Mi mente doblegada por el corazón,
me invita a dormir,
mientras una mariposa sale de mi estómago,
y se posa en mi diario,
leyendo lo que todavía no he escrito,
aleteando sus alas,
creando una leve brisa que acaricia mis rizos,
y comienzo a soñar.
Otros
prefirieron encerrarse entre cuatro paredes sin principio ni fin.
Pero todos nosotros -a cierta hora- recorremos
la callejuela de nuestro pasado
de donde
volvemos
con los cabellos tintos de sangre.
Roberto Sosa
te he arrimado a mi locura, me he desquiciado en poseerte.
Ya las voces no me preguntan dónde hallarte, cuál tu nombre.
Ellas conocen mi tormento, tu dorso erecto y sordo silencio.
Caneo Arguinzones
Hay tierra
que nunca se suelta de tus manos,
lluvia que nunca cesa
en tus huesos. Palabras gastadas que se desprenden
de nosotros porque sólo pueden
caerse.
Anne Michaels
Muchachas que algún día leáis emocionadas
estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano.
Ernesto Cardenal