Así quiero yo a un vicepresidente, ñoño, inteligente, que se mete la camiseta de futbol por dentro del jean, no una indígena que no acabó primaria y que no sabe escribir ni su nombre.
Lo más loco de ser adulto es que puedes pasar por la noche más traumática de toda tu vida y, aun así, al día siguiente tienes que levantarte e ir a trabajar como si nada hubiera pasado.