Hay personas que se gasta una pasta en cursos de Cábala, compra péndulos hebreos y llena la casa de símbolos pensando que, de alguna manera, todo se va a solucionar solo.
Y no.
Un péndulo, unas letras sagradas o cualquier otra herramienta espiritual no son una varita mágica.
Si compras un péndulo pensando que te va a solucionar la vida mientras tú sigues sentado en el sofá, el problema no es el péndulo.
Es lo que estás esperando de él.
Una herramienta puede formar parte de tu práctica, ayudarte a centrarte, a trabajar tu energía o a crear un ritual que para ti tenga sentido.
Pero no sustituye hacer tu parte.
Porque puedes limpiar tu energía todas las veces que quieras, pero luego tendrás que hacer esa llamada, mandar esa propuesta, tomar esa decisión o enfrentarte a eso que llevas meses evitando.
Ahí es donde mucha gente se pierde.
Es mucho más cómodo pensar que necesitas otra herramienta, otro curso o algún ritual nuevo que reconocer que lo que falta es ponerse manos a la obra.
Menos esperar que algo externo te arregle la vida y más utilizar las herramientas con cabeza.
Si para ti la espiritualidad tiene un lugar, perfecto.
Pero que no se convierta en otra forma de procrastinar.
La herramienta puede acompañarte.
El trabajo lo tienes que hacer tú.
Un saludo.
P.D. Si quieres trabajar con un péndulo hebreo, busca uno que esté bien hecho y que tenga sentido para la práctica que quieres realizar. Pero si lo que buscas es comprarlo esperando un milagro en tres segundos, mejor ahórrate el dinero.
@Anonimasenamora Ojalá sea el último amor, sí, pero sobre todo ojalá sea un amor fácil, claro y de los que suman. Y si no es así, puerta. Que para perder el tiempo y la paz, mejor desayunar sola y tranquila.
Salir de noche a aguantar garrafón, música a todo volumen donde no se puede ni hablar y resacas de tres días ya no paga. Ahora el plan es estar a gusto, comer bien, comprarte algo guapo y hablar de cosas que de verdad importan sin tener que gritar.
Se llama madurar y cuidar la paz. El que quiera fiesta que busque a otra; el que quiera tu compañía de verdad, que se venga a desayunar.
Llamas «conformismo» a lo que simplemente fue dignidad: saber cuándo una historia no da para más.
Tú querías pelear una batalla que solo existía en tu cabeza y desgaste a tu ritmo.
Saber retirarse no es tener miedo ni rendirse; es no perder el tiempo intentando encajar lo que no entra. Yo no me rendí: elegí no hacerme trampa.
Moraleja:
Cuidado con los elogios regalados y los oídos regalones. La mayoría de las veces no admiran tu talento, solo quieren tu queso.
Menos aplausos fáciles y más colmillo.
Un cuervo encontró un trozo de queso y se encaramó a una rama para comérselo en paz.
Un zorro, que olía la comida desde lejos, se acercó despacio al tronco, levantó la cabeza y le dijo con voz melosa:
«Qué plumaje tan majestuoso tienes... Seguro que tu canto es igual de bello». 🧵👇
El queso cayó a plomo.
El zorro no tuvo ni que saltar: lo atrapó al vuelo, se lo tragó de un bocado y, limpiándose los bigotes, le soltó al cuervo antes de dar media vuelta:
—«Aprende la lección, amigo: el que te adula sin motivo, siempre busca sacarte algo».
@Anonimasenamora Esa frase es un peligro: te vende que todo es «destino» y te quedas aguantando a un gilipollas pensando que el universo te enseña algo.
Tal cual. Al principio te da hasta cierto apuro decir que no, por no parecer un rancio o un distante. Pero cuando te ha costado tanto salir del pozo y volver a estar tranquilo, te da igual lo que piense el resto.
No es arrogancia, es pura autodefensa.
Llega un momento en el que no estás para aguantar tonterías, ni para justificar por qué no te apetece estar en sitios donde no te suman nada. La paz no te la regala nadie, la pagas tú con todo lo que has sufrido. Así que aprender a cerrar el paso a quien solo viene a meter ruido o a complicarte la existencia no te hace mala persona: te hace libre.
Lo que más escuece no es lo que te hizo el otro, sino la bronca que te tienes a ti misma.
Pensar «¿cómo coño me la han colado si yo de tonta no tengo un pelo?».
No caíste por tonta, caíste porque ibas con la guardia baja y el pavo fue un frío de mierda. Él venía a jugar su partida y tú simplemente ibas a disfrutar.
No te castigues por haber confiado. El problema de clase lo tiene él, no tú.
Límpiate el barro, guarda la lección y a otra cosa. Sigues siendo la misma tía lista de siempre, solo que ahora con el radar bastante más fino.
De verdad. Hay un montón de tíos aguantando un peso enorme encima, solos, tragándose las dudas y la presión para que no se note nada por fuera. Peleando batallas de las que no hablan con nadie.
Si estás en ese punto, sintiendo que vas al límite y que nadie ve el esfuerzo que te cuesta levantar la cabeza cada mañana: aguanta.
No es fácil, jode un huevo y a veces dan ganas de mandarlo todo a la mierda, pero el camino no está perdido. Cada día que aguantas el tirón te estás demostrando de qué estás hecho. Fuerza, joder. De esta se sale.
El dinero no tiene personalidad, tiene altavoz. Solo es un amplificador de la pasta de la que estás hecho.
Al tipo que es un miserable con cien euros en la cartera, dale un millón y no lo vas a transformar en filántropo; solo vas a tener a un miserable con capacidad para hacer la puñeta a gran escala. Y al que es generoso de veras, no le hace falta un sueldo de seis cifras para demostrarlo.
La pasta no corrompe a nadie, solo quita las máscaras. Le da a cada uno la libertad y los recursos para ser exactamente lo que ya era cuando no tenía un duro, pero sin necesidad de disimular.
Amén a eso.
En un mundo lleno de gente con doble fondo, la gente buena de verdad es un refugio. Esa gente que no busca joderte la marrana, que te mira a los ojos sin segundas intenciones y que se alegra de corazón cuando te van bien las cosas.
No abundan, pero cuando te cruzas con una, hay que cuidarla como si fuera oro. Larga vida a los que hacen que la vida pese un poco menos.
Quien diga lo contrario no ha pisado el barro en su vida. Cuando estás en la mierda y las palabras de la gente solo estorban, un perro que te obliga a levantarte a pasear o un gato que se te tumba en el pecho te salvan la vida sin pedir explicaciones. No son un adorno ni un capricho; son el único ancla que te mantiene en pie cuando todo se cae a pedazos. Y el que venga a decir que «solo es un animal», que se vaya a tomar por saco.
Tal cual. A los 40 no llegas virgen de cabeza ni de alma, y el que te venda lo contrario te está mintiendo.
Llegas con la espalda curtida, con una colección de cicatrices que no piensas esconder y con una lista negra bien definida. Ya no hay espacio para la poesía barata del «sin ti me muero», porque todos los que estamos en esa mesa ya nos hemos muerto un par de veces, nos hemos levantado, hemos pasado la escoba y hemos seguido caminando.
Y eso no es cinismo, es libertad.
A esta edad ya nadie busca un cuento de hadas ni a un salvador. Se busca a alguien que no te complique la existencia, que sepa lo que cuesta mantener la paz y que no venga a joder lo que tanto trabajo te ha costado construir solo. Quien quiera cuentos, que se vaya al colegio. A los 40, el amor no es una novela trágica: es un pacto de no agresión y de buen gusto.
Claro y al pie.
La trampa es pensar que lo cómodo sale gratis. Y una leche. Te pasa la factura después y doblada.
Todo en esta vida cuesta un cojón. Cuesta levantarte de la cama a pelear por lo tuyo, pero también cuesta mirarte al espejo en cinco años y darte cuenta de que sigues metido en la misma mierda por no haber movido el culo.
Tú eliges con qué dolor te quedas: o te jodes un rato hoy para levantar tu vida, o te jodes para siempre aguantando una que no soportas. No hay atajos, no hay magia y el que te venda otra cosa te está estafando.
Un pájaro llevaba años haciendo su nido en el mismo árbol.
Un día, el árbol empezó a perder ramas.
El pájaro se enfadó.
Pensó que el árbol estaba cambiando para echarlo.
Hasta que una mañana entendió algo:
el árbol no estaba echándolo.
Estaba dejando caer lo que ya no podía sostener.
Y quizá a ti te está pasando lo mismo.
Hay cosas que se van de tu vida sin que tengas que hacer nada.
Porque ya no tienen dónde agarrarse.
@Belgicapelicot_ Ese es el verdadero espíritu de cierre de año: sin remordimientos, sin falsas disculpas de compromiso y con la puerta bien cerrada por fuera.
A quien le pise, que no mire. La paz mental de fin de año se paga sola.
Tragarte el anzuelo de cada idiota es regalarle el mando a distancia de tus nervios. Hay gente que no discute para tener razón, discute porque su vida es un aburrimiento y necesita tu cabreo para sentirse viva cinco minutos.
Si saltas, ganan. Así de simple. Les estás dando exactamente lo que buscan: tu tiempo y tu atención gratis.
La mayor hostia que le puedes dar a un provocador no es un buen argumento, es la indiferencia absoluta. Dar media vuelta, no soltar ni una palabra y seguir a tu puta bola. Dejar al tonto hablando solo con el aire es la única victoria que cuenta.
Construir para taparle la boca al resto es trabajar gratis para tus detractores.
Cuando aceptas su derecho a no creerte, les quitas la llave de tu cabeza.
Toda esa energía que regalabas en el teatro vuelve de golpe a tus manos.
Y desde ahí ya no montas un decorado: levantas un muro de carga.