Paraguay no merece ni medio elogio. Una cosa es ser defensivo, meter pierna y competir con garra; otra muy distinta es ser marrullero, tramposo y jugar al límite de la agresión con la venia del árbitro.
Hoy tenían que acabar con 9, mínimo. Inexplicable que se fueran sin una amarilla. Y lo peor: ni perdiendo intentaron jugar fútbol.
Ayer Cabo Verde dio una lección de fútbol defensivo digno. Lo de Paraguay hoy fue basura competitiva, sostenida por el peor arbitraje de este Mundial.