El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
@totetolima@_catalinasct Pero las condiciones cuáles vienen siendo? Es muy técnico, si, pero es DEFENSOR CENTRAL, no me sirve un defensa que sea “muy bueno con la pelota” pero que no meta la patita fuerte y que tenga de a error por partido.
@AUnToque_Co Y seguramente será el primer central que utilice (fuera de Davinson y Lucumí)
Igual creo que los problemas en la convocatoria vienen más adelante, donde solo hay dos extremos (Díaz y Gómez)
¿Cómo va a atacar Colombia las bandas de los bloques bajos?🤔
@JuanjoseMant@dani_rojas92 Es que Castaño sobra, había que llevar otro extremo u otro jugador ofensivo, si no quería llevar a Villa, Carbonero tenía que ir si o si.
Nada, es que era dificilísimo, aplausos para Lucas que hizo mucho con esta nómina tan corta.
Mira la diferencia que marcan Morelos, Rengifo, Román o Cardona, Tolima no tiene jugadores así.
Yo sé que Tolima no tiene el mejor equipo de todos, y que quizás no ha sido superior a Nacional, pero de verdad, en esta serie el arbitraje lo ha perjudicado sobremanera.
🟥 ERA LA SEGUNDA: Entrada (pisotón) de Jorman Campuzano sobre Brayan Rovira. Este tipo de acciones se consideran temerarias y conllevan tarjeta amarilla. El hombre de Nacional ya estaba amonestado y tenía que haberse ido expulsado. Falló acá Betancur #LigaBetPlay
Lo de Tolima en estos primeros 45 minutos es la crónica de una muerte anunciada. Un equipo mermado físicamente, y que no tiene el suficiente talento ofensivo para cobrarle esos errores defensivos y esos espacios a Nacional. ¿Lo positivo? Sigue vivo y quedan 45.
@Rusito444@SerratoSebas298 Amigo, es que no sé si la gente no entendió mi tweet. Dije que lo de Pacho era una locura y que está en un nivel impresionante, pero que no desmeritemos lo que llegó a hacer Sánchez en su momento, nunca dije que uno fuera mejor que el otro.