🔴Panteón Rococó dedicó su presentación en Tiny Desk a las personas desaparecidas en México.
Uno de los momentos destacados fue la interpretación de “1993”, canción que Dr. Shenka dedicó a las personas desaparecidas en México y acompañó con un mensaje de memoria y esperanza.
“México resiste, fuerza, no violencia, va para ti. Para todos nuestros desaparecidos en México, te extraño, algún día nos encontraremos de nuevo”, expresó el cantante.
🇫🇷🇻🇦La cérémonie de la veillée du Pape au Stade de France est devenue virale dans le monde. La France a déployé ses saints et ses chevaliers dans une mise en scène puissante. C’est l’exact inverse de l’ouverture des Jeux Olympiques SATANIQUES de Macron
Que tiempos aquellos cuando teníamos un presidente y no una marioneta mariguana, eramos referencia mundial en turismo, educacion.
El 99% de los niños vacunados.
Y ahora, ahora una pandilla de nacos resentidos están dejando el país en ruinas.
"Hasta el próximo contacto, querido Honas"
🔴 Fanáticos del grupo Camilo Séptimo se reunieron en el Ángel de la Independencia para realizar un homenaje a Jonathan Meléndez, también conocido como "Honas", tecladista de la agrupación, que fue asesinado junto a su familia y una empleada del hogar el pasado 1 de septiembre.
#VIDEO: Arturo Ordaz Díaz
Le anunciaron a Édith Piaf que su tiempo había concluido. Entonces entonó «No me arrepiento de nada» y ofreció una interpretación que no solo se volvió legendaria, sino que quedó grabada en la memoria cultural para siempre.
En diciembre de 1960 estaba agotada, gravemente enferma y con la orden estricta de sus médicos de no volver a pisar un escenario.
El Olympia estaba al borde de la quiebra. Para la mayoría, su trayectoria artística ya era cosa del pasado.
Aun así, decidió presentarse.
Semanas antes, Charles Dumont y Michel Vaucaire le habían entregado una canción recién nacida: Non, je ne regrette rien.
La escuchó una sola vez y la hizo suya de inmediato: sin dulzura, sin adornos, solo una marcha feroz y una convicción moral que no admitía titubeos.
Su estilo escénico era célebre por su austeridad: permanecía erguida, inmóvil, con su vestido negro sin pretensiones, dejando que sus manos y su voz cargaran con todo el peso emocional. No interpretó la pieza. La habitó.
Aquella noche rescató un teatro y convirtió un ajuste de cuentas íntimo con la pérdida en una de las grandes proclamaciones de resistencia del siglo.
Frágil en el cuerpo, inagotable en el espíritu, sigue siendo una de las voces más emblemáticas que alumbró el siglo XX.
El Gorrión no voló lejos.
Simplemente se negó a descender.
Ante el cobarde asesinato de mi amigo Honas Meléndez, de su esposa embarazada, de su hija de tres años y de una joven de 21 años, quizá lo más cómodo sea decir: “fue un psicópata”.
Encerrar el horror dentro de una sola mente nos permite colocarnos a salvo, del lado de los normales. En el crimen también murió el perrijo de la familia y sobrevivió un niño de seis años, quien hoy despertó huérfano y tendrá por siempre el horror de haber presenciado cómo su familia fue ultimada.
El responsable es responsable por entero. Nada de lo que una sociedad tolere disminuye su culpa ni convierte el asesinato en inevitable.
Pero una persona no llega de un día para otro a mirar a una mujer embarazada, a una niña, a un hombre y a un animal como si fueran cosas que podían eliminarse por dinero o venganza.
Para llegar hasta ahí tuvo que desaparecer algo mucho antes: el reconocimiento de que la vida del otro es tan válida como la propia.
La inhumanización no sucedió anoche; lleva años formándose, alentada por una cultura inhumana en la que conviven nuestros hijos hoy.
El horror no comienza con un arma. Comienza cuando la crueldad se confunde con el carácter, cuando humillar da prestigio, cuando dominar parece poder, cuando el dolor ajeno se vuelve entretenimiento en redes sociales, y construimos canales de amarillismo que rápidamente se vuelven los más vistos, y la impunidad en la que vivimos enseña que destruir a otro no tiene consecuencias y que el gobierno está aliado con los malos.
Vemos el precipicio. Pero no vemos lo que nos condujo hasta el borde.
Nos conviene llamar “monstruo” a quien mata porque los monstruos parecen venir de otro mundo. Pero los asesinos nacen, crecen y aprenden entre nosotros. Una sociedad no aprieta el gatillo, pero puede ir quitándole peso moral a la vida ajena hasta que alguien llega a sentir que tiene derecho a quitarla.
Por eso, este crimen no solo exige un castigo. Exige un espejo.
Que haya justicia para Honas, para su familia y para todas las víctimas. Pero que el culpable no se convierta en nuestra coartada para hacernos sentir inocentes.
Solo pienso en el terror de morir presenciando cómo ultiman a tu esposa embarazada y a tu hija, y en la angustia de que no encuentren a tu hijo. Nadie merece morir así.
Eso me hiela el corazón solo de pensarlo. Porque si esto le pasó a Honas, en este país, nos puede pasar a cualquiera que viva aquí.
La pregunta no es únicamente quién pudo hacer algo así.
La pregunta verdaderamente incómoda es:
¿Qué formas de violencia e inhumanización estamos normalizando hoy sólo porque todavía no producen cadáveres?
Lloro la terrible tragedia no solo la de Honas, sino también la de su familia, de sus padres, de sus hermanos de CVII, de sus amigos, de sus fans. Y de todos los que alguna vez conocimos el buen corazón que él tenía.
Y, como muchos, también me pregunto:
¿Cómo permite Dios este tipo de atrocidades?
Pero la pregunta que más me indigna es: ¿cómo permite México que esto pase?
Pero tenemos soberanía… 🙄🇲🇽
Anoche asesinaron al músico Jonathan Samuel Meléndez, fundador de la banda de rock mexicano Camilo Séptimo. También fueron asesinadas su esposa embarazada, su hija de apenas 3 años y una trabajadora de limpieza, en Atizapán.
Una barbarie por donde se le vea. Una familia prácticamente exterminada.
Pero la Presidenta parece más preocupada por lo que publica La Derecha Diario y la “injerencia” extranjera en redes sociales