Odio a la gente como Luisx Fernanda W, y no por quitarse sus tatuajes, sino por el discurso que utiliza para hacerlo y camuflar otras cosas, el querer encajar nuevamente haciendo de las suyas.
Imagínate si la inversión que le están haciendo al turismo en Barranquilla la hicieran en Santa Marta. Ufff un sueño. Pero como esa ciudad y su gente valen mondá, eso nunca pasará.
Lo adopté hace solo una semana. Era tan pequeño, tan inocente, que pensé: “Seguro será tranquilo, suave… una pequeña máquina de siesta”. Pero estaba muy equivocado.
No le teme a nada: ni a los ruidos, ni a las alturas, y mucho menos a mí. Cada comida se ha convertido en un auténtico duelo. Apenas me siento, él aparece como un diminuto y peludo asesino. Sus ojos fijos en mi plato, rebosantes de ambición salvaje, y en un segundo… salta, roba y gana.
La única forma de detenerlo es estar preparado. Por eso, ahora como como si viviera en el Salvaje Oeste: el tenedor en una mano y, en la otra, mi única arma, la pistola de agua. Basta un parpadeo y mi arroz puede desaparecer. Él espera, yo sudo.
Y aún así… maldita sea, amo a este ladronzuelo.