La marroquí tiene un bebé de 11 meses y está preñada de otro.
Sin padre ninguno de los dos. Ha cruzado a Ceuta para que los españoles la mantengamos cuando ha sido tan lista de tener dos hijos sin padre que no puede mantener.
Largo a su país.
Hoy es uno de los días más negros de la Historia reciente del Real Madrid:
- Renuevas 6 años al mayor imbécil que ha vestido la camiseta blanca con unos términos que ni a Cristiano se le dieron viniendo de dos temporadas con peores números que Jeremy Pino.
- Pagas 140M€ por una incertidumbre total que ni siquiera ha jugado Champions League y que hace dos temporadas llegó al Leganés por 8M€.
- Dejas escapar al fichaje más importante del verano y encima se va al equipo que te va a competir y seguramente a arrollar en la Liga.
Sólo tenéis que ver los que están celebrando este día negro para daros cuenta del desastre a corto y medio plazo que nos espera.
Luis de la Fuente.
Ferran Torres.
Rodri.
Todos hablan de su fe católica abiertamente. Y lo hacen de la misma forma: como un bálsamo que te consuela en las malas y un elixir que te potencia en las buenas.
España católica es imparable.
No me digan que no es curioso: 19 jugadores de Marruecos nacidos en el extranjero son automáticamente marroquíes por ius sanguinis. En cambio, los 23 jugadores de Francia nacidos en Francia son franceses por ius soli. El presidente de la Federación Marroquí puede decir que Lamine Yamal "no es español" mientras convoca a Díaz. El expresidente de Senegal puede afirmar que Francia es un equipo africano. Pero cuando Rajoy dice lo suyo… escándalo mundial.
🇫🇷🇲🇦 | Francia establece toque de queda para menores de 16 años y se blinda en previsión de una nueva noche de disturbios multiculturales provocados por la población marroquí tras el partido contra la selección gala.
• Morante nunca más volverá a ser Morante •
No ha hecho falta que se le (mal) cruzara una prendita como fue ese 4º de Matilla que le mandó para dentro con una grave cornada en el recto, para confirmar sin temor a equivocarme que Morante nunca más volverá a ser Morante. Pero esto no es flor de un día.
Un torero de culto, viviendo y sufriendo durante años su trastorno mental disociativo, además de su mal bajío en los sorteos -o el que tenía en su sentido del tacto la mano del Lili cada mañana que la metía en el sombrero-, que pasaba por las ferias despachando momentos artísticos y petardos de autor casi a partes iguales. "A Morante hay que entenderle. Y, una vez que se le entiende, empieza uno a quererle", o cómo sonaba el mantra de un amigo morantista al término de cada decepción.
Pero todo tiene un principio o así lo he deducido yo. Y llegó 2019. Sevilla, en el 10 de mayo de un Abril tardío. Un vecino del Arenal, del barrio que abraza la Maestranza, le intentaba mover la silla por el palo de la sevillanía, por la rama autóctona del clasicismo que sólo poseen los toreros de esa ciudad, aunque no todos. Aguado tenía la Puerta del Príncipe en su mano con las dos orejas de aquel 3º, 'Cafetero' de Jandilla, tras el torrente de naturalidad y buen gusto que le anunciaba como el nuevo ídolo de Sevilla, además de confirmar que no todo el futuro empezaba y terminaba en Roca Rey.
Y Morante, con el orgullo en carne viva, salió a morderle el cuello al 4º, a apretarse con él con más voluntad que lo que el jandilla podía darle. Y de ahí la oreja a ese orgullo herido, que seguía sangrando al volver a explotar Sevilla con el capote de Pablo al 6º, cuando el de La Puebla respondió con las vendas de las heridas deshilachadas y el capote a la espalda, tocándole las orejas con el Galleo del Bú a ese toro al que Aguado también terminaría desorejando.
Llegó la pandemia y a Morante le dio mucho tiempo para pensar, pero sobre todo para estudiar el toreo, su toreo y el tiempo. Nadar entre las fotos, los libros y los vídeos de los viejos toreros le alimentó el alma, le dio vida y le confirmó, por si quedaba alguna duda, que lo clásico era el camino a seguir.
En medio de la vuelta a la normalidad taurina, encabezó esa parada de toreros junto a Ponce que tiraron del carro en 2021. Cuando anunció que se iba a encerrar en el Puerto con 6 veraguas de don Tomás Prieto de la Cal evocando a Gallito, se atrevió a decir en las líneas de El Mundo que estaba cansado de juampedros y garcigrandes, que le aburría el toro bueno. Algo, a la vista está, que se le pasó rapidito.
Pero José Antonio siguió su curso en su particular reinvención personal y artística, anunciándose en más sitios durante esa temporada con encastes de los llamados minoritarios, incluida la corrida de Miura de esa Feria de Abril, pospuesta por las restricciones sanitarias para las fechas de San Miguel.
De ese año en adelante, Morante no ha tenido rival: Ortega, después del descubrimiento de Madrid, emergía tras una corrida televisada en Linares pero jamás ha sido rival. La irrupción de Aguado no llegó a más. Ponce y El Juli se iban, Talavante volvía más irreconocible que un secuestrado al salir del zulo, mientras Manzanares y Castella mantenían, Matilla mediante, el estatus inmerecido de lo que un día fueron.
2022, el año de las 100 corridas. No las necesitaba, pero Morante, desde ese 10 de abril de 2019, ya había cogido cita con la historia para ponerla del revés; Morante ya decía sin decirlo que nunca más volvería a ser Morante. Al que hasta ese 2019 conocíamos, claro.
Y todo para convertirse en el torero más perfecto de los imperfectos -Sánchez Avilés dixit-, igual o más genial, pero con una regularidad que asusta. Incluso ante toros que antes oían los cascabeles de las mulas en el primer muletazo, los mismos a los que ahora intenta mostrar por todos lados.
Por eso, Morante nunca más volverá a ser Morante.
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Hace dos semanas, nuestra clase política y mediática convirtió en noticia nacional que jóvenes cantaron “musulmán el que no vote”.
Hoy, cánticos a favor de ETA por parte de la afición de la Real y silencio atronador.
No es el qué, es el quién.