A día de hoy, el corazón está tranquilo, porque mala persona nunca fui, siempre doy todo de mí con lo poco o mucho que tenga, y porque Dios siempre me ha sostenido cuando el mundo ha querido verme derrotado.
Lo más gánster que hice fue cambiar, ideales, pensamientos, estilo de vida y hasta el vocabulario. El camino es largo, pero de este barco no me pienso bajar.