Qué desmoralizante es tener que explicar por qué es bueno que la gente tenga acceso a la universidad, pueda atenderse en un hospital o pueda jubilarse dignamente.
Armaron el recibimiento más careta de la historia del fútbol argentino, tiraron los papelitos antes de tiempo, no patearon al arco en 90 minutos, prendieron fuego su cancha y volvieron a perder el clásico.
Hoy, una vez más, River demostró que es el Club más amargo del planeta.
Pobre el laburante que razona como empresario y no es más que un simple trabajador. Pobre el trabajador al que le acaban de robar sus derechos. Pobre el pueblo gobernado por un títere, inapto psiquica y moralmente, manejado por los que están arrasando el país.