Es que son cuatro años de la gente más ramplona, más burda, más ordinaria. La más inculta, más corroncha, más vulgar. La estética de las carillas, las rinoplastias mal hechas, el jean entubado, el olor a One Million, los libros de Daniel Habif, las barbas embetunadas, los mocasines sin medias, los remedos de trad wife con vestido de florecitas de Temu, las imágenes hechas con IA, las camisetas de Colombia con tres días de chucha, los biopolimeros, los tiros al aire en las fiestas…
Dios, fortaleza para tu pueblo, por favor.
Vuelvo y explico don Julio: no me gustan las propuestas de Cepeda para el país, muchas imposibles de financiar. No es personal sobre Cepeda y no es contra Petro. No me gusta su ambivalencia con la constituyente que no apoyo, me preocupa su equipo porque es el mismo de Petro y ya demostraron irrespeto por la tecnocracia y las cifras. ¿Ahora sí entiende?
Ayy que bonito @LauraCVargas96 tras años de matoneo, hostigamiento y mentiras ahora sí ven lo que misteriosamente han tapado con odio y tergiversaciones.
Ojalá les dure, más allá del domingo.
Y, por cierto, el lema “Que rime y que se pueda” también es estúpido. Fuerza un juego de palabras donde no hay. Además, algo rima o no rima. No cabe desear “que rime”.
Es una campaña malísima esta de Cepeda, por desgracia. Ojalá lo vean.
Representante @MafeCarrascal, usar la camiseta de la Selección Colombia no es ningún abuso.
Abuso es haber acompañado durante cuatro años a un gobierno que destruyó el sistema de salud.
Abuso es haber entregado el país a los bandidos, permitiendo que los grupos criminales se fortalezcan mientras millones de colombianos viven con miedo.
Abuso es cerrarles oportunidades a miles de jóvenes que quieren salir adelante estudiando, emprendiendo y construyendo un mejor futuro.
Ponerse la camiseta de Colombia es un acto de amor por el país. Lo verdaderamente abusivo ha sido el daño que este gobierno, del que usted hace parte, le ha causado a la nación.
En la era del Tigre @ABDELAESPRIELLA vamos a reconstruir a Colombia. ¡Se lo aseguro!
El Presidente dice que “se suspende” la recolección de firmas mientras se define la elección presidencial, para saber si tienen o no las mayorías en esta sociedad.
Quiere decir que si ganan las elecciones siguen adelante. Si pierden pues ni para qué lo intentan.
No nos dejemos engañar.
Por qué fracasó la campaña de Cepeda.
Cepeda va a perder la segunda vuelta. La última encuesta de Atlas confirma la ventaja de Abelardo, pero eso no es lo más grave para él. Las segundas vueltas existen precisamente porque una elección puede cambiar. El problema es que después del golpe de la primera vuelta, Cepeda no solo no corrigió, sino que profundizó en sus errores.
Hace un par de meses, cuando Mamdani ganó en Nueva York, pensé que Cepeda iba a copiar esa campaña. No me gusta Mamdani, pero hay que reconocer que su campaña fue muy buena: colores vivos, tipografías con personalidad, referencias a Nueva York, a Bollywood y a la cultura callejera. Además, una máquina digital que inundó las redes con clips de diez segundos y una capa social que volvió cool apoyarlo. El fenómeno “Hot Girls for Zohran” era absurdo, divertido y eficaz: convertía a un socialista radical en marca cultural, le quitaba solemnidad y miedo, lo sacaba del panfleto y lo metía en el feed.
Cepeda tuvo la oportunidad de hacer algo parecido. Pudo dejar de parecer una amenaza y empezar a parecer una persona. Podía humanizarse, volverse menos rígido, menos solemne, menos amargado. Pudo aparecer riéndose, improvisando, hablando de fútbol, comida, familia, música, cualquier cosa que lo sacara del libreto ideológico. Pudo venderse como una especie de Shrek (un monstruo con su corazoncito), pero dejó pasar la oportunidad.
Cepeda siguió siendo Cepeda. La misma cara larga. La misma mala vibra. El mismo tono de sermón. La misma campaña aburrida. La misma estética de poster universitario de bajo presupuesto. Sus piezas gráficas parecían comunicados sindicales diseñados con WordArt de los 90: letras de colores, fondos blancos, diseño plano, cero emoción, cero identidad. Y eso importa porque una campaña fea transmite desorden, vejez, burocracia y, sobre todo, incapacidad. Incapacidad de armar los mejores equipos y de estar a la altura de los tiempos.
Además, se quedó en la plaza pública cuando la campaña estaba ocurriendo en el celular. Siguió hablándole a los convencidos, como si su tarea fuera mantener encendida la mística petrista, y no salir a buscar votos donde no los tenía. No fue a incomodarse. No conquistó audiencias nuevas. No entró a formatos populares. No entendió que un podcast, un stream o un clip viral pueden mover más gente que diez discursos leídos en tarima.
Otro error fue creer que ya era presidente. Actuó con aire de coronación y no de campaña. La primera vuelta lo despertó de golpe, y en lugar de reorganizarse, entró en pánico y en furia. La controversia por la camiseta de la Selección Colombia fue el ejemplo perfecto. En un país emocionado por el mundial, salir a regañar a quienes se ponen la camiseta era regalarle a Abelardo el contraste ideal: Abelardo feliz, sonriente, de amarillo. Cepeda molesto, solemne, señalando con el dedo.
Despreciar a Westcol fue igual de torpe. Puede gustar o no gustar, pero su comunidad es una plaza pública digital. Es el streamer más grande de Colombia. Cepeda necesitaba entrar a ese audiencia, no despreciarla. Necesitaba hablarles a esos jóvenes, no confirmarles que la izquierda los mira por encima del hombro.
También le faltó transmitir tranquilidad institucional. La propuesta de la constituyente, el tono amenazante después de la primera vuelta, no reconocer el resultado electoral y una fórmula vicepresidencial que no ampliaba hacia el centro reforzaron el mismo miedo. Cepeda nunca logró demostrarle al país que sus temores eran infundados.
En teoría, Cepeda todavía podría remontar. Pero remontar exige una virtud que él no ha mostrado: capacidad de adaptación. Cepeda no parece un candidato dispuesto a escuchar, corregir, ceder, modularse o cambiar de rumbo. Es un político dogmático, tozudo, intransigente, rígido y encerrado en sus certezas. Y una campaña así difícilmente cambia. Por eso Cepeda no va a cambiar. Y por eso no va a ganar. Afortunadamente.
A menos de 3 días de las elecciones, Vicky Dávila y la revista Semana han publicado más de 50 artículos contra Paloma Valencia y a favor de Abelardo de la Espriella.
Iván Cepeda, a quien durante meses señalaron como “el enemigo” pasó a un segundo plano.