‘𝐄𝐥 𝐭𝐫𝐮𝐜𝐨 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥’. Dicen algunos que los buenos magos solo revelan sus secretos cuando ya no los necesitan. Luka Modrić lleva toda la vida guardando el suyo. Lo intuimos en Zagreb, lo vimos en Londres y lo confirmamos en Madrid.
El croata de Zadar pertenece a esa estirpe de futbolistas que no se miden en estadísticas sino en sensaciones. Nacido en las cenizas de una guerra y criado entre ruinas, aprendió a jugar en una gasolinera antes de saber leer el mundo. Y eso se nota. Cada toque suyo tiene algo de superviviente.
Su fútbol es otro idioma. Uno en peligro de extinción. Seda bañada en pura competitividad balcánica. Mientras el juego moderno habla a gritos —velocidad, potencia, verticalidad—, Modrić susurra. Y sin embargo se le escucha más. El control orientado que abre espacios donde no los hay. El pase de exterior que cambia el eje del planeta. El regate corto, casi ofensivo en su elegancia, con el que quiebra rivales que le doblan en músculo. Todo en él es intención pura: no hay un toque de más, ni un segundo de menos.
Seis Champions League y un Balón de Oro que rompió doce años de la bicefalia Messi-Ronaldo. Croacia, finalista en 2018 y tercera en 2022, se abraza en 2026 a un prestidigitador que sabe que no hay dos sin tres. Ahora, con casi 41 años se presenta no como reliquia. Como protagonista.
Modrić nunca necesitó velocidad. Necesitaba tiempo, y el tiempo —el único lujo que el fútbol le niega a todos— se lo fabrica él solo. Dos pasos antes que nadie, dos ideas por delante del rival. La Copa del Mundo sigue siendo el único trofeo que le falta. Y en ese vacío reside su última misión.
Croacia llega al torneo tapada, con él como cerebro y corazón. Alfa y omega. Nadie la pone entre las favoritas a pesar de lo acontecido en los dos últimos Mundiales. No aprendemos.
Luka ha decidido que todavía tiene algo que mostrar. Que la función no ha terminado hasta que él decida bajar el telón. El secreto de los grandes ilusionistas no es desaparecer entre aplausos, es convencerte, hasta el último momento, de que lo que estás viendo es real. El mago sempiterno llega a Norteamérica con la firme idea de mostrarle al mundo ‘el truco final’.
✍️ @Borja_Pardo
Para seguir un mundial o una Euro sigan a @Borja_Pardo y a @SpheraSports tb a @criscaparros merecen mucho la pena..
Lo merecen siempre pero en estos acontecimientos más aun!
‘𝐄𝐥 𝐮́𝐥𝐭𝐢𝐦𝐨 𝐝𝐫𝐚𝐠𝐨́𝐧’. Algunos delanteros marcan goles y otros marcan épocas. Edin Džeko hizo ambas cosas y sigue facturando a los 40 años, lo cual ya es una declaración filosófica sobre la naturaleza del talento en cuestión. Longevidad al servicio del gol y fuego abrasador en el área rival durante 20 años.
Nacido en Sarajevo en 1986, Džeko creció en una ciudad que había sobrevivido al mayor asedio de la historia moderna. Quizás por eso en él siempre hubo algo que no cedía: una verticalidad tanto moral como física -dos metros de delantero centro que nunca se conformó con ser un simple referente-. Džeko leía el juego como se lee una novela compleja: entendía los espacios antes de que existieran, combinaba con elegancia antes de golpear con brutalidad y acumulaba goles como un funcionario te suma días cotizados.
Lo descubrimos en aquel Wolfsburgo que maravilló al mundo y ganó la Bundesliga en 2009. Su tándem con Grafite (¿en qué estrella estará?) nos evoca un pasado glorioso. Después siguió en el Manchester City de Mancini, en la Roma de Di Francesco o en el Inter de Inzaghi. Clubs enormes. Títulos reales. Una carrera sin imposturas que lo llevó a Estambul (Fenerbahçe) y Florencia (Fiore). Su último tutorial de delantero clase supra lo dejó en Gelsenkirchen, ayudando al Schalke 04 a volver a esa Bundesliga que catapultó su carrera hace 17 años.
Su legado con Bosnia es otro capítulo aparte. Máximo goleador histórico de una selección que existe desde 1995, que jugó su primer Mundial en 2014, y que acaba de hacer lo impensable: eliminar a Italia en la repesca, hundir a la Azzurra por tercera vez consecutiva y clasificarse para el Campeonato del Mundo con Džeko como bandera y capitán. Lo que se espera de él en la gran cita no es un sprint. Es otra cosa. Es el peso simbólico de un hombre que representa a un pueblo, que carga con la historia de un país joven y que sabe, perfectamente, que este será su último vuelo en batalla.
Los ‘Zmajevi’ de Bosnia debutan el 12 de junio ante Canadá. Tienen a Suiza y Catar en el camino. Nada es fácil. Pero con Edin Džeko en el campo, tampoco nada es imposible. Los dragones no se retiran. Arden hasta el final. Fuego. 🔥 🐉🇧🇦
✍️ @Borja_Pardo
#dzeko #SpheraMundial
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Ayer estuve viendo el amistoso Alemania vs Finlandia y me enamoré de la equipación azul de Alemania. Me pregunto si @alejandrodiago comparte mi entusiasmo