Todos queremos ayudar pero en momentos como este, la solidaridad también exige responsabilidad. Lo más útil es canalizar las donaciones a través de organizaciones serias, con experiencia y capacidad para distribuir la ayuda donde realmente se necesita. Donar a personas o influencers, o intentar movilizar ayuda por cuenta propia, solo aumenta el riesgo de desorden, duplicidades y falta de transparencia.
La prioridad es que cada aporte llegue de forma eficiente a quienes más lo necesitan.
No es porque lo diga Delcy, un momento.
A las 4:53 pm 26/06 equipos y personal de rescate de más de 10 países van rumbo a La Guaira y a Tucacas, esto amerita que las autopistas estén despejadas.
El problema que como siempre mienten, cuando dicen la verdad no saben decirla y nadie les cree.
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Algo que me parece cierto es que la riqueza que se construye rápido casi siempre es frágil, y la que se construye despacio casi siempre dura más. Y ojo, que esto va mucho más allá del dinero. Aplica a la reputación, a las relaciones, a casi todo lo que vale la pena. Lo que se arma rápido suele depender de algo que no controlamos, y lo que no controlamos se puede ir igual de rápido que como llegó. La construcción lenta es aburrida de contar y no impresiona a nadie. Pero es la que queda cuando todo lo demás se cae.
En @RoraimaCapital siempre decimos:
"Si tienes un negocio y tu departamento de mercadeo se limita a publicidad y redes sociales, estás dejando fácilmente más del 80% de su verdadero potencial sobre la mesa."
Esto pasa porque muchas empresas siguen entendiendo el mercadeo como una función accesoria, cuando en realidad debería estar mucho más cerca del origen de la estrategia.
Porque el mercadeo bien entendido no empieza en la ejecución, sino en la comprensión estructurada del mercado: segmentación, comportamiento del consumidor, tamaño de la oportunidad y dinámica competitiva. De ahí se desprende todo lo demás: qué producto tiene sentido desarrollar, a qué segmento apuntar, cómo posicionarte y qué propuesta de valor construir. No es solo lo que se comunica, es lo que termina definiendo las decisiones de fondo del negocio.
En la práctica, el orden debería ser otro: en lugar de usar el mercadeo para empujar lo que ya decidimos vender, pasa a ser el mecanismo que ayuda a validar product-market fit y, desde el inicio, a definir qué vale la pena construir.
Imagínate que quieres emprender en Venezuela y decides hacerlo todo por la vía correcta:
Registras la empresa, pagas impuestos, llevas contabilidad limpia, cumples con cada requisito. En teoría, eso debería darte estabilidad. En la práctica, te vuelves más visible, más expuesto y más dependiente de un sistema que no es consistente.
Mientras tanto, otro negocio hace lo mínimo necesario para operar, se mantiene por debajo del radar, ajusta sobre la marcha y se protege mejor. No porque sea más capaz, sino porque "entendió mejor" el juego. Y muchas veces termina teniendo más margen, más flexibilidad y menos riesgo.
Ese contraste dice más del sistema que de la gente. Cuando hacer las cosas bien te pone en desventaja, el problema no es cultural ni moral. Es de incentivos. Y los incentivos los define el marco institucional, no la voluntad individual.
Después nos preguntamos por qué cuesta construir empresas sólidas, por qué todo se siente frágil, por qué hay poco largo plazo. Pero es bastante lógico. Si el sistema castiga la formalidad y premia la opacidad, lo que se desarrolla no es tejido empresarial. Es adaptación.
Por eso a mí me cuesta comprar el discurso de “hay que apoyar al emprendedor”. Si el entorno sigue torcido, ese apoyo es superficial. El punto es otro: dejar de penalizar al que intenta hacer las cosas bien desde el primer día.
Porque mientras eso no cambie, vamos a seguir teniendo más gente "aprendiendo a sobrevivir" dentro del sistema que gente construyendo algo que funcione fuera de él.
Y eso, por definición, no escala.
No debería sorprender. Cuando un modelo te enseña que la rentabilidad depende más de la cercanía al poder que de la productividad, cualquier cambio se percibe como riesgo. El rentismo no teme a la ideología, teme perder privilegios. El reto es crear una nueva clase de empresario.
No soy el mejor fotógrafo pero si tengo la certeza de que es el lugar más hermoso para jugar pádel en toda Venezuela… para info llamen al +58 424-9673001
Me preocupa una tendencia que veo cada vez más frecuentemente en las empresas venezolanas. Una de las frases más peligrosas que escucho en mis consultorías es: "Tengo buenos márgenes, pero no tengo efectivo".
Esta contradicción, que encuentro una y otra vez, resume una de las paradojas más peligrosas del empresariado venezolano: negocios aparentemente rentables que mueren por falta de liquidez. Y cuando digo 'mueren', no exagero. Semana a semana estoy viendo decenas de empresas en riesgo de cierre por problemas constantes de flujo de caja.
Y no es casualidad. En un mercado donde las distorsiones monetarias devoran el valor de la moneda, los proveedores exigen pagos anticipados, los clientes piden cada vez más crédito y las presiones tributarias erosionan los márgenes, tu capacidad de gestionar el flujo de caja puede ser la diferencia entre sobrevivir y desaparecer. De hecho, en nuestras últimas 10 consultorías, más del 70% de las empresas que analizamos tenían problemas serios de liquidez, independientemente de su rentabilidad.
¿Por qué es crítico el manejo del flujo de caja en Venezuela?
1) Ciclos de cobro extendidos: Mientras tus clientes piden cada vez más plazo para pagar, argumentando sus propias restricciones de liquidez, tus proveedores endurecen sus políticas exigiendo pagos inmediatos o anticipados. Esta tensión crea un desbalance peligroso en tu ciclo operativo.
2) Volatilidad monetaria: La devaluación constante hace que el capital en líquido que retienes pierda valor cada día, a veces de manera dramática en cuestión de semanas. Necesitas convertirlo en activos productivos rápidamente o desarrollar estrategias de protección de valor que te permitan mantener tu capital de trabajo.
3) Acceso limitado a financiamiento: Con un sistema financiero restrictivo y pocas opciones de crédito formal, tu capital de trabajo debe ser autogenerado y bien administrado. No hay margen para errores cuando eres tu propio banco.
4) Costos crecientes: Los incrementos súbitos en costos operativos pueden drenar tu liquidez si no estás preparado. En Venezuela, estos aumentos son frecuentes y raramente predecibles, lo que hace crucial mantener reservas operativas sanas. Y no hablo solo de los aumentos esperados: he visto negocios sólidos tambalearse por no anticipar el impacto en su flujo de caja de nuevas regulaciones, incrementos tributarios sorpresivos o ajustes inesperados en servicios críticos para la operación.
5) Oportunidades de mercado: Sin flujo de caja sano, no podrás aprovechar oportunidades que requieren acción rápida, desde descuentos por volumen hasta compras estratégicas. En nuestro mercado, la capacidad de reacción rápida puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse.
¿Cómo construir un negocio con flujo de caja saludable?
1) Entiende tu ciclo de efectivo: Tu negocio no es solo comprar y vender. Es un sistema donde el tiempo entre pagar y cobrar es crucial. Analiza cuánto tiempo pasa entre que inviertes un dólar y lo recuperas. En Venezuela, he visto negocios quebrar porque ignoraban que su ciclo de efectivo era negativo: pagaban a 0 días pero cobraban a 30, creando un hueco de liquidez que crecía con cada venta.
2) Gestiona tus cobranzas agresivamente: El mejor margen no sirve si no cobras a tiempo. Implementa políticas claras de crédito y cobranza. Establece sistemas de seguimiento diario. Incentiva los pagos anticipados o de contado. Recuerda: en Venezuela, una cuenta por cobrar que se atrasa es un activo que se erosiona por la inflación y devaluación.
3) Optimiza tus pagos estratégicamente: Desarrolla relaciones sólidas con proveedores clave. Negocia condiciones que se alineen con tu ciclo de efectivo. No todos los proveedores merecen las mismas condiciones. Prioriza. A veces, pagar más rápido a un proveedor crítico puede asegurarte mejores precios o disponibilidad.
4) Mantén reservas inteligentes: En Venezuela, no tener reservas es tan peligroso como tener demasiadas. Encuentra el balance. Desarrolla un colchón de seguridad pero no acumules efectivo que se devalúa. Considera diversificar tus reservas en diferentes instrumentos o activos.
5) Planifica con escenarios: El flujo de caja no es estático. Desarrolla proyecciones con diferentes escenarios. ¿Qué pasa si las ventas caen 20%? ¿Si los costos suben 30%? ¿Si los clientes se atrasan en pagos? Prepárate para lo inesperado.
6) Alinea tu operación: Tu estrategia de flujo de caja debe reflejarse en toda la operación. Capacita a tu equipo de ventas sobre la importancia de los términos de pago. Establece incentivos que premien la calidad de la venta, no solo el volumen.
Para aterrizar algunas de estas ideas, hablemos de un caso real:
Hace poco trabajé con una distribuidora de alimentos y productos de consumo masivo que facturaba en promedio unos $120,000 mensuales con márgenes operativos que se encontraban alrededor del 18%. Aunque el volumen de ventas era significativo, enfrentaban crisis constantes de liquidez que los obligaba a retrasar pagos a proveedores y perder oportunidades de compra.
El dueño estaba frustrado: el negocio crecía en ventas pero cada vez tenían menos capacidad de operación. Al analizar su operación, encontramos problemas serios que se habían estado acumulando:
1) El 70% de sus ventas a comercios minoristas eran a crédito de 15 días, pero en la práctica cobraban entre 25-30 días. Esto significaba que tenían constantemente más de $85,000 atrapados en cuentas por cobrar vencidas, un capital susceptible a pérdidas por las distorsiones monetarias del mercado.
2) Sus principales proveedores, que representaban el 80% de sus compras, exigían pagos anticipados o contra entrega, eliminando cualquier flexibilidad en el ciclo de pagos. Esta situación se agravaba porque no tenían proveedores alternativos desarrollados, lo que los dejaba sin poder de negociación.
3) Mantenían un inventario mal distribuido: más de $65,000 en productos de baja rotación ocupando espacio valioso, mientras constantemente tenían faltantes en productos de alta demanda. Las pérdidas por vencimientos superaban los $4,500 mensuales por mal manejo de fechas y rotación.
4) No tenían sistema de proyección de flujo de caja ni reservas operativas, operando prácticamente día a día. Esto no solo los hacía vulnerables a las fluctuaciones del mercado sino que les impedía aprovechar oportunidades de compra que requerían capital inmediato.
Luego del diagnóstico, implementamos algunos cambios:
1) Reestructuramos la política comercial: descuentos por pronto pago, requisitos más estrictos para crédito, mejor seguimiento de cobranza.
2) Optimizamos el inventario: redujimos referencias de baja rotación, implementamos mínimos y máximos por producto.
3) Diversificamos proveedores: desarrollamos alternativas que ofrecían mejores términos de pago.
4) Establecimos un sistema de proyección y control de flujo de caja semanal.
Los resultados en 3 meses fueron contundentes:
1) El ciclo de cobro se redujo de 45 a 25 días promedio.
2) Liberaron $45,000 en capital de trabajo al optimizar inventarios.
3) Las crisis de liquidez desaparecieron.
4) El negocio pudo empezar a acumular reservas operativas.
5) La rentabilidad mejoró al aprovechar descuentos por pronto pago.
Hoy, la empresa no solo es rentable sino sostenible. La realidad es esta: En Venezuela, un negocio con flujo de caja saludable sobrevivirá las crisis que quebrarán a los que solo se enfocan en rentabilidad.
Pregúntate:
1) ¿Conoces realmente tu ciclo de efectivo?
2) ¿Tienes sistemas efectivos de proyección y control de caja?
3) ¿Tu equipo entiende la importancia del flujo sobre la rentabilidad?
4) ¿Has establecido políticas claras de crédito y cobranza?
5) ¿Tienes un sistema de alerta temprana para problemas de liquidez?
La próxima vez que revises tu negocio, recuerda: La rentabilidad te hace sostenible, pero el flujo de caja te mantiene vivo. En un mercado tan volátil como el venezolano, tu capacidad de gestionar el flujo de caja no es solo una herramienta financiera: es tu mejor seguro de supervivencia y la base para crecer sólidamente.
Por supuesto, cada empresa es un mundo en sí mismo. Lo que funcionó en este caso particular puede no ser directamente aplicable a tu realidad. En nuestras consultorías he aprendido que no existen fórmulas mágicas ni recetas únicas que funcionen para todos por igual.
Sin embargo, el mensaje central es claro: en el entorno venezolano actual, una gestión profesional y estratégica del flujo de caja no es opcional, es la diferencia entre construir un negocio sostenible o vivir en crisis perpetua.