Cuando Tei entró de nuevo en sus aposentos, empujó a una de las concubinas que yacían cerca suyo. — Quítate de encima. — un gesto de disgusto de extendió sobre su rostro y entre pasos tranquilos regresó a su asiento, claramente dispuesto a seguir esperando a su amada.
Al darse cuenta del fugaz encuentro de sus miradas pensó en huir del balcón pero sabía que era demasiado tarde.
Miró como a su querido Padisha le importaba poco lo que hubiera alrededor .
Como sacado de una película romántica miró desde las alturas al rubio, y tras un >
— Tei, cariño. — una sonrisa amable y un muy ligero rubor sobre sus mejillas adornaban su rostro. — Ven aquí, por favor. Puedes bajar a degustar el gran banquete qué he ordenado para ti. —
Alzó los brazos y extendió las manos, claramente, nada ahí le importaba más que él.
Era curioso, como desde que su Shahbanou había regresado al reino luego de tantos años, ahora existía motivo para gozo y júbilo. No era para menos, se había jurado a sí mismo que erradicaría el cáncer de Arnata, lograr una nación segura para sus súbditos y claro, para su querida
La brisa fresca choca en sus mejillas mientras contempla el gran palacio, las luces aún alumbran pasillos y zonas de socialización , el pabellón esmeralda aún alberga las risas de las concubinas , el ambiente huele a incienso y hierbas aromáticas .
Tei se queda ahí , en su >
pudo observarle. Su postura era inconfundible. Lo miró durante algunos segundos, levantándose y poco importandole pasar encima de las concubinas qué yacían reposando cercano a él.
Con pasos delicados pero decididos, se acercó hasta la parte baja de la torre.
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