La certeza de que no voy a morir aún,
la dicha que repentinamente me ató a la existencia,
el placer que un buen día me fue regresado,
el gozo que empezó a hermanarse con mi carne.
Todo se hace materia viva en el ruido de mi casa jincha de gente amada.
Hay una mirada muy particular que me dirigen los amigos varones de mi hermano cuando me conocen, que me resulta terriblemente graciosa. Una mirada transparente e incómoda que se pregunta: si me parece atractiva esta vieja, que es igual a mi amigo, ahora me gusta mi amigo?
Si pienso que fui hecha
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?
Hoy dejo el trabajo más amado que he tenido. El trabajo que me hizo mirar con ojos orgullosas a la adolescente que fui para decirle que le estoy cumpliendo sus sueños.
Irse tiene también cierta belleza, porque me voy pa seguirle cumpliendo a esa pelada.
En estos días le dije a Felipe que me dolía pensar en que mi abuela no había vivido para verme ahora, en este momento en el que más me parezco a ella.
Anoche soñé que la vieja iba a verme a un recital de poesía. No era mi abuela, claro, pero qué consuelo el de la imaginación.
Judíos ortodoxos protestando en EEUU contra el gen*cidio de Isr*el en Gaza. Imágenes que no suelen llegar a los titulares.
Ser antisionista NO te hace antisemita.