Nunca he olvidado de dónde vengo.
Vengo de una madre trabajadora, una profesora que dedicó su vida a formar generaciones de personas en El Espinal. Con la ayuda de Dios sacó adelante a sus cuatro hijos, enfrentando muchas dificultades. Recuerdo cuando esperábamos el día de pago para poder cancelar la cuenta en la tienda, donde muchas veces nos fiaban porque sabían que mi mamá siempre cumplía.
Ella trabajó en una escuela pública y veía de cerca la realidad de muchos niños que llegaban sin haber almorzado o sin zapatos. Nunca fue indiferente; siempre buscaba la manera de ayudar, de gestionar algo para ellos. Esa sensibilidad por los demás fue una de las enseñanzas más grandes que me dejó.
Mi infancia no fue de lujos. Como cualquier niña, soñé con tener muchas cosas que nunca pude tener. Por eso aprendí desde muy joven que la única manera de salir adelante era estudiando y trabajando con honestidad.
Hoy muchas personas me juzgan por tener fotos en vestido de baño o por lo que ven en mis redes sociales, sin conocer realmente mi historia. Creen saber quién soy por una imagen, cuando la realidad es completamente diferente. Nunca me verán cada fin de semana en una discoteca o tomando licor. Y no lo digo para criticar o juzgar a quienes disfrutan de ese estilo de vida; simplemente ese nunca ha sido el mío. Siempre he preferido dedicar mi tiempo a mi familia, que es lo que más amo y valoro.
Recuerdo cuando tuve que irme de la casa de mi mamá porque me salió una oportunidad de trabajo en Medellín. Me fui completamente sola, dejando a mi familia con el corazón arrugado, pero con la ilusión de salir adelante. Trabajé como psicóloga realizando visitas domiciliarias y, en muchas ocasiones, debía pagar una moto para que me llevara hasta las comunas. Fueron días de mucho sacrificio, miedo y aprendizaje, pero nunca dudé porque sabía que estaba construyendo mi futuro con trabajo honesto.
Con la llegada del gobierno del presidente Gustavo Petro tuve la oportunidad de trabajar en el sector público. Estoy agradecida por las oportunidades laborales que recibí. Pero también puedo decir, con la tranquilidad de mi conciencia, que siempre hice las cosas correctamente. Soy incapaz de apropiarme de algo que no me pertenece; ni siquiera de cien pesos. Siempre he actuado con transparencia porque esos fueron los valores con los que me educaron.
Sin embargo, también recibí críticas, señalamientos y humillaciones. Hubo momentos en los que me hicieron sentir mal simplemente por estar trabajando, cuando toda mi vida me he preparado estudiando para ejercer mi profesión con dignidad.
El viernes decidí cerrar esa etapa por decisión propia. Terminé mis contratos porque entendí que mi salud mental es primero y porque no puedo trabajar para un gobierno que ya no comparto ni apoyaré. Ha sido un año muy difícil, lleno de situaciones que me han puesto a prueba. Además, debo cuidar mi salud, ya que tengo un diagnóstico que requiere tratamiento de por vida.
Quiero compartir esto porque muchas veces las personas creen que mi vida ha sido fácil o perfecta, y la realidad es muy distinta. Nada de lo que tengo ha llegado sin esfuerzo. Todo ha sido fruto del estudio, del trabajo, de los sacrificios y de la fe en Dios.
Y si hay algo de lo que me siento orgullosa es de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Muchas veces he tendido la mano a personas que lo necesitaban y, sinceramente, ni siquiera recuerdo a quiénes ayudé. Lo hice porque me nació hacerlo, no para cobrar favores, llevar listas o esperar reconocimiento. Esa es la diferencia entre ayudar por convicción y ayudar por interés.
Nunca olvido de dónde vengo. Precisamente por eso sé cómo vive la gente, entiendo las necesidades de quienes luchan todos los días y valoro cada oportunidad que la vida me ha dado. Mi historia no es una historia de privilegios; es una historia de esfuerzo, de principios, de sacrificios y de la convicción de que siempre vale la pena hacer las cosas bien.
En memoria de Yeison Jiménez y de lo que aquí me pedía. He escuchado su entrevista.
Tenía razón Yeison, la agricultura como fundamento de la reproducción de la vida, es el camino seguro, y su industrialización. Seguiré ese camino Yeison. QEPD