Cada vez que muere una Madre de Plaza de Mayo, se apaga una parte de la memoria viva de nuestro país. Se van sin haber recibido toda la justicia que merecían, y nos dejan la responsabilidad de no olvidar y seguir luchando por la verdad.
Qué desmoralizante es tener que explicar por qué es bueno que la gente tenga acceso a la universidad, pueda atenderse en un hospital o pueda jubilarse dignamente.