Como jurista y Católico, tengo un especial interés en la cuestión sobre si la pena de muerte es jurídica, filosófica y socialmente aceptable. A este respecto, voy a exponer de manera extensa, y con la intención de ser todo lo preciso que me resulte posible, mi opinión al respecto.
La pena de muerte, lejos de ser una reliquia de épocas pretéritas o una expresión de barbarie jurídica, constituye —cuando se comprende desde la recta razón y la doctrina católica tradicional— una manifestación legítima del ius puniendi del Estado, ordenado al bien común y a la restauración del orden moral quebrantado por el delito. Su fundamento último no es la venganza, sino la justicia retributiva, principio sin el cual ninguna comunidad puede sostenerse.
La Sagrada Escritura ofrece el principio originario de esta potestad en el libro del Génesis (9,6): «Quien derrame sangre humana, por otro hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre». El texto expresa con claridad el carácter sagrado de la vida humana, cuya violación reclama una restitución proporcional. El hombre que asesina o comete delitos gravemente lesivos contra la dignidad humana destruye no solo una vida, sino el reflejo de la imagen divina, y por ello el orden moral exige una sanción que corresponda a la magnitud del daño causado.
En esta línea se pronunciaron los Padres de la Iglesia y, con particular profundidad, Santo Tomás de Aquino, quien en la Suma Teológica (II-II, q. 64, a. 2) sostiene que el poder civil, en tanto ministro de la justicia divina, puede legítimamente quitar la vida a los malhechores, del mismo modo que el médico extirpa un miembro gangrenado para salvar el cuerpo entero. Esta metáfora expresa con nitidez la concepción tomista del castigo: la pena capital, aplicada con prudencia y justicia, no destruye la dignidad del culpable, sino que protege la del conjunto social.
Desde la filosofía del Derecho, el Estado posee el derecho natural de defensa del orden y de los inocentes, y ese derecho incluye el poder de sancionar con la muerte cuando el delito atenta radicalmente contra el fundamento mismo de la convivencia humana. Tal potestad, conocida desde la Antigüedad como ius gladii, no es una prerrogativa arbitraria, sino una exigencia de la justicia distributiva: a cada cual lo suyo, y al malhechor el castigo proporcionado a su culpa.
La tradición católica, recogida en el Catecismo Romano del Concilio de Trento, reconoció expresamente este principio al afirmar que la autoridad pública no peca cuando, obedeciendo a las leyes, aplica la pena capital, pues actúa como ministro de Dios para la recta ejecución de la justicia. En este sentido, la Iglesia no ha considerado jamás intrínsecamente ilícita la pena de muerte, sino sujeta a las condiciones de prudencia, proporcionalidad y certeza en la culpabilidad del reo. Las modificaciones recientes del Catecismo, que desaconsejan su uso en las circunstancias contemporáneas, carecen de carácter dogmático e infalible, y no derogan la verdad perenne sostenida durante siglos por los doctores y teólogos: que la pena de muerte puede ser moralmente legítima y necesaria.
Bajo este prisma, existen determinados delitos cuya gravedad desborda toda medida de malicia y cuyo efecto corrosivo sobre el orden moral y social es tal que la pena capital se presenta como sanción justa y proporcional. Entre ellos se hallan el asesinato con premeditación y ensañamiento, el terrorismo, la traición en tiempo de guerra, los crímenes de lesa humanidad, y también, sin lugar a duda, el delito de violación.
La violación constituye una violación radical de la dignidad de la persona, un atentado directo contra la integridad física y espiritual del ser humano, y una destrucción de su libertad interior. No es un delito meramente contra la libertad sexual, sino un crimen que, en su esencia, cosifica al otro y profana su condición de hijo de Dios. (Sigo abajo)
el día que les entre en la cabeza que la pena de muerte para un violador lo único que consigue es desproteger más a la víctima habremos avanzado un poquito más como sociedad
Vivimos tiempos extremadamente oscuros, en los que no son pocos quienes llegan a contemplar quitarse la vida como única salida. Una sociedad que ha reducido al hombre a materia, consumo, placer y éxito termina siendo incapaz de responder a las preguntas más profundas de su alma.
«𝘐𝘮𝘱𝘰𝘴𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘦 𝘦𝘴𝘵 𝘣𝘦𝘢𝘵𝘪𝘵𝘶𝘥𝘪𝘯𝘦𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘪𝘯𝘪𝘴 𝘦𝘴𝘴𝘦 𝘪𝘯 𝘢𝘭𝘪𝘲𝘶𝘰 𝘣𝘰𝘯𝘰 𝘤𝘳𝘦𝘢𝘵𝘰» —«es imposible que la felicidad del hombre consista en algún bien creado»— diría santo Tomás (S. Th., I-II, q. 2, a. 8).
El hombre puede poseer dinero, comodidades, reconocimiento y todos los bienes que el mundo ofrece, y seguir sintiendo un vacío radical. Porque su inteligencia busca la Verdad y su voluntad desea un Bien que ningún objeto finito puede colmar.
Una civilización que ha expulsado a Dios y enseñado al hombre que fuera de lo material no existe nada, lo condena a buscar en las criaturas aquello que sólo puede encontrar plenamente en el Creador.
El alma humana tiene sed de eternidad. Y el mundo, por mucho que prometa, jamás podrá saciarla.
Vivimos tiempos extremadamente oscuros, en los que no son pocos quienes llegan a contemplar quitarse la vida como única salida. Una sociedad que ha reducido al hombre a materia, consumo, placer y éxito termina siendo incapaz de responder a las preguntas más profundas de su alma.
«𝘐𝘮𝘱𝘰𝘴𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘦 𝘦𝘴𝘵 𝘣𝘦𝘢𝘵𝘪𝘵𝘶𝘥𝘪𝘯𝘦𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘪𝘯𝘪𝘴 𝘦𝘴𝘴𝘦 𝘪𝘯 𝘢𝘭𝘪𝘲𝘶𝘰 𝘣𝘰𝘯𝘰 𝘤𝘳𝘦𝘢𝘵𝘰» —«es imposible que la felicidad del hombre consista en algún bien creado»— diría santo Tomás (S. Th., I-II, q. 2, a. 8).
El hombre puede poseer dinero, comodidades, reconocimiento y todos los bienes que el mundo ofrece, y seguir sintiendo un vacío radical. Porque su inteligencia busca la Verdad y su voluntad desea un Bien que ningún objeto finito puede colmar.
Una civilización que ha expulsado a Dios y enseñado al hombre que fuera de lo material no existe nada, lo condena a buscar en las criaturas aquello que sólo puede encontrar plenamente en el Creador.
El alma humana tiene sed de eternidad. Y el mundo, por mucho que prometa, jamás podrá saciarla.
Tesh Sidi, candidata del Frente Amplio por Madrid en las elecciones generales del 29 de noviembre, celebrando la muerte del Papa Franciscoel día que falleció.
“Los musulmanes celebramos la muerte jejejeje”.
“Cuando podemos pedir armas para jamassss”.
Esta es la misma diputada que en los últimos días ha salido noticias donde tres antiguos colaboradores relatan que presentaron denuncias internas ante los partidos Más Madrid y Movimiento Sumar por presunto acoso laboral.
Según las informaciones publicadas, le atribuyen menosprecios, órdenes contradictorias, mensajes fuera de horario y jornadas excesivas, y aseguran que responsables del partido habían recibido quejas previamente sin adoptar medidas disciplinarias.
@FanaticJONS Al final, la España con la que sueñan es la España de Franco. El problema es que las enfermedades mentales estaban catalogadas como tales en esos tiempos y eso no le gusta tanto. Pero por lo demás, son más franquistas que los falangistas.
🚨🇷🇸Belgrade, Serbia, at 1 AM. Students are celebrating their election victory.
Flags of Jesus Christ, Archangel Michael and Orthodox Christianity are waving everywhere.
Not a single EU flag in sight.
Hay ocasiones en las que defender el bien exige actuar con fuerza. La pasividad ante una injusticia grave no siempre es prudencia; a veces es simplemente abandonar al inocente.
«𝘚𝘪 𝘷𝘦𝘳𝘰 𝘮𝘰𝘥𝘦𝘳𝘢𝘵𝘦 𝘷𝘪𝘰𝘭𝘦𝘯𝘵𝘪𝘢𝘮 𝘳𝘦𝘱𝘦𝘭𝘭𝘢𝘵, 𝘦𝘳𝘪𝘵 𝘭𝘪𝘤𝘪𝘵𝘢 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘪𝘰» (S. Th., II-II, q. 64, a. 7).
Si se rechaza moderadamente la violencia, la defensa será lícita.
La fuerza, por tanto, no es mala por sí misma. Puede ser legítima cuando sirve para contener una agresión, proteger a quien sufre injustamente y preservar el bien común. Lo decisivo es que permanezca sometida a la justicia, a la proporcionalidad y a una intención recta.
El cristiano está llamado a ser manso, no indiferente ante el mal.
Hay ocasiones en las que defender el bien exige actuar con fuerza. La pasividad ante una injusticia grave no siempre es prudencia; a veces es simplemente abandonar al inocente.
«𝘚𝘪 𝘷𝘦𝘳𝘰 𝘮𝘰𝘥𝘦𝘳𝘢𝘵𝘦 𝘷𝘪𝘰𝘭𝘦𝘯𝘵𝘪𝘢𝘮 𝘳𝘦𝘱𝘦𝘭𝘭𝘢𝘵, 𝘦𝘳𝘪𝘵 𝘭𝘪𝘤𝘪𝘵𝘢 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘯𝘴𝘪𝘰» (S. Th., II-II, q. 64, a. 7).
Si se rechaza moderadamente la violencia, la defensa será lícita.
La fuerza, por tanto, no es mala por sí misma. Puede ser legítima cuando sirve para contener una agresión, proteger a quien sufre injustamente y preservar el bien común. Lo decisivo es que permanezca sometida a la justicia, a la proporcionalidad y a una intención recta.
El cristiano está llamado a ser manso, no indiferente ante el mal.
Ojalá retrocediéramos a la época más brillante de la humanidad: la Edad Media. Sin embargo, los que vivís obsesionados con llamar a todo como una época que no habéis vivido sois vosotros. Qué curioso.
¿Sabes qué es Insoportable? Que impongáis vuestros discursos modernistas a la gente. Pero supongo que eso no te parece acoso ¿Verdad?
@Sergio2AL8 No entiendo de dónde extrae esa conclusión. Corea del Norte me parece un régimen nefasto, como me también me lo parece China y cualquier régimen anticristiano.
España no puede seguir siendo un monigote en manos de potencias extranjeras. Los políticos del régimen del 78 han vendido nuestro país a intereses extranjeros. Todos los partidos políticos de España están financiados por Israel.
España debe perseguir activamente su soberanía. Nuestro proyecto político y nacional no puede consistir en ser marionetas de Israel, una colonia de Estados Unidos o un proyecto de la masonería. España no puede seguir subordinando su destino a los intereses de otras naciones.
Debemos recuperar nuestra soberanía, desvincularnos de toda organización, alianza o relación que implique ceder parte de ella o poner nuestros recursos al servicio de otras naciones, máxime cuando se trata de los lobbies anglosionistas. España debe rearmarse militarmente, desarrollar su propia capacidad nuclear y recuperar, de una vez por todas, su independencia política, económica y estratégica. En definitiva, debe volver a ser una nación soberana y un país verdaderamente funcional.
Han conseguido que buena parte de los españoles viva completamente ajena a la realidad geopolítica. No son capaces de comprender lo que sucede a su alrededor ni las consecuencias que tiene para el futuro de nuestra patria. Viven pendientes de Instagram, de comprarse ropa y de pagarse viajecitos, mientras ignoran que existen cuestiones infinitamente más importantes que afectan directamente al destino de España y de las generaciones venideras.
Por eso es imprescindible que los patriotas de bien sepamos unirnos, dejar a un lado nuestras diferencias secundarias y denunciar activamente lo que representa el régimen del 78: un régimen masónico y diabólico que debe ser superado para que España recupere su soberanía, su independencia y el rumbo que jamás debió perder.
Y ese renacimiento de la soberanía nacional solo empezará cuando aceptemos la soberanía de Cristo sobre todas las naciones. Solo a través de Él encontrará España la unidad que nos han arrebatado.
@patergongora Para mí son todos el mismo. Cuando hablo de anglosionismo, hablo del eje anglosajón y del sionista por otro, sea ruso, chino o de dónde sea.
Entiendo su distinción páter, pero yo no estoy excluyendo —o no lo pretendo— a ninguno de los enemigos de España.
Estás realizando una gran labor. Son muchas las personas con las que he hablado de Dios y que han accedido a venir a Misa, pero no todas han seguido asistiendo después. Y eso no significa que hayamos fracasado. Solo Dios sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y Él tiene sus propios tiempos. No estés triste; Dios sabrá poner cada cosa en su lugar. Que Dios te bendiga por esa hermosa labor de evangelización.
Lo que necesitamos son listas de todos los candidatos puestos por ACOM en listas de partidos políticos que en teoría deberían servir a los españoles, no a la entidad israelita.