Al llegar al poder, Jenniffer González prometió un gobierno de competencia y meritocracia.
Anunció un portal para reclutar ciudadanos ‘aptos’ y habló de miles de resumés recibidos.
Hoy, la realidad es otra: el gobierno está compuesto por los mismos rostros de siempre, miembros del chat, hijos de expolíticos, amigos de campaña y fichas de confianza.
Mientras Puerto Rico enfrenta crisis reales, en el gobierno juegan a las sillitas musicales, rotándose puestos como premio de lealtad política.