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Eso de amar sin esperar nada a cambio es bonito en los cuentos de hadas.
Pero en la vida real, un amor maduro exige un delicado equilibrio entre dar y recibir, porque todo aquello que no es mutuo resulta ser un desgaste emocional.
Es agotador ver cómo hoy en día se intenta romantizar o “normalizar” conductas que simplemente son crueles. La infidelidad, el engaño sistemático y el juego sucio con la salud mental de los demás no son errores sin importancia ni anécdotas para reír; son faltas de respeto que dejan huellas profundas. No permitas que el ruido de una sociedad que confunde la libertad con la falta de valores te haga creer que pedir lealtad, honestidad y paz psicológica es pedir demasiado. La madurez empieza por ser responsable de lo que causamos en el corazón de los demás.
Cada día está más de moda “ponerse a trabajar en uno mismo” cuando alguien te decepciona, falla o hace daño. Como si, además de recibir un golpe gratuito, tuvieras tú que modificar algo de ti. Quienes tendrían que replantearse sus patrones son aquellas personas que viven al servicio de lo que sienten y actúan dependiendo de lo que quieren, necesitan y les falta a ellas sin mirar más allá de su ombligo. Y entrando en este juego obviamos que se le quita responsabilidad a quien realmente la tiene: quien carece de valores dentro de cualquier vínculo
Es increíble la versión que nos hace enamorarnos de alguien y la versión que nos hace renunciar y salir de ahí, y pensar que se trata de la misma persona.
Es impresionante cómo ciertos vínculos se caen cuando dejás de ser el motor que los empuja, te quedás un rato quietita y te das cuenta de que estuviste sosteniendo la relación vos sola
En ocasiones, no hay más remedio que olvidar lo que uno siente para recordar lo que valemos. Porque la dignidad no debe perderse por nadie, porque el amor no se ruega ni se suplica y, aunque nunca debe perderse un amor por orgullo, tampoco hay que perder la dignidad por “amor”
En las relaciones todo el mundo comete errores y hace daño. Y el problema no es caer en algo que es humano, el problema es tener autocrítica nula. Evitar responsabilizarte de tu conducta, huir de hacer cambios y echar balones fuera. Lo que destruye los vínculos no es no ser perfectos, sino carecer de la valentía necesaria para asumir que tú también te equivocas. Y que modificar patrones para compartir la vida es indispensable
He aprendido tres lecciones en lo que
va del año:
Dejar a las personas donde quieren estar, aceptar las cosas tal como vienen y entender que no toda acción merece una reacción. A veces, la verdadera paz está en no forzar, no retener y no responder.