1999: Argentina votaba el fin del menemismo que indultó a los genocidas. Mientras Tinelli metía 50 puntos y algunos brindaban con "pizza con champagne", se incubaba el estallido de 2001.
En medio de esa tragedia, Kapanga hizo una de sus mejores canciones.
Argentina 2026, no lo entenderías:
1️⃣ A partir de marzo, un niño de 14 que robe un gorro puede ir a la cárcel, pero alguien que evade hasta 100 millones de pesos es inimputable.
2️⃣ Los trabajadores seguirán pagando ganancias, pero quien compre un yate de lujo no pagará impuestos.
3️⃣ Si no podés pagar el agua porque te endeudaste te la van a cortar, pero si tuviste 15 años a una persona trabajando en negro esa deuda se extinguió magicamente.
4️⃣ Si sos industrial Pyme tenés que competir de igual a igual con China, pero si venís de afuera y hacés extractivismo, entrás al RIGI no pagás impuestos y te la llevás toda.
5️⃣ Si sos jubilado, te van a seguir licuando la jubilación porque "no hay plata", pero van a usar la ANSES para subsidiar despidos a las grandes empresas y asi seguir licuando tu jubilación en loop.
Esto va para quienes me están diciendo que "me informe de lo que pasó de verdad en Argentina".
Parece solo una frase más o menos inocua, pero hay una violencia en esa negación que no necesita gritar. Basta con decir “infórmate” en el tono paternal de quien ya ha decidido no escuchar. Como si la historia fuese un trámite mal leído, un documento extraviado en una oficina del Estado. Pero no. La historia está escrita en cuerpos.
Treinta mil. Ese es el número que se pronuncia con la precisión de un conjuro. Treinta mil personas que no volvieron. Los registros oficiales tempranos (por ejemplo la CONADEP en 1984) documentaron alrededor de 8.960 denuncias, pero reducirlo a “menos de 9 000” ignora que muchas desapariciones nunca fueron denunciadas, que los cuerpos jamás aparecieron y que el terror obligó al silencio.
No son cifras, no es ruido estadístico, no es margen de error: son personas arrancadas del tiempo. El Estado argentino, entre 1976 y 1983, organizó un sistema para hacerlas desaparecer. El verbo es exacto: desaparecer. No matar, no encarcelar. Desaparecer. Que no haya cuerpo, que no haya duelo, que no haya prueba.
A los secuestrados los llevaban con los ojos vendados y las manos atadas a lugares que no existían. Centros clandestinos de detención. En la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, funcionó uno de los mayores.
Una fábrica del terror en pleno Buenos Aires. Cinco mil personas pasaron por allí, según los supervivientes. Cinco mil sombras. Los torturaban con picana eléctrica, con submarino, con golpes. A las mujeres las violaban, las embarazaban, y a sus hijos los robaban. Cuando ya no servían, los subían a aviones. Los “vuelos de la muerte”, los llamaban con la frialdad del eufemismo militar. Los lanzaban al Río de la Plata o al mar. Sin cuerpo no hay crimen, decían. Sin cuerpo no hay memoria.
Hubo nombres. Silvia Quintela, médica secuestrada embarazada; dio a luz en cautiverio y su hijo fue robado. Víctor Basterra, obrero gráfico, que sobrevivió en la ESMA y sacó de contrabando las fotos de los marinos, los torturadores, los que luego negaron haber estado allí. Él fue la prueba viva de que el infierno tuvo dirección, plano, horario de entrada.
La dictadura no fue un error ni un exceso: fue un proyecto. Secuestrar, torturar, asesinar, borrar. Y aun así hay quien dice “infórmese mejor”. Como si el terror necesitara fact-check. Como si los huesos hallados por el Equipo Argentino de Antropología Forense fueran un rumor.
En los juicios posteriores, los sobrevivientes repitieron los nombres de los captores: Astiz, Acosta, Pernías. Cada uno con su voz quebrada, reconstruyendo una topografía de la desaparición. Nadie los interrumpió para preguntar por la inflación o por la subversión. Porque lo que se juzgaba no era política: era la maquinaria de hacer desaparecer.
Negar eso, relativizarlo, convertirlo en debate, es prolongar la desaparición. No de los cuerpos —que ya no están—, sino de la verdad que los contiene. Porque lo que pasó en Argentina no fue un misterio ni una exageración ni un “contexto complejo”: fue el Estado convirtiéndose en verdugo y ocultando las pruebas bajo el agua marrón del Río de la Plata.
¿Enfrentar al vigente DPOY de la NBA a los 39 años y viniendo de jugar en la liga china? Poco le importó a Luis Scola, que clavó 28 puntos, 13 rebotes y 2 asistencias para guiar a Argentina 🇦🇷 a la final del mundo un día como hoy, pero de 2019.
Histórico.
Argentina 🇦🇷 cortó una racha de 41 y 20 años disputando mundiales o juegos olímpicos pese a haber conseguido una 🥈 en la Copa del Mundo 2019.
Fabián Borro es el responsable. Ni olvido ni perdón a sus perritos falderos y a los dirigentes cómplices.
Elegir rival, solo intentando ganar. Si elegis un camino mas facil perdiendo adrede te pasan cosas como esta. Ya les paso en basquet y ahora en futbol, lo llevan en la sangre. Un saludo @2010MisterChip
jjajaja los que se sienten picantes tuiteando forradas por la muerte de hebe ????? picante era ella poniéndole el cuerpo adelante a los milicos que le desaparecieron a sus hijos. Estos solo son mediocres necesitados de atención
Esta última hazaña de Nik cagándole el laburo a un pibe de 17 años merece que hagamos un repaso por su colección de robos que lo hacen merecedor del desprecio de todos sus colegas.
1. Empezamos por un clásico: afano a Quino.
@2010MisterChip Si te ponés feliz con eso, imaginate ser el único país que:
- Líderó Ranking Mundial de Selecciones en Fútbol
- Lideró Ranking Mundial de Selecciones en Básquet
- Ganó Mundial de Fútbol
- Ganó Oro en JJOO de Fútbol
- Ganó Mundial de Báquet
- Ganó Oro en JJOO de Básquet