La Trinidad nos habla fundamentalmente de un Dios que es familia y que nos invita a ser familia, no sólo a los cristianos, sino a todos los hombres, sin importar raza, credo, lengua, pueblo o nación y tratarnos como el Padre, el Hijo y el Espíritu se tratan: pares en amor y paz.
#SantísimaTrinidad: el misterio de que Dios no es un Dios solo o solitario o de soledad. Dios es familia. Dios es Padre que envía y entrega su Hijo Jesús al mundo para que todos los hombres se salven, se reconcilien y se amen en una fraternidad universal. Esa es la Vida.
Es ll poder de la gracia que habita en el corazón de los creyentes, que nos desinstala y nos saca afuera de nuestra zona de confort, de seguridad, de mirarla desde la ventana. Vida que se apodera de nuestras entrañas y nos regala las mismas entrañas de Misericordia del Padre.
La #IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exige un enfoque prudente y cauteloso. La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad. #MagnificaHumanitas
La paz es directamente proporcional a la capacidad de dar y recibir el perdón. El secreto de poder ser discípulos de Jesús es perdonarnos unos a otros. El poder del fuego sagrado que arde en el pecho y nos impulsa a la construcción de un mundo nuevo empieza por esa capacidad.
Jesús entrega su Espíritu. Un fruto de ese Espíritu es el don de la paz. Pero no cualquier paz: no es la mera ausencia de guerras, sino el orden de todo respecto del Plan Original de Dios para todo lo creado, especialmente para el hombre: amar y servir en todo y a todos.
Jesús entrega la capacidad de perdón a todos los discípulos, a toda la Iglesia. No está reservado a un grupo selecto de escogidos o elegidos, una élite espiritual o iluminados ¡Nada de eso! Toda la comunidad es la encargada de poder entregar y recibir el perdón de los pecados.
Es la señal que se queda con nosotros. Dios no se fuga, no huye, no se va, no tira la toalla y abandona. Dios vive en mi corazón, mi vida, mi historia. Asciende para hacernos lugar en las moradas del Padre. Pero se queda en nuestro corazón para que siempre lo podamos encontrar.
Uno de los peligros de pensar la #AscensiónDelSeñor es considerar que vino una grúa del cielo a llevárselo entre las nubes y desapareció para siempre de la vida de sus discípulos y por tanto también de la vida de todos nosotros. Dios en el cielo y yo aquí en la tierra, viviendo.
Son los riesgos de seguir pensando y rezando a un Dios que está arriba, afuera y ajeno a la vida de todos nosotros. Dios no tiene nada que ver conmigo y mis problemas y mi vida. ¡Mentira! ¡Todo lo contrario! Dios es lo más íntimo de mi vida y mi interioridad. Vive en mi corazón.
Y amar a Dios es amar al hermano. Así Jesús permanece en nosotros y nosotros permanecemos en Él. Seamos capaces de amarnos como hermanos y que nuestra vida sea un sano escándalo para todos los que se aferran a la Cultura de la Muerte, en egoísmo, avaricia y consumismo. Por amor.
El #Evangelio nos presenta una nueva presencia resucitada de Jesús: no es física sino por la fuerza del Espíritu. Uno puede aplicarlo a nuestra vida de todos los días. Hoy, ¿dónde vive Jesús? ¿Dónde está en mi vida? ¿Cómo hago para encontrarlo? ¿Cómo es eso de “vivir en Jesús”?
La respuesta puede ser esta: en el amor a los hermanos. Nos complicamos la vida y la religión tratando de encontrar soluciones, damos vueltas y nos olvidamos de lo más importante: el amor. Esa es la Ley, la norma, la moral, el mandamiento fundamental que Jesús nos exige: el amor.
Hoy es un lindo evangelio para renovar nuestra fe y desacostumbrarnos a Dios. Para dejarnos siempre sorprender por ese Jesús que es rostro de un Dios derretido en caridad que nos sorprende día a día y nos invita a transitar por Él: Camino, Verdad y Vida.
Muchas veces vivimos alienados con un celular en la mano y vamos perdiendo la capacidad de asombro que nos viene a revelar Jesús. Y muchas veces por estar atrás de lo urgente nos perdemos lo necesario. Nace esta pregunta de Jesús: “¿tanto tiempo juntos y no me conocen?”.
Hoy es fundamental volver a renovar la fe en Jesús Camino, Verdad y Vida. Nosotros, que quizás nos acostumbramos a Dios, necesitamos dejarnos volver a sorprendernos por la novedad siempre nueva del Evangelio y dejarnos descubrir en nuestra intimidad por Jesús y su Espíritu.
#DomingoDelBuenPastor en el que contempla que Jesús es la Puerta por la cual pasar para poder alcanzar la salvación. La única Puerta. Y reflexionar acerca de las vocaciones en la Iglesia, rezando por ellas. Ahora bien, ¿cuántas vocaciones hay para vivir? Creo que una sola.
Después vendrán las opciones fundamentales por diferentes estados de vida para seguir más y mejor a Jesús. Pero la vocación es siempre y la misma, rubricada por Lumen Gentium 42: “invitados y obligados todos los fieles a buscar la santidad y perfección dentro del propio estado”.
Y esa es la santidad. Todos, todos, todos, somos llamados, convocados, “asambleados” a lo mismo: ser santos. Esa es nuestra primera y fundamental llamada y convocatoria. Dios nos llama a la vida y a partir de allí a la Vida verdadera. Que es la plenitud del amor: ser santos.