Al escucharla la sorpresa le llevo, el pensar que guardaría aquel estropicio le hacía sentir avergonzado, pero con solo escuchar restantes palabras se sintió algo mejor y una sonrisa le mostró.
— Si te la roba, le pones carita de pena y verás que te la devuelve.
Se encogió con la risa que le provocó la ternura que su no madre le mostró, cierto era que no hizo la mejor corona del mundo, pero ella la hizo relucir diferente.
— Te queda bien.
Su ceño ligeramente frunció, no por estar molesto con la situación, si no por fracasar a la de primera y el escuchar palabras femeninas, le hizo salir de sus pensamientos para observar a su no madre con confusión.
— ¿Quieres esto?
— Se ve complicado.
Musitó algo extrañado, pero como no tenía nada mejor que hacer, las flores fue sosteniendo para enredar entre si y antes de salir algo bonito. Una chapuza apareció.
— . . .
— ¿Cómo lo haces?
Curiosidad encontró cuando vio lo que se proponía la fémina y como las indicaciones que le dio, debió actuarlas para sentarse a su costado.