An artist who moved to Japan to chase her dream of becoming a manga creator has officially made it
After four years, Linnea Kataja has made her professional manga debut
Villain who is a huge narcissist BUT can actually back up everything their saying, making it incredibly hard to insult them in any meaningful way except personal digs but that kinda makes you an asshole if you do it
En octubre de 1955, sus compañeros de clase despidieron a una niña de doce años que había pasado sus últimos meses doblando trozos de papel en busca de un único deseo: vivir.
Sadako Sasaki tenía dos años cuando Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945. Su familia se encontraba a unos 1,7 kilómetros del lugar de la explosión. La onda expansiva dañó su casa, pero ella no presentó heridas visibles en ese momento. Mientras huían de los incendios, quedó expuesta a la lluvia negra que cayó sobre algunas zonas de la ciudad.
Creció, en apariencia, completamente sana: una niña activa, alegre, aficionada a correr. Pero en el otoño de 1954 empezaron a aparecer inflamaciones en su cuerpo, y su salud se deterioró con rapidez. En febrero de 1955 ingresó en el Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima. El diagnóstico fue leucemia, una enfermedad que se había vuelto cada vez más frecuente entre los niños expuestos a la radiación de la bomba, diez años después de la explosión.
Quería curarse y volver a la escuela. Una compañera del hospital le habló de una antigua creencia japonesa: quien doblara mil grullas de papel podría ver cumplido un deseo. Sadako empezó a doblar, usando cualquier papel que pudiera conseguir, envoltorios de medicamentos, papel de regalo, cualquier fragmento disponible. Su deseo era simple: vivir.
Llegó a completar las mil grullas, y siguió doblando más. Su familia conservó alrededor de 1.300 hechas por ella. La versión popular que cuenta que murió tras doblar solo 644 nació de una narración posterior, no del hecho real.
Ni siquiera mil grullas pudieron detener la enfermedad. Sadako murió el 25 de octubre de 1955, después de ocho meses de hospitalización, con doce años.
Su muerte conmocionó a sus compañeros de clase, que decidieron que su memoria no podía quedarse reducida a una tumba. Iniciaron una campaña para construir un monumento dedicado a todos los niños que habían muerto por la bomba atómica, y la idea reunió el apoyo de más de 3.000 escuelas japonesas y de estudiantes de otros países. El 5 de mayo de 1958 se inauguró el Monumento a la Paz de los Niños, en el Parque Memorial de Hiroshima, con la figura de una niña sosteniendo una grulla sobre su cabeza. Desde entonces, millones de grullas de papel siguen llegando hasta allí desde todo el mundo.
En 2016, la familia de Sadako donó una de sus grullas originales al Museo Nacional Japonés-Estadounidense. Diminuta, hecha con papel cualquiera, cargando una historia demasiado grande para desaparecer.
Frente al monumento puede leerse la frase que escribieron aquellos niños: "Este es nuestro clamor. Esta es nuestra oración. Paz en el mundo." Sadako no consiguió el deseo que pidió para sí misma. Las grullas que dejó, sin embargo, siguen llevando otro deseo mucho más lejos.
📍 Fuente: Hiroshima Peace Memorial Museum, archivo oficial / Japanese American National Museum, donación de la familia Sasaki, 2016.
A school in Japan apparently stopped saying “itadakimasu” and “gochisousama” before and after school lunch.
The reasons were apparently things like:
“Why should we say it if we pay for school lunch?”
“Religious consideration.”
Honestly, that feels very strange to me.
“Itadakimasu” is not a religion.
It is not about worshipping someone.
It is about thanking the people who made the food,
the people who delivered it,
the people who cooked it,
and the life that became our food.
Before eating, we simply say one word of gratitude.
That is all.
The idea that “we paid money, so we don’t need gratitude,”
or “it looks religious, so we should remove it,”
is much scarier to teach children, in my opinion.
“Itadakimasu” is gratitude for life.
“Gochisousama” is gratitude for the people who prepared the meal.
These are not words Japan should erase.
They are words we should preserve.
In 1991, Japan got the Barcode Battler.
You scanned barcodes from food, shampoo, cleaning products, whatever you could find.
The machine turned them into fighters, enemies, or items.
For a while, every supermarket shelf could secretly be a boss fight.