—Nunca más va a permitir que Alexa se le acerque “de más”, ni a bajar la guardia en su presencia.
Se siente agredida sin motivo aparente, cuando ella LA SALUDÓ Y TODO.—
tornándose rojo por la violenta molestia que la asaltó. Su abrigo continuaba tirado por ahí también, en dónde había caído, y ella seguía observando a Alexa como si de una demente se tratara.—
—Pues en medio de su propio saludo bien intencionado, la figura contraria apareció para embestirla con brusquedad, causando por lo imprevisto del acontecimiento que el cuerpo de la pelirroja tambalease y ambas cayesen al suelo.
Desconcertada y sin comprender qu�� acababa (c)
de suceder, ojos abrió con pesar, expresión quejosa por el impacto, y al ver a la otra de cerca, a alejarse procuró con prisa, sin levantarse todavía del piso.—
O-oye, qué... ¡¿Qu-qué demonios sucede contigo?!
—A gritos titubeantes exclamó, ceño frunciéndose y rostro (c)
lo brusco que él había sonado, la confesión no pudo más que acelerar su ya alterado ritmo cardíaco, despedazando con ello la tranquilidad de la joven.—
A ti no hay quien te entienda, mh.
—Uno de sus ojos cerró al percibir la mirada foránea, aunque en el fondo no se extrañaba al notar que los colmillos no había llegado a utilizar. Si bien Ayato era un caso sin remedios, a veces parecía no ser tan imprudente, por raro que pareciera.
Un sutil bufido emitió, (c)
sintiendo el usual nerviosismo invadirla y evidenciarla mediante un pronto tartamudeo.—
Pri-primero te las das de autoritario callándome, ¿y al final terminas soltando cosas como esas?
—Bochornosa pronunció, desviando la mirada para volver a ver hacia el frente. Pese a (c)
Tú... A ti te vi antes, ¿no es cierto?
—Aunque sólo recordaba haber visto a Alexa la vez anterior, y no conocerla /todavía/ de mucho más.—
Mh... Buenas, supongo.
—Escasos segundos bastaron para que la de orbes violetas perdiese la serenidad de su rostro, llegando a abrir sus ojos con aparente molestia y reflejando en su expresión completo desagrado ante lo dicho por el de mayor edad, habiendo ladeado el rostro para así llegar a verlo (c)
con reproche, aunque se arrepintió al verlo entonces tan cerca; como era de esperarse, y para su propio tormento, la repentina /aunque no extraña, llegados a ese punto/ cercanía despertó en las mejillas de la muchacha un intenso color carmesí.—
¿H-háh? ¡Y-ya te he dicho que (c)
Mah, ¿cuándo va a ser el día en que dejes ese ridículo apodo?
—Y como usual era en ella, ojos cerrados y expresión apacible mantuvo, entretenida jugando con un mechón de su cabello rojizo.—