El labial tiene que estar fresco para que sus labios se marquen en su poronga. El semental ya está listo con su chota equina favorita, la mueve de lado a lado para tentar al afeminado.
A pesar de que se lo estaba cogiendo con delicadeza, la leoncita se retorcía de igual forma, parecía que se volvía loca con su chota de caballo adentro.
Se separó de su boca solo para escuchar sus gemidos, ahora aumentaba un poco la velocidad, dándole estocadas bien profundas.
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Soltó ligeros gemidos que rápido ahogaba con la boca del otro, su pequeño penecito no paraba de palpitsrle de sentir sus ligeras embestidas que hacían retorcer un poco al afeminado Leoncito.
Hasta este punto, hasta sus garritas ya estaban en las manos del equino.
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Una vez la pelvis del macho chocó contra las nalgas de la leona, justo donde posaba su mano, se formó un bulto en la panza de la menor.
Lentas embestidas le daba, rascandole de forma deliciosa las paredes de su culito mientras jugueteaba con su lengua, en ese beso baboso.
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Apretó sus manos con algo de fuerza, necesitaba aguantar todo el tamaño de ese tronco venudo que le abría su hoyito.
"MMMFH. . .~"
Fue el sonido del quejido que pego mientras le seguía ensartando cada vez más esa verga equina, aunque rápido la callo con ese besote.
El semental acomodó su tranca contra el entrenado ano de la gatita, no fue mucho problema meter su masiva tranca, ese agujero estaba completamente amoldado a su pingota.
Hocico acercó al de ella para plantarle un delicioso beso de lengua mientras mueve lentamente sus caderas.
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No le respondió, solo asintio con la cabeza mientras se apegaba más a el, hasta ronroneando estaba de esas caricias en su vientre de esas manotas a comparación de sus pequeñas manitas que tenía encima.
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Entonces esta vez no va a romperle el ojete.
La pinga del equino se pone más y más dura contra el culo de la menor, el tronco venoso se rasca una y otra vez contra ese ojete. Los mimos en su pancita van en círculos.
— ¿Ya la quieres adentro, gatita?
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Después de tantos abusos, ya se merece algo de cariño.
Ya tiene sus manitas suaves encima de las del equino y sus caderas sacudiéndole en toda la entrepierna.
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¿Quien diría que a la gata le gusta lo suave? Ya se recostó contra el culo de su mujercita en cucharita, le puso la chota entre las nalgas y su mano fue a rascarle el vientre.