infinitas. Nos interesa el Amor mismo de Dios, gozarlo plenamente, con un gozo sin fin. Hemos comprobado, de tantas maneras, que lo de aquí abajo pasará para todos, cuando este mundo acabe: y ya antes, para cada uno, con la muerte, porque no acompañan las riquezas ni los honores al sepulcro. Por eso, con las alas de la esperanza, que anima a nuestros corazones a levantarse hasta Dios, hemos aprendido a rezar: in te Domine speravi, non confundar in aeternum, espero en Ti, Señor, para que me dirijas con tus manos ahora y en todo momento, por los siglos de los siglos».
San Josemaría, Amigos de Dios, 209
«¡Cuántas cosas nuevas has descubierto! –Sin embargo, a veces eres un ingenuo, y piensas que has visto todo, que estás ya enterado de todo… Luego, tocas con tus manos la riqueza única e insondable de los tesoros del Señor, que siempre te mostrará "cosas nuevas", si tú respondes con amor y delicadeza: y entonces comprendes que estás al principio del camino, porque la santidad consiste en la identificación con Dios, con ese Dios nuestro, que es infinito, inagotable».
San Josemaría, Surco, 655
«Verdaderamente la vida, de por sí estrecha e insegura, a veces se vuelve difícil. –Pero eso contribuirá a hacerte más sobrenatural, a que veas la mano de Dios: y así serás más humano y comprensivo con los que te rodean».
San Josemaría, Surco, 762
Hoy celebramos el nacimiento de don José Luis Múzquiz, uno de los primeros sacerdotes del #OpusDei, que llevó su mensaje a muchos países 🙏
Desde el cielo sigue intercediendo por personas de todo el mundo, de Nigeria a Estados Unidos. Te contamos una de esas historias 🌍
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«Te consideras amigo porque no dices una palabra mala. –Es verdad; pero tampoco veo una obra buena de ejemplo, de servicio…
–Esos son los peores amigos».
San Josemaría, Surco, 740
«Si los cristianos viviéramos de veras conforme a nuestra fe, se produciría la más grande revolución de todos los tiempos… ¡La eficacia de la corredención depende también de cada uno de nosotros! –Medítalo».
San Josemaría, Surco, 945
«Ella vino al mundo a realizar una obra; tenía una misión que cumplir; su gracia y su gloria las posee no para ella misma, sino para su Creador. A Ella se le confió la custodia de la Encarnación».
San John Henry Newman, Rosa Mística