Recortar el 40% del estado es acabar con centenares de miles de profesores y profesoras, de decenas de miles de enfermeras y médicas y médicos y de decenas de miles de soldados y policías, echar a la calle madres comunitarias que yo volví funcionarias públicas. Más ignorancia en la sociedad y enfermedad, más niños en las calles, más campesinos sin tierra desplazados.
Pasarían los nuevos desempleados a vender en las calles compitiendo por el mercado pequeño de las vendedores de tintos y empanadas y chucherías y de los taxistas y camioneros, llegarían los calificados por su estudio a competir por los puestos de los descalificados y habría una reducción general de salarios por el incremento del ejército industrial de reserva desempleado.
Ahora sí se llenaría la parte baja del metro elevado de Bogotá de indigencia como en Medellín y ni hablemos de los índices de inseguridad urbana que este gobierno ha disminuido, pero que no les cuentan, en hurto a personas, hurto a residencias y comercios, lesiones personales y hasta volvería a crecer el feminicidio que nosotros hemos desplomado, secuestros que han caído, y ni hablar de las tasa de mortalidad infantil y materna de la que me siento orgulloso de haber desplomado también. Saltaría la mortalidad hacia arriba.
Habría un gran desfinanciamiento de la salud y las pensiones por el aumento del desempleo que yo bajé al menor del siglo y la reducción abrupta de la demanda interna traería ruina al campesinado y a los pequeños y medianos empresarios, el capitalismo nacional entraría en recesión pero con el fracking depredador volverían las orgías de robos a Ecopetrol y a las regalías, pero solo por tres años más. Nos quedaríamos sin agua para las grandes ciudades y avanzaría el desierto y el hambre, y, después, ruina total.
Pensé que la política consistía en entregar esperanza, pero aquí ofrecen la desesperanza real y la destrucción de la Patria.
La firmeza será en el apoyo a los misiles de los EEUU e Israel y el fin del derecho internacional, y pasaríamos de nuevo a la erradicación forzada, pero sí se sentirían contentos abriendo la exploración petrolera y del gas en los páramos y las selvas y en la gran selva amazónica que es el pulmón de la humanidad.
Para qué acueductos si nos quedaríamos sin agua.
Que gran cambio el que se propone del país de la belleza al país de la muerte.
Como mujer fifas, me da mucha cagada con Antonella porque se nota que le gusta el fútbol. Ya la abuchearon en un estadio, la ignoró el capitán de SU selección y ni tiene 20 años aún. Uno ser fan y recibir ese golpe de realidad es para dejar de prender el televisor.
Señor @jrestrp cuéntele la verdad a Colombia. Que fue hasta el segundo semestre de 2021 y gracias al estallido de la juventud de Colombia que ustedes adoptaron la gratuidad, de manera parcial y con restricciones.
La gratuidad en la matrícula no es un logro suyo. Fue gracias a la juventud de Colombia y a un movimiento estudiantil que, a pesar de que ustedes los persiguieron, violentaron y mataron, llenaron las calles y siguieron avanzando por el derecho que nunca se les debió negar.
Cuente que esa iniciativa contaba con varias restricciones como el límite de edad, límite de estrato socioeconómico y no permitía que los jóvenes en los territorios históricamente excluidos accedieran al derecho.
Además, cuente que para ustedes la educación superior pública nunca fue una prioridad. Porque invirtieron en las universidades privadas mientras las públicas se caían a pedazos.
Es en este gobierno que se eliminaron las barreras y hoy se completa casi un millón de personas estudiando en la U pública y gratuita. En este gobierno desde el primer semestre del 2023 al segundo semestre del 2025 se han invertido $6,8 billones alcanzando el 97% de estudiantes con gratuidad en todas las U públicas del país.
Lokillo es y seguirá siendo una leyenda. Un artista con sentido común, con capacidad de entender lo que está pasando.
Dicen pro vida, pero quieren exterminarla toda rompiendo montañas, acabado con los ríos.
VIOLENCIA POLÍTICA
En democracia podemos tener diferencias intensas con nuestros contradictores. Podemos debatir con firmeza, confrontar ideas y defender con convicción nuestras posiciones.
Pero nunca debemos apelar a la violencia. Ni la violencia simbólica que siembra miedo y resentimiento, ni la violencia física que pretende destruir a otros.
Hago un llamado sincero a quienes nos acompañan y respaldan nuestro proyecto: no se dejen arrastrar por el odio, o la provocación. Respondamos a la agresión con argumentos, a la mentira con la verdad y a la violencia con la serenidad. Es la fuerza de la democracia.