Su atención está dispersa, porque aunque Eyrian le está hablando, Vilhelm sigue mirando hacia el horizonte.
Asiente vagamente, está a punto de hacer lo que le pide, pero los camilleros reales que Arturo envío levantan a ambos reyes antes de que Vilhelm necesite hacer nada.
Y
ahora que ellos están a buen recaudo, sus ojos grises finalmente vuelven a los del hombre que ama.
—Necesito ir a casa.
Se está desesperando, suena urgido, mientras busca con la mirada a su caballo.
Si Eyrian no lo detiene, Vilhelm realmente va a montar a Óleo y a dispararse
y debe ir a su hogar.
No quiere volver a Camelot. No debe.
Él quiere tomar su caballo y partir hacia el reino vecino, su amado Scheerose que aún está envuelto en la incertidumbre.
@_TEANPCS.
Es en medio de sus intentos desesperados, que la ayuda finalmente llega.
Ambos reyes de Scheerose, antes semiatendidos por los esfuerzos conjuntos de los hijos de Snow White, de Toulouse y de él mismo, ahora son alzados en camillas para una atención más adecuada, una que pueda
salvarlos realmente.
Y es así que él, finalmente, puede tomar un respiro.
Sus manos tiemblan, pero tirs de las prendas que trajo consigo para cubrirse adecuadamente.
Las heridas duelen, pero no importan mucho, porque a Vilhelm todavía le faltan respuestas. Sus padres no están
funcione.
Suplica, haciéndole señas a Ivory también para que saque la ropa.
Él está semidesnudo y sus tíos también.
—Ivy, ¿puedes ayudarme a cubrirla?
A su tía, se refiere. No quiere exponerla.
De un momento a otro, Vilhelm se encuentra rodeado.
Eyrian sostiene las heridas sangrantes de su familia intentando detener las hemorragias, Toulouse ofrece los remedios para ayudar con las heridas e Ivory también se une, trayendo la mochila con ropa que él preparó anteriormente
porque sabía que iba a necesitarla.
Se siente tan agradecido que podría llorar de nuevo, pero no lo hace.
En su lugar, acepta todo lo que Toulouse le ofrece, pasando un ungüento a Eyrian para que puedan ponerla sobre las heridas de ambos reyes.
—Por favor, por favor, que esto
detener el sangrado... ¿Hay un mago que pueda? Toulouse, ¿tu puedes?
Ruega en un hilo de voz, pero se obliga a levantarse a pesar del dolor y el entumecimiento de su propio cuerpo, de sus heridas sangrantes.
Él respira. Él tiene pulso. Tiene que accionar.
Eyrian llegó a él. Eyrian se está encargando.
Es ridículo el alivio que siente cuando lo ve caer de rodillas junto a él, porque es un desastre tembloroso que intenta accionar, pero no puede ser del todo racional cuando ve las muestras de la guerra sobre las personas que ama.
¿Y
que está haciendo él? ¿Qué clase de rey se supone que va a ser si no puede mantener la compostura?
Otra vez se obliga a respirar, se obliga a secarse las lágrimas y a recobrar las fuerzas para hacer lo que debe.
Eyrian está allí, Toulouse también está ayudando.
—Hay que
Cuando la voz de Toulouse lo aborda, el príncipe intenta encontrar lógica en sí mismo para hablar.
Le toma dos largas respiraciones, apagar los sollozos y entonces está asintiendo lentamente con la cabeza, aún cubriendo el cuerpo de su tía para evitar exponerla más de la cuenta
de manera innecesaria, aunque las heridas son horribles y ocultan cualquier cosa que no deba ser visto.
—Lo son... Ellos son mis tíos...
Finalmente se obliga a hablar y sus ojos grises buscan al hechicero, su labio inferior temblando cuando vuelve a asentir.
—Están vivos, pero
Vilhelm los vio.
El oso los reconoció incluso antes de procesar lo que estaba sucediendo.
Los enormes osos que aterrorizaron al Norte, que quebraron huesos y robaron vidas, que lucharon incansablemente y casi mueren en el medio de la batalla a pesar de sus esfuerzos penosos y
exponerla más de la cuenta, tan menuda y delicada, rubia y pálida por todas partes, excepto donde la sangre marca la condena.
—¡Ayuda, por favor! ¡Ayuda!
Y su madre, su padre, todavía faltan ellos.
¿Dónde están sus padres? ¿Dónde está su gente? ¿Qué pasa con Scheerose? No lo