El ser buen vecino puede más que todo.
Volví a casa de mis padres, dónde crecí y viví 30 años de mi vida. Tengo la religiosa costumbre de empezar el día fumándome un porro de marihuana mientras me tomo un café (negro y fuerte como Will Smith). Mis padres me respetan y en ocasiones hasta me acompañan.
Lo hago en la cochera y prácticamente quien esté en la calle, percibe el olor a mota. Contrario de juzgarme y quejarse, mis vecinos agradecen que mi familia siempre ha estado para ayudar y contribuir a la comunidad. Deciden respetar mi mal hábito. Podría fumar en mi patio, pero me gusta ver a la gente pasar, la mayoría me saluda y hasta me pide fotos. No soy tan adicto a la marihuana como lo soy a socializar, a conectar con las personas y a escucharlos.
Existimos en SOCIEDAD. Sin otros, no tenemos sentido. Vivimos para los otros.
Si todos vemos el mundo así, nada puede salir mal.