Un suspiro que no sabía que estaba conteniendo abandonó sus labios en cuando confirmó que su comida estaba bien, sus hombros destensándose mientras ponía una mano en su pecho. ¡Esta vez no lo había arruinado! Una pequeña risa incluso abandonó sus labios al ver la forma+
su cabeza, despavilándose.
──¡Muchas gracias, Señor Tilín! Ese es justamente mi deseo, porque consigues más con azúcar que con sal.── Sonrió, luego ladeando su cabeza con curiosidad.
──Discúlpame, llegué hace muy poco tiempo así que no estoy al tanto de las cosas+
¿Está bien? Lo noto un poco callado.── Oh no, eso no es buena señal. Llevó una de sus manos a sus labios. ──No me diga- ¿Sabe raro? ¿Usted siente algun cosquilleo en el cuerpo?──
Está rezando internamente que no haya sido otro de sus experimentos fallidos en la cocina.
──¡Denada, Señor Tilín! Me alegra que haya sido el primero.──
Y era cierto. Que el propio administrador haya sido el primero en asomarse para probar su comida le hacía sentir feliz, importante. Miró expectante al Dueño de la Mansión, su sonrisa ensanchándose cuando escuchó+
salió de sus labios, colocando sus manos en sus caderas con una actitud de orgullo. Permanecieron en silencio por unos buenos segundos hasta que empezó a rozar lo incómodo. Allí fue cuando ladeó su cabeza a un lado, ojos danzando de un lado a otro en nervios.
──Señor Tilín+