« Spencer Anderson enviaría a Ellen la carta de Heitor semanas después, junto con una pequeña nota y una compensación económica a modo de disculpa por su tardanza. Nunca llegó a abrirla ni a hablar de aquello con nadie.
« Pero sumidos en un silencio cómplice que ninguno de los dos acababa de comprender, le hizo entrega de aquel sobre cerrado que podía ser su sentencia de muerte, o la mejor baza que la vida le hubiera repartido jamás.
»