Ojalá todos fuéramos conscientes de lo importante que es tener empatía con los sentimientos de los demás; tener la capacidad de decir “no voy a hacer esto porque sé que le haría daño” podría cambiar muchas cosas.
Wey, el cliente tiene la razón sólo cuando en verdad tiene la razón y punto. No se vale que piensen que por darles un servicio no tenemos vida o tenemos que acoplarnos a su egoísmo y malas caras.