“Mira, antes de estar con un 10 que tiene un pensamiento político propio, prefiero un 6 que no le de tantas vueltas a las cosas. O un 4 que se cague encima. O un 1 que se olvide de respirar. Cualquiera de esas opciones es mucho más válida para un 0 como yo”.
Los hombres cineastas se niegan a dar a las mujeres vello en las piernas o en las axilas en las películas de supervivencia, pero añaden una escena gráfica de violación de 10 minutos para aportar "realismo".
Restaurante lleno.
Sábado.
Mesa de 6.
Padres, abuelos y un niño de 8 años corriendo entre camareros con una tablet en la mano.
Gritando.
Saltando.
Metiendo los dedos en los vasos de otra mesa.
El camarero se acerca:
—Perdona, ¿podéis decirle al niño que no corra? Hay platos calientes.
La madre ni levanta la vista del móvil.
—Es que es muy intenso.
El niño pasa otra vez.
Casi tira una bandeja.
El camarero respira.
—De verdad, se puede quemar.
El padre sonríe como si estuviera en una charla TED de crianza consciente.
—No queremos coartar su personalidad.
Claro.
Su personalidad.
Antes se llamaba educación.
Ahora es “expresión emocional”.
El niño agarra una aceituna de una mesa ajena.
La señora se gira.
—Oye, que eso es mío.
Y ahí salta la madre:
—Tampoco hace falta hablarle así. Es un niño.
Es un niño.
La frase comodín.
Rompe algo: es un niño.
Molesta: es un niño.
Pega: es un niño.
Invade mesas ajenas como si estuviera colonizando América: es un niño.
Piden la cuenta.
El niño tira un vaso al suelo.
Cristales.
Agua.
Gritos.
El camarero vuelve.
—Por favor, ahora sí necesito que se siente.
El padre se pone serio.
—No me gusta cómo le estás hablando a mi hijo.
—Solo le he pedido que se siente.
—Pues igual deberíais tener un restaurante más adaptado a familias.
Adaptado a familias.
Traducción:
“Mi hijo puede comportarse como un gremlin mojado y tú tienes que sonreír.”
Salen indignados.
Media hora después, reseña en Google:
“Sitio poco recomendable. No respetan a los niños. Personal muy seco. No volveremos.”
Y ahí está el problema.
No es el niño.
El niño hace lo que le dejan.
El problema son adultos que confunden educar con aplaudir cualquier salvajada.
Padres que no quieren poner límites porque les da pereza sostener un berrinche de 4 minutos.
Y luego llaman “sociedad hostil” a cualquier persona que no quiera aguantar el resultado.
Resumen:
Tu hijo puede ser libre.
Pero si su libertad consiste en molestar a todo el restaurante, igual no estás criando un niño con personalidad.
Igual estás criando una factura emocional que algún día pagarán los demás.
Y seguramente tú también.
cada vez que estoy muy metida en una lectura y dejo de leer para hacer algo empiezo a narrar en mi cabeza lo que voy haciendo como si estuviese adentro del libro
Yo sé que soy pesada.. Pero si alguna vez tuvo sentido que le dieras RT a algo de lo que publico, es ahora.
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Voy a hacer el mayor anuncio de toda mi carrera... con diferencia xd.
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Que mientras más seamos, mejor 🥹❤️🩹
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