Libra ♎️ Esta semana tu prioridad tiene que ser una sola: dormir bien. En serio, Libra, tu cuerpo te está pidiendo a gritos que descanses, que pares. Vas todo el día con sueño, con la mente dormida... https://t.co/prj8fOK1x5
Si tu signo fuera una canción de Bad Bunny, sería esta 🎶
♎ LIBRA – “BAILE INoLVIDABLE”
Como bien dice la letra, tú no con cualquiera quieres despertar, Libra. Tú quieres un baile inolvidable, un amor para toda la vida.
https://t.co/7oi0Pe3byu
QUERIDOS MATRIMONIOS:
Hay momentos en los que uno va a dar el 100 % porque el otro no puede, no sabe o, simplemente, no tiene la voluntad. Y si a ti no te pesa, si lo haces desde el amor y no desde el reclamo o manipulación, ¿por qué convertir eso en una discusión o problema?
Anyha y yo, nunca hemos dejado de negociar. Hasta hoy, seguimos afinando y mejorando nuestros acuerdos. Ya no sentimos la necesidad de “ganar” una discusión, porque entendimos que esas victorias cuestan más de lo que en verdad valen. Nos prometimos no echarnos las cosas en cara, mucho menos volver al ring con la intención de vencer al otro. Nadie quiere vivir con alguien que te recuerda todo el tiempo tus errores.
Pensar “ajá, gané la discusión” no suma nada, porque si uno gana y el otro pierde, el vínculo pierde también.
Eso no significa que me guarde lo que siento —porque no puedo, nunca he podido—. Lo que calla el corazón, lo grita mi cuerpo. Pero no llevamos la cuenta de las fallas como si tuviéramos una libreta al estilo Pablo Escobar, anotando: “Tú me hiciste esto el 14 de marzo a las 7:43 p. m.” Aunque a veces dan ganas de regresar al pasado y pasar la factura, aprendimos que “ya pasó” no es evasión, es decisión. Y que si vuelves a fallar en lo mismo, no es accidente: es necedad. Es falta de voluntad para cambiar.
No es sano tratar el amor como un acta notarial donde se archivan los errores. El amor no necesita archivadores; necesita seres capaces de eclipsar el daño y reconstruirse cada día. Y no hablo de olvidar: hablo de sanar. De mirar al otro y decirle:�“Sí, me dolió un chingo. Pero quiero seguir caminando contigo, si tú también quieres caminar conmigo y comprometernos a no hacernos daño con lo mismo.”
Eso exige mucha responsabilidad. Porque el perdón no es licencia para repetir lo que ya se acordó, y el amor no es un salvavidas para que el otro nunca aprenda a nadar. Habrá ocasiones en que uno cargará más peso, pero siempre dentro de límites sanos. Yo puedo entenderte, pero no justificarte siempre. Puedo apoyarte, pero no voy a empujar un carro que tú ni siquiera estás intentando mover.
Por eso, en lugar de competir por quién da más o quién falla menos, decidimos sumar desde donde estamos. Hay días en que uno llega con las manos vacías y el otro con la despensa llena. Y está bien. El amor no exige justicia exacta; exige conciencia y voluntad. Por eso, cuando uno cae, el otro no pregunta solo “¿cómo pasó?”, sino que se agacha a levantarlo mientras intenta entender qué lo derribó.
Aclaro: nadie puede amar por los dos. Nadie puede hacer el trabajo emocional del otro. Así como uno no puede sanar la herida que el otro se niega a mirar, tampoco se puede construir una relación cuando solo uno tiene los planos y las herramientas.
Nosotros tenemos un acuerdo: no vamos a castigarnos por nuestros tropiezos, pero tampoco vamos a romantizar la negligencia. Nos toca ser valientes, no solo para amar, sino para corregir. Para pedir perdón sin manipular. Para cambiar, no por presión, sino por convicción. No se trata de quedarse a pesar de todo, sino de quedarse para transformar ese “todo”.
#danielhabif