En octubre de 2011, Luis de la Fuente fue despedido del Deportivo Alavés después de nueve jornadas. Las llamadas dejaron de llegar. Pasó dieciocho meses sin trabajo.
Siguió yendo al mismo bar a desayunar. Siguió leyendo el periódico. Un día de 2013 encontró un anuncio pequeño en las páginas de deportes: la Real Federación Española de Fútbol buscaba entrenador para sus categorías inferiores. Llamó a Iñaki Sáez, antiguo seleccionador, que lo conocía. Mandó el currículum. Esperó.
La Federación le ofreció el puesto. El contrato duraba tres meses. La misión: clasificar a la sub-19 para el Europeo de Lituania. Sin garantías más allá de eso. De la Fuente firmó el 1 de mayo de 2013.
Lo que vino después fue un trabajo invisible. Campos juveniles, contratos cortos, categorías que nadie sigue. En 2015 ganó el Europeo sub-19 con un equipo que incluía a Rodri, Mikel Merino y Unai Simón. Luego la sub-21. Luego la absoluta. El 19 de julio de 2026, en el MetLife Stadium de Nueva York, levantó la Copa del Mundo.
Trece años después del anuncio en el periódico.
La carrera de De la Fuente no tiene la narrativa habitual del crack que triunfa: no dirigió al Madrid ni al Barça, no pasó por ningún gigante europeo, no tuvo un momento de revelación brillante que el mundo aplaudiera. Tuvo dieciocho meses sin llamadas, un anuncio pequeño, un contrato de tres meses y la decisión de presentarse.
A pocos kilómetros de Monterrey aún existen espacios donde el agua y la naturaleza nos recuerdan la importancia de conservar nuestros recursos. Los cuerpos de agua no solo aportan belleza al paisaje; son fundamentales para la recarga de acuíferos, la biodiversidad y el bienestar
Este espacio fue diseñado bajo principios de sostenibilidad, priorizando especies de bajo requerimiento hídrico, cobertura mineral permeable y una distribución que minimiza las necesidades de mantenimiento y riego.
🌿 Menos agua. 🌧️ Más infiltración. ♻️ Mayor sostenibilidad.
Tuvimos la oportunidad de contribuir a una jornada de arborización en el área metropolitana de Monterrey, México.
Cada árbol plantado nos acerca hacia ciudades más resilientes y habitables. Este tipo de acciones demuestran que la infraestructura y la naturaleza pueden coexistir.
El agua es parte esencial de los paisajes donde habitamos, las lluvias intensas y las inundaciones nos recuerdan que necesitamos aprender a convivir con este recurso natural.
Crear espacios en nuestras ciudades es clave para reducir riesgos. Fotografía del río Ramos
Esta es la oficina que muchos imaginan cuando digo que me dedico a la gestión de recursos naturales y medio ambiente. P.D.: Si me gusto la vista y el aire fresco.
Muchas especies de peces de agua dulce, cangrejos, insectos acuáticos y otros animales dependen de los árboles, arbustos y plantas ribereñas para encontrar refugio y alimento. Cuando esa vegetación desaparece, las poblaciones se reducen y se rompe un delicado equilibrio ecológico
Sistema urbano de drenaje recientemente instalado. El pavimento de la acera también es permeable con alcorque corrido vegetalizado. Y la bordura de la mediana está abierta para la recepción de agua de la calzada. No veo que sea algo difícil de implementar en toda obra nueva.
Como decía un antiguo jefe que tuve “El agua no nace del grifo”. Es fundamental comprender la función de la vegetación para captar y liberar el agua poco a poco.
Cuidar la naturaleza en las cuencas es cuidar el agua y cuidar una cuenca es cuidar la vida que depende del agua. 💧
La biodiversidad es lo que hace que los ecosistemas funcionen, que los ciclos naturales se mantengan y que la vida prospere. Sin ella, no hay resiliencia ni sostenibilidad.
Proteger especies y hábitats es también proteger nuestra salud, clima y economía.
En un proyecto de agricultura regenerativa en Zacatecas: riego por goteo, diversificación de especies para enriquecer el suelo. En un recorrido vi un coyote a la orilla de una presa rodeada de campos agrícolas. Me recordó que producción y conservación pueden coexistir.
"No se imaginan lo emocionada que estaba mi mamá cuando se enteró de que me llamaban de Central.
Mi papá dudaba: 'Uh, no sé, es medio lejos ¡Son 9 kilómetros! No tenemos auto. ¿Cómo lo vamos a llevar hasta allá?'.
Y mi mamá le dijo: '¡No, no, no! No te preocupes, yo lo llevo. ¡No es ningún problema!'.
Y ahí es cuando nació Graciela.
Graciela era una bicicleta amarilla, oxidada, con la que mi mamá me llevaba todos los días al entrenamiento. Tenía un canastito adelante y espacio para llevar uno más atrás, pero había un problema, porque mi hermanita también tenía que venir con nosotros. Entonces mi papá con una sierra le cortó un cuadrillo de cada lado del canastisto, que es donde se sentaba mi hermana.
Así que imaginen esto: una mujer andando en bicicleta por todo Rosario, con un pibe atrás y una nenita adelante, más un bolso deportivo, con mis botines y algo de comer, en el canasto de adelante. En subida. En bajada. Pasando por los barrios más difíciles. Bajo la lluvia. En el frío. De noche. No importaba. Mi mamá sólo seguía pedaleando".
✍️ Ángel Di María, en The Players' Tribune.
Tras el reciente sismo en #Monterrey viene de maravilla compartir este mapa de sismicidad hecho en 1892 que nos muestra que, efectivamente el sur de NL es zona sísmica.
Espero que sea del interés de @asalmendez y del @SSNMexico