Al final, te decepcionen o no, te quedas con lo que tú haces. Tus valores, coherencia y cuidados no se borran y van contigo, aunque nada garantice que sea recíproco. Saber que tú no te fallaste a ti, ya es una victoria
Lo malo de tener demasiada empatía es que mientras nosotros podemos entenderles y ayudarles en sus luchas ajenas, muchas veces las demás personas son incapaces de entender las nuestras. Entonces te conviertes en ese apoyo con el que todos cuentan pero que nunca es apoyado.
Si intentas entender a todo el mundo y justificas lo que hacen por comprender de donde vienen no empatizas, te condenas. La empatía deja de serlo cuando dejas de tenerte en cuenta a ti