Muchas veces no quiero que llegue el domingo, porque los domingos tienen esa forma silenciosa de recordarte todo lo que duele… lo que no fue, lo que perdiste, lo que aún pesa.
Si ya no me siento feliz en una casa porque encuentro goteras que no puedo arreglar, me mudo, pero no la prendo fuego ni la tiro abajo.
Hay que aprender a retirarse de los lugares con el mismo amor que se llegó, sea cual sea el motivo de la mudanza y no estoy hablando de casas.