Solo diré esto. Esta conversación del periodista Rafael Poveda con las periodistas @MONYRODRIGUEZOF Laura Palomino @C1Palomino y @JuanitaGomezL es una muy buena pieza para debatir acerca de la responsabilidad del periodismo ante cualquier denuncia, de cualquier clase.
Oigan y opinen
Pillen todo el video.
¿Cuanta tracción le traería esa noticia a ese medio al tratarse de una persona pública?
Y el daño si o si queda en la reputación.
Fuerte.
Estoy triste....
Pareciera que le quisieran dañar la carrera a Rafael Poveda
Las periodistas Mónica Rodríguez
Laura Palomino y Paula Bolívar
al parecer Sacaron una denuncia.
Al final ... No dicen cual es la intención. Y siento me da la impresión que como que lo de ellas no me cuadra...Por si acaso me protejo con el derecho a opinar libremente. Y pues en realidad no sé nada del caso. Solo que lo aprecio y me gusta su contenido.
Me niego a creer.
Antes de que empiecen a preguntar si @carorestrepocan tiene experiencia de niñera, el ICBF lo que necesita es una directora que sepa cómo se mueve la plata y tenga el carácter para acabar con las mafias de operadores que se han robado la plata de la alimentación y la atención de los niños. Carolina tiene exactamente ese perfil. Excelente nombramiento.
Abelardo salió picado.
Uribe dijo que en el Centro Democrático trabajarían como abejas y las abejas terminaron picando al tigre. Pero la metáfora va más allá. En el toreo, la pica busca obligar al toro a bajar la cabeza. De La Espriella quiso hacer algo parecido con Uribe. Lo ignoró, lo provocó y lo desafió para demostrarle quién mandaba en la nueva derecha. Pero calculó mal. Quien terminó picado fue Abelardo y ahora será él quien tenga que bajar la cabeza.
La derrota de Alfredo Deluque en la elección de presidente del Senado fue una torpeza política monumental. Antes de posesionarse, Abelardo consiguió lo que parecía imposible: unir a Uribe y al Pacto Histórico en su contra.
Pero esa alianza no surgió de la nada. Abelardo la fue construyendo, desplante tras desplante. Uribe lo apoyó después de la primera vuelta y no recibió ni siquiera un agradecimiento público. Tras la victoria, el Centro Democrático se declaró partido de gobierno y tampoco hubo reconocimiento. Ni una llamada. Cuando llegó el momento de definir las mesas directivas, Abelardo trató a Uribe y a la bancada más grande de su coalición como actores secundarios.
Luego, en plena puja por la elección del presidente del Senado, nombró como ministra a Paola Holguín. El nombramiento se defiende por sus méritos, pero se leyó como un desafío: aquí hay vida para quienes estén dispuestos a dejar a Uribe. Fue otra banderilla.
El error fue creer que ya no necesitaba a Uribe porque había sacado trece millones de votos. Confundió el respaldo de los electores con la obediencia del Congreso. Pensó que ganar la Presidencia le entregaría las llaves del Capitolio, pero Honorio Henríquez acaba de demostrarle que no es así.
Y no fue una derrota estrecha. Honorio sacó 56 votos y Deluque 45. Once votos de diferencia son una paliza considerable. Si hubiera perdido por uno, podría pensarse que un senador se torció a última hora. Pero para cambiar el resultado, seis senadores habrían tenido que cambiar de bando. Abelardo no perdió una mayoría precaria, al parecer nunca la tuvo.
La derrota también es estruendosa para Rodrigo Lara. Su único trabajo era conseguir esos votos. O creyó que tenía una mayoría inexistente, lo que revela una grave desconexión con el Congreso, o sabía que los números no alcanzaban y prefirió decirle al jefe que todo iba bien. Incompetencia o adulación, el resultado fue el mismo.
Y aquí aparece el problema más preocupante. De La Espriella parece rodeado de personas dispuestas a confirmarle que siempre tiene razón, pero alejado de quienes podrían decirle cuándo se equivoca. Ya había recibido un primer llamado de atención en la segunda vuelta, cuando una elección que parecía asegurada terminó siendo mucho más estrecha de lo esperado.
El dato histórico agrava el golpe. Desde 1994 ningún presidente electo había sido derrotado en la elección del primer presidente del Senado, el mismo que le impone la banda presidencial. Abelardo no solo perdió su primera votación en el Congreso, sino que dejó la ceremonia de su propia posesión en manos del hombre que lo derrotó.
Sin embargo, Uribe tampoco sale ileso. Sus electores esperaban que acompañara al nuevo gobierno sin abrir otra guerra dentro de la derecha. En cambio, terminó celebrando una victoria al lado de Iván Cepeda y el Pacto Histórico. Puede tener un argumento parlamentario legítimo, pero la imagen es difícil de explicar.
Faltan dos semanas para el 7 de agosto y cuatro años por delante. Abelardo quiso picar a Uribe para obligarlo a bajar la cabeza, pero fue él quien recibió la pica. Ahora le toca acercarse, negociar y reconstruir una relación que deterioró sin necesidad. Y le conviene hacerlo rápido, porque el primer año es el único en el que un presidente tiene capital político de sobra, y él empezó a gastarlo antes de posesionarse.
Datos interesantes de @florezjose
*Primer dato histórico de interés*:
Hoy tuvimos la diferencia porcentual de votos entre el primero y el segundo de la elección presidencial más pequeña de la historia de la democracia colombiana desde 1958.
Sin embargo, ya hubo tres diferencias menores en número absoluto de votos, y el perdedor siempre aceptó el resultado:
2026: 247.970 votos (0.95 %) De la Espriella vs. Cepeda
1994: 156.615 (2.12 %) Samper vs. Pastrana
1978: 137.061 (2.71 %) Turbay vs. Betancur
1970: 63.557 (1.59 %) Pastrana vs. Rojas Pinilla
*Segundo dato histórico de interés*:
La diferencia entre el total del votos contabilizados en el preconteo y el escrutinio en las segundas vueltas presidenciales desde 1998 ha sido mínima: nunca ha superado el 0.1%, la mayor fue de 0.088% en 1998:
1998: 69.025 votos de diferencia
2010: 40.734 votos
2014: 23.274 votos
2018: 25.236 votos
2022: 29.216 votos
*Conclusión:* con una diferencia a favor de Abelardo de la Espriella de 247.970 votos, NO HAY LA MENOR PROBABILIDAD ESTADÍSTICA de que el resultado del preconteo de hoy se altere en el escrutinio.
Cuando inició este gobierno, muchos dijimos: "Ojalá les vaya bien", porque cuando a un gobierno le va bien, le va bien a Colombia. Esperábamos un cambio real, una gestión eficiente y el cumplimiento de las promesas que entusiasmaron a 11 millones de colombianos.
Hoy, casi cuatro años después, el balance es otro: más inseguridad, bajo crecimiento económico, empleo precario (estadísticas alimentadas de la informalidad y el subempleo) y una larga lista de escándalos que han erosionado la confianza ciudadana.
Por eso hago una pregunta sencilla a quienes piensan votar por Cepeda: si este gobierno ha sido tan exitoso, ¿por qué miles de colombianos están buscando una alternativa y respaldando a Abelardo?
La democracia se construye evaluando resultados, no promesas.
Ahora más que nunca, el voto es por el futuro de Colombia. 🫡🐯