Historiador Universidad Industrial de Santander UIS. Investigador Histórico y Sociocultural Docente Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Historia
Eʟ ʟᴇɢᴀᴅᴏ ᴅᴇʟ ɢᴏʙɪᴇʀɴᴏ Pᴇᴛʀᴏ: ᴜɴ ʙᴀʟᴀɴᴄᴇ ᴄʀɪ́ᴛɪᴄᴏ ᴅᴏᴄᴜᴍᴇɴᴛᴀᴅᴏ. Cᴏʀᴛᴇ: 7 ᴅᴇ ᴀɢᴏsᴛᴏ ᴅᴇ 2026!
𝟭. "𝗣𝗮𝘇 𝗧𝗼𝘁𝗮𝗹": 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗮𝗿 𝗺𝗮𝗹
Este es el capítulo donde la evidencia es más contundente y menos discutible, porque proviene de cifras del propio Ministerio de Defensa.
La Fundación Ideas para la Paz publicó en agosto de 2026 el informe El costo de negociar mal, elaborado por Gerson Arias, Javier Flórez y Paula Tobón. Sus datos centrales:
• Los grupos armados organizados pasaron de 15.120 integrantes en diciembre de 2022 a 28.802 en julio de 2026: un crecimiento del 90%.
• El Clan del Golfo creció 152%, de 4.061 a 10.268 integrantes, y se consolidó como la estructura más numerosa del país.
• El ELN pasó de 5.851 a 7.123 (22%); el EMC de Iván Mordisco creció 109% hasta 4.480; la CNEB creció 108% hasta 2.359.
• Las disputas territoriales simultáneas pasaron de 7 en 2022 a 14.
• El respaldo ciudadano a la salida negociada cayó del 76% en agosto de 2022 al 50% en febrero de 2025.
La FIP identifica trece desaciertos de implementación. Los estructurales: ausencia de objetivos claros de desarme, inexistencia de una ley de sometimiento, desarticulación entre la Oficina del Comisionado de Paz, la Fiscalía y el sector Defensa, y —el más grave— ausencia de límites frente al reclutamiento de menores y a las presiones contra la población civil.
En términos de economía política del conflicto, el diseño produjo un riesgo moral de manual: ceses al fuego y suspensión de órdenes de captura entregaron respiro operativo sin exigir contraprestaciones verificables. Los grupos usaron ese margen para reclutar, rearmarse y consolidar corredores de coca, minería ilegal y extorsión.
Conviene ser preciso en el matiz que la propia FIP introduce: el fortalecimiento tiene causas estructurales —ineficiencia de las políticas de seguridad de la última década, fragmentación post-Acuerdo de 2016, auge de economías ilícitas— y coyunturales —los ceses al fuego y la actitud pasiva en las mesas. No todo es imputable a este gobierno. Pero el resultado agregado, medido en pie de fuerza y control territorial, es inequívoco.
La contracara institucional. El Ejército cerró el cuatrienio con 9.180 oficiales frente a una planta autorizada de 10.923: apenas el 84 % de cobertura, con 1.743 vacantes. En el grado de mayor general la estructura prevé 30 y había nueve. Según revisión documental de El Tiempo, más de 40 generales salieron de la institución bajo este gobierno; El Colombiano documentó 153 oficiales retirados solo entre marzo y junio de 2026 —326 sumando suboficiales—, un movimiento inusual al cierre de un mandato. La cifra de "cien generales" que circula en redes no está soportada; la de "más de 40 generales" sí, y ya es suficientemente grave.
A eso se suman los episodios que erosionaron la confianza operacional: el caso de alias Calarcá y el retén de julio de 2024 en Antioquia; las revelaciones sobre posibles vínculos entre funcionarios y las disidencias; el reintegro de oficiales previamente retirados; y el escándalo del mantenimiento de los helicópteros MI-17, con un alcance cercano a USD 32 millones según El Espectador.
Como contrapeso —que un balance serio debe registrar— el Comando General reportó, entre agosto de 2022 y julio de 2026, 61.006 presuntos delincuentes fuera de circulación: 55.511 capturas, 2.698 sometidos, 320 entregados voluntariamente y 1.753 menores recuperados. El esfuerzo operacional existió. No compensó el crecimiento.
𝟮. 𝗦𝗮𝗹𝘂𝗱: 𝗺𝗮́𝘀 𝗽𝗹𝗮𝘁𝗮, 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝗮𝗰𝗰𝗲𝘀𝗼
El diagnóstico correcto no es "destrucción del sistema" sino algo más incómodo: un aumento histórico del gasto que coincidió con el deterioro de todos los indicadores de acceso efectivo. Eso es peor que un simple recorte, porque señala una falla de diseño, no de recursos.
El Consejo Superior de la Judicatura reporta que cerca del 78% de las tutelas en salud de 2025 (297.150 de 378.895) se falló a favor de los pacientes: la judicialización no es litigiosidad frívola, es evidencia de que los canales ordinarios fallaron.
Las intervenciones no corrigieron el problema; lo profundizaron. En el primer trimestre de 2026, las EPS intervenidas gastaron $117,8 por cada $100 de ingreso; las no intervenidas, $100,8. El patrimonio de las intervenidas pasó de −$2,87 billones a −$13,06 billones. Nueva EPS —la más grande del país— no reportó oportunamente estados financieros de 2024 ni 2025 a la Supersalud, lo que constituye por sí mismo una falla de gobernanza de primer orden: no se puede administrar lo que no se mide.
Aquí también hay que ser justos: varias EPS arrastraban problemas financieros y de supervisión desde antes de 2022, y algunas manejaron mal los recursos. El punto crítico no es que el modelo previo fuera sano, sino que la intervención estatal masiva empeoró los indicadores de las entidades intervenidas.
El FOMAG como piloto fallido. El modelo de salud del magisterio, implementado desde mayo de 2024 para unos 820.000 docentes, pensionados y beneficiarios, funcionó como prueba anticipada de mayor rol estatal directo. Los resultados, según la auditoría integral de la Supersalud y la Contraloría, julio de 2026:
• 38 hallazgos administrativos con presunta incidencia fiscal, disciplinaria y penal, remitidos a Fiscalía, Contraloría y Procuraduría.
• Diez hallazgos fiscales de la Contraloría por $176.795 millones.
• Pagos por $606.056 millones por encima de los valores facturados entre mayo de 2024 y marzo de 2026, propiciados por fallas de supervisión y por el uso de "cartas de manifestación de interés" en lugar de contratos formalizados.
• 59.843 facturas de medicamentos por encima del precio máximo regulado.
• Discrepancia de $210.399 millones entre los propios registros de deuda del fondo; patrimonio negativo cercano a $3 billones.
• El sistema de información Horus, contratado por más de $45.154 millones, operando al 60 % con módulos de tutelas, agendamiento y farmacia inactivos.
• Autorizaciones con retrasos de hasta 160 días; tutelas de 4.945 (2024) a 7.253 (2025) y 3.064 solo en el primer trimestre de 2026.
Que el propio superintendente saliente concluyera que el FOMAG le falló al magisterio es, políticamente, la autocrítica más significativa del cuatrienio.
Los Equipos Básicos de Salud. La apuesta por atención primaria es conceptualmente sólida —ningún sistema de salud sostenible se construye sobre alta complejidad—. El problema es de gobernanza y evaluación: no existen evaluaciones de impacto independientes que permitan atribuir causalmente las mejoras en mortalidad infantil, neonatal y materna al despliegue de los EBS, y el propio Ministerio ha reconocido que no es el único factor. Cuando se invierten billones sin línea de base ni evaluación contrafactual, el resultado no es un programa exitoso ni fracasado: es un programa no evaluable, que es lo peor que se puede decir de una política pública.
𝟯. 𝗘𝗹 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗳𝗶𝘀𝗰𝗮𝗹: 𝗹𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗿𝗲𝘀𝘁𝗿𝗶𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮
• Déficit del Gobierno Nacional Central: 5,3% del PIB en 2022 → 4,2% en 2023 → 6,7% en 2024 → 6,4% en 2025. El déficit primario, antes de intereses, se deterioró hasta 3,5 % del PIB en 2025.
• Deuda: la Contraloría la estimó en 61,3% del PIB en 2025, 6,3 puntos por encima del ancla legal de 55%. El CARF proyecta deuda neta de 61% en 2026 —máximo histórico— y estima que estabilizarla exigiría un ajuste cercano a 5 % del PIB.
• Regla fiscal: el CONFIS aprobó la activación de la cláusula de escape en junio de 2025. En el Marco Fiscal de 2026 el Gobierno confirmó que el cumplimiento paramétrico solo volvería en 2028. El CARF sostuvo que la motivación no satisfacía el estándar legal de excepcionalidad, y Fedesarrollo advirtió que recurrir a la cláusula sin razón técnica encarecería el endeudamiento.
• Sobrestimación sistemática de ingresos: según el CARF, la brecha llegó a 4,1% del PIB en 2024 —más de $80 billones a precios actuales— y 1,8 % en 2025. Un presupuesto que se aprueba sobre ingresos que no existen es una forma de endeudamiento diferido.
• Patrimonio de la Nación: según La Silla Vacía con datos del empalme, pasó de $137 billones en 2022 a −$273 billones en 2026.
• Servicio de la deuda: los pagos de intereses representarían 4,8% del PIB en 2026.
Lo que reveló el empalme. Tras 62 mesas técnicas con 17 contralores delegados, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo describió una "tronera fiscal":
• Faltante de $30,2 billones en el proyecto de Presupuesto General de 2027, catalogado como riesgos estructurales.
• Déficit cercano a $3,2 billones en el programa Adulto Mayor, que compromete pagos a unos tres millones de beneficiarios entre agosto y diciembre de 2026.
• Deudas por subsidios de energía y gas por cerca de $5,6 billones ($2,9 billones de Aire, ~$1 billón con distribuidoras de energía, ~$0,7 billones con distribuidoras de gas), con riesgo sistémico de liquidez.
• "Elefantes blancos" de infraestructura que requerirían unos $54 billones para rescatarse, y obras calificadas como irrecuperables por $214 mil millones.
• A mayo de 2026 seguía pendiente de pago el 48 % de las reservas presupuestales de inversión y el 38 % de las de funcionamiento constituidas en 2025.
• Baja ejecución sectorial: Transporte 10,8 %, Salud 9,48 %.
𝟰. 𝗘𝗻𝗲𝗿𝗴𝗶́𝗮: 𝗶𝗱𝗲𝗼𝗹𝗼𝗴𝗶́𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗮
• Las reservas probadas de gas cayeron 16,8 % entre 2024 y 2025 y acumulan un desplome del 54,6 % entre 2018 y 2025. Cerraron 2025 en 1.717 gigapiés cúbicos.
• Las importaciones de gas llegaron a 22,8 % del total nacional en febrero de 2026, cerca del 29 % en mayo y proyectadas al 32 % en junio.
• La producción de petróleo promedió 740.684 barriles diarios en lo corrido de 2026, por debajo de los 762.675 del mismo periodo de 2025; las reservas probadas de crudo cerraron 2025 en 2.020 millones de barriles, con vida útil de unos 7 años.
• Entre 2010 y 2014 se perforaban entre 110 y 130 pozos exploratorios al año; en 2025 fueron 45, y desde 2021 no hay nuevas rondas para asignar bloques.
• Ecopetrol concentra el 82 % de la producción y el 88 % de las reservas, mientras varias multinacionales redujeron o cerraron operaciones.
• El Informe de Recursos y Reservas de 2025 se publicó el 23 de junio de 2026, más de 45 días después del plazo legal del 30 de abril fijado por el Decreto 1073 de 2015. El incumplimiento de un plazo de transparencia energética, en un año electoral, es en sí mismo un dato.
El riesgo inmediato no es abstracto: el Ideam proyecta que El Niño alcanzaría intensidad "muy fuerte" con 81 % de probabilidad a finales de 2026 y 97 % a comienzos de 2027, con hidroeléctricas que aportan cerca del 75 % de la generación nacional y térmicas que dependen de gas escaso e infraestructura de regasificación insuficiente.
El punto de fondo, en clave de política pública: la transición energética es un objetivo legítimo y necesario. Lo que no es defendible es ejecutarla suspendiendo la oferta antes de construir el sustituto. Una transición ordenada requiere que las curvas se crucen; aquí se apagó una antes de que la otra existiera.
𝟱. 𝗘𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻: 𝗲𝗹 𝗜𝗖𝗘𝗧𝗘𝗫 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗷𝗼́𝘃𝗲𝗻𝗲𝘀
El presupuesto de educación llegó a $88,2 billones en 2026, un aumento real del 39,1% frente a 2022, y la gratuidad en matrícula alcanzó al 97% de los estudiantes de universidades públicas. Ese dato debe reconocerse.
Pero el ICETEX —la puerta de acceso a la educación privada y en el exterior para jóvenes de clase media sin patrimonio— sufrió un marchitamiento operativo. La eliminación del subsidio a la tasa de interés llevó las tasas a rangos del 12,2% al 17,2% efectivo anual, y hasta cerca del 22% en algunos créditos. El recorte de giros dejaría hasta 233.000 deudores sin subsidio para 2026. En abril de 2026 el Gobierno desembolsó $100.000 millones para cubrir la tasa de 170 mil beneficiarios durante tres meses: un paliativo que confirma el diagnóstico estructural en vez de resolverlo.
El Gobierno atribuye el problema a una decisión de la Corte Constitucional que declaró inexequible la tasa cero y a la desfinanciación promovida por la oposición. Es un argumento parcialmente atendible, pero no explica por qué una entidad con función social crítica quedó sin línea presupuestal estable durante cuatro años.
𝟲. 𝗖𝗼𝗿𝗿𝘂𝗽𝗰𝗶𝗼́𝗻: 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗲𝘀𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮
Transparencia por Colombia concluyó, en su balance de cierre, agosto de 2026, que el gobierno no consolidó cambios estructurales en los instrumentos de prevención y lucha contra la corrupción, y Colombia cayó al puesto 99 en el Índice de Percepción de Corrupción. Para un proyecto político que llegó prometiendo derrocar el régimen corrupto, ese es el fracaso más costoso en términos de legitimidad.
UNGRD. El caso emblemático: sobrecostos superiores a $16.000 millones en carrotanques para La Guajira —más del 54 % del valor real del contrato— y entrega confesada de $4.000 millones a los entonces presidentes del Congreso, Iván Name y Andrés Calle, para asegurar votos a las reformas. Olmedo López y Sneyder Pinilla aceptaron cargos; Pinilla ya está condenado. La investigación se amplió a proyectos del Invías por más de $612.000 millones. Están procesados el exdirector del DAPRE Carlos Ramón González —prófugo— y la exconsejera Sandra Ortiz; los exministros Luis Fernando Velasco y Ricardo Bonilla fueron llamados a juicio en abril de 2026.
Financiación de campaña. El CNE sancionó el 27 de noviembre de 2025 a la campaña Petro Presidente 2022 por superar topes en ambas vueltas, incluyendo aportes no reportados de Fecode por $500 millones y pagos a testigos electorales por $931 millones. En abril de 2026 la Fiscalía imputó a Ricardo Roa, gerente de esa campaña, por presunta financiación ilegal.
Caso hermanas Guerrero. La investigación de Semana en julio de 2026 documentó, con chats, audios y consignaciones, una presunta red de Juliana y Verónica Guerrero para gestionar contratos públicos a cambio de pagos: anticipo de $200 millones y 10% del valor de cada contrato. Tres empresarios afirman haber entregado más de $600 millones sin recibir contratos ni devolución. Lo políticamente revelador no fue el caso en sí, sino que dirigentes del Pacto Histórico —Pizarro, Bolívar, el propio Cepeda— lo calificaran de indefendible y marcaran distancia, dejando al Presidente aislado en su defensa.
Empalme anticorrupción. Entre el 1 y el 3 de agosto de 2026, el Grupo Élite del Empalme Anticorrupción, dirigido por Germán Calderón España, radicó ante Fiscalía, Contraloría y Procuraduría denuncias por presuntas irregularidades superiores a $370.000 millones, incluyendo un contrato de 16 sistemas antidrones del Ministerio de Defensa con CODALTEC, procesos en la UNP y un contrato jurídico cercano a $23.000 millones en Cenit, filial de Ecopetrol. Son denuncias, no condenas: la distinción importa y hay que sostenerla.
𝟳. 𝗣𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗲𝘅𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿: 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘀𝗶𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀
Colombia ganó proyección: 11 nuevas embajadas, presidencias pro tempore de Celac, Comunidad Andina y Alianza del Pacífico, ingreso al Consejo de Seguridad de la ONU para 2026-27 y restablecimiento de relaciones con Venezuela. También 67 viajes presidenciales y más de 260 días fuera del país, frente a 48 viajes en todo el gobierno Duque.
El costo fue el deterioro con el socio histórico. La secuencia: crisis por los vuelos de deportación en enero de 2025; descertificación en la lucha antidrogas; inclusión de Petro en la Lista OFAC en octubre de 2025; arancel del 12,5% a productos colombianos; suspensión de ayuda financiera. La reunión del 3 de febrero de 2026 en la Casa Blanca desescaló el tono sin producir acuerdos formales. Hubo además choques con Ecuador —Noboa llamó a consultas a su embajador y duplicó aranceles en abril de 2026—, Perú, El Salvador, Argentina y Bolivia, y ruptura con Israel en mayo de 2024.
El diagnóstico de fondo lo formula bien Daniel Zovatto: una diplomacia conducida desde la comunicación presidencial antes que desde la institucionalidad. En teoría de relaciones internacionales, eso es sustituir política exterior de Estado por política exterior de gobierno —y el costo lo paga el país siguiente, que debe reconstruir capital diplomático desde cero.
𝟴. 𝗜𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱: 𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗹𝘀𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗽𝗲𝘀𝗼𝘀
El patrón es consistente y documentado: cada decisión adversa produjo un ataque a la institución que la tomó.
• Congreso: hundidas o modificadas la reforma a la salud, la primera reforma laboral, la ley de financiamiento, la consulta popular, la reforma tributaria y la reforma política. Respuesta: anuncio de ruptura con las comisiones económicas.
• Corte Constitucional: acusaciones de prejuzgamiento tras la suspensión del decreto de emergencia económica; ira presidencial cuando tumbó la declaratoria de emergencia por déficit fiscal.
• Consejo de Estado: denuncias de censura cuando puso límites a las alocuciones presidenciales; anulación de varios nombramientos del Ejecutivo por irregularidades en los procesos de selección.
• Banco de la República: crítica sostenida a las decisiones de tasas y orden de romper relaciones con el Emisor. El borrador de Constituyente conocido por El Colombiano contemplaba explícitamente retirarle la autonomía y crear un tribunal constitucional paralelo a la Corte.
• Registraduría y CNE: blanco recurrente, culminando en el desconocimiento de los resultados de junio de 2026.
• Participación en política: la Procuraduría reportó 89 procesos disciplinarios abiertos por esta causa durante el ciclo electoral 2026, y se radicaron cerca de doce denuncias contra el Presidente en la Comisión de Acusación. El "tarimazo" de La Alpujarra del 21 de junio de 2025 —acto oficial, con recursos públicos, al que se llevó a cabecillas de bandas del Valle de Aburrá recluidos en Itagüí y en el que participó un precandidato presidencial— derivó en investigación previa por participación indebida en política, uso indebido de recursos públicos y convocatoria irregular a Constituyente.
El desconocimiento del resultado electoral. El CNE declaró electo a De la Espriella el 24 de junio de 2026 con 12.960.166 votos frente a 12.708.312 de Cepeda: diferencia de 251.854 sufragios con participación del 63,6%. La auditoría externa internacional de CAPEL, publicada el 4 de agosto de 2026, no identificó manipulación, alteración ni fabricación sistemática de datos. La MOE, misiones internacionales y Transparencia Electoral coincidieron. El registrador Hernán Penagos, a dos días de la posesión, pidió no manipular los datos electorales porque estaba generando lenguaje de odio y amenazas contra la infraestructura y el personal de la entidad.
Sostener la tesis del fraude algorítmico sin superar el umbral probatorio de una nulidad electoral ante el Consejo de Estado no es ejercer oposición: es deslegitimación preventiva. Y desde la teoría democrática, el criterio mínimo no es ganar elecciones, sino aceptar la derrota cuando las reglas se cumplieron y las autoridades competentes certificaron.
𝟵. 𝗔𝗻𝘁𝗶𝗼𝗾𝘂𝗶𝗮: 𝗽𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗲́ "𝗰𝗲𝘀𝗼́ 𝗹𝗮 𝗵𝗼𝗿𝗿𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲"
La expresión —tomada del Himno Nacional— se volvió consigna en Medellín en la madrugada del 7 de agosto, con alboradas, pólvora y vallas. No es un capricho cultural ni mera afinidad ideológica. Hay razones estructurales verificables:
Primero, la aritmética. De la Espriella obtuvo 2.185.834 votos en Antioquia, el 64,42%, frente a 1.133.681 de Cepeda. Es la continuidad de un patrón: en 2022 Hernández obtuvo allí 63,93% frente a 33,04% de Petro. Antioquia nunca fue territorio petrista y por eso su rechazo fue, desde el inicio, de oposición estructural y no de desencanto sobrevenido.
Segundo, la seguridad. Antioquia pagó en carne propia el crecimiento del Clan del Golfo —el grupo que más creció bajo la Paz Total, 152%—. En el primer semestre de 2026 el departamento registró 2.194 víctimas de desplazamiento forzado, cuarto lugar nacional. El Bajo Cauca, el Nordeste, el Norte, el Occidente, el Oriente y el Suroeste presentan simultáneamente problemas de orden público, según el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Hubo desplazamientos masivos en Segovia, Remedios, Zaragoza, El Bagre, Tarazá y Briceño, con ataques de drones cargados con explosivos contra población civil. Un departamento que había construido su recuperación sobre la derrota de estructuras armadas vivió su reaparición como un retroceso histórico.
Tercero, el agravio simbólico. El "tarimazo" de La Alpujarra —cabecillas de bandas de Medellín en tarima oficial, en el corazón administrativo de la ciudad— fue leído por la opinión paisa como una humillación institucional deliberada. A eso se sumó la confrontación abierta con la Alcaldía de Medellín, incluida la denuncia de la Supersalud contra el alcalde Federico Gutiérrez por obstrucción, que un juez terminó suspendiendo.
Cuarto, la identidad económica. Antioquia es una economía empresarial, exportadora e industrial. La hostilidad discursiva sostenida hacia el empresariado, sumada a la incertidumbre regulatoria y al freno de la inversión —que quedó en mínimos de dos décadas—, se sintió allí más que en ninguna otra parte.
En síntesis: para una porción decisiva del país, no se trató de una diferencia programática sino de la percepción de que el Estado había cedido territorio, símbolos y proyecto. La celebración del 7 de agosto expresa alivio, no triunfalismo programático.
𝟭𝟬. 𝗟𝗮 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗹𝘂𝗺𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗯𝗮𝗹𝗮𝗻𝗰𝗲
Un balance honesto no puede omitir lo que sí ocurrió, y quien lo omite se descalifica así mismo:
• Pobreza monetaria: de 36,6% a 28%, mínimo desde 2012. Pobreza extrema en 9,6%. Gini de 0,551 a 0,531.
• Empleo: desempleo de 11,2% (2022) a 8,9% (2025) y 8,0% en mayo de 2026; cerca de 1,8 millones de empleos creados. Es, con la reducción de la pobreza, el mejor resultado del cuatrienio —aunque la informalidad sigue en torno al 55 %.
• Acceso a agua rural: hogares rurales sin fuente mejorada de agua pasaron de 37,3% a 30,7% entre 2022 y 2025, revirtiendo el deterioro del periodo 2016-2019.
• Indicadores de mortalidad: reducciones en mortalidad infantil, neonatal, en menores de cinco años y materna, aunque en continuidad con una tendencia previa.
• Educación superior: gratuidad de matrícula para el 97% de estudiantes de universidades públicas; más de 425.000 jóvenes ingresando al sistema.
El problema de fondo es de sostenibilidad, no de intención. Los avances sociales se financiaron con un déficit estructural, una regla fiscal suspendida y una inversión privada deprimida. Como advierte el análisis de exdirectivos de Fedesarrollo: sin recuperación de la inversión privada y sin ajuste fiscal, será muy difícil sostener la creación de empleo y los avances contra la pobreza. Un logro social que no se puede financiar el año siguiente no es un logro consolidado: es un anticipo sobre el bienestar futuro.
𝗖𝗼𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗶𝗼́𝗻: El cuatrienio 2022-2026 deja una paradoja que la ciencia política reconoce bien en gobiernos de vocación transformadora sin capacidad de ejecución: mejoraron los indicadores que dependen del ingreso de los hogares y se deterioraron todos los que dependen de la capacidad del Estado. Bajó la pobreza y subió el número de hombres en armas. Creció el presupuesto de salud y se duplicaron las tutelas. Aumentó el gasto público y se perdió el ancla fiscal. Se ganó visibilidad internacional y se perdió la relación con el principal socio comercial.
Eso no es mala suerte ni sabotaje institucional: es la consecuencia previsible de un modelo de gobierno que privilegió la confrontación sobre la concertación, la lealtad ideológica sobre la capacidad técnica, y la narrativa sobre la evaluación. Las instituciones que se atacaron —Corte Constitucional, Consejo de Estado, Banco de la República, Registraduría, CNE, Contraloría— fueron precisamente las que sostuvieron la continuidad del orden constitucional y permitieron una transmisión de mando pacífica el 7 de agosto de 2026.
El gobierno entrante recibe una tronera fiscal de $30 billones, un sistema de salud con $25,7 billones de deuda a prestadores, 28.802 hombres en armas, reservas de gas para menos de una década y una relación diplomática por reconstruir. Nada de eso se resuelve con la retórica opuesta a la que causó el problema. Se resuelve con lo que faltó: rigor técnico, evaluación independiente, respeto por los contrapesos y disciplina fiscal. La alternancia democrática no arregla nada por sí sola; apenas abre la oportunidad de corregir el rumbo.
Eʟ Pᴀɪ́s ᴛᴏᴍᴀᴅᴏ ᴘᴏʀ ᴄʀɪᴍɪɴᴀʟᴇs ᴀʀᴍᴀᴅᴏs: ᴇʟ ʟᴇɢᴀᴅᴏ ᴍᴀ́s ᴄᴏᴍᴘʟᴇᴊᴏ ᴏ̨ᴜᴇ ᴅᴇᴊᴀ ᴀ ʟᴏs ᴄᴏʟᴏᴍʙɪɴᴏs ᴇʟ Gᴏʙɪᴇʀɴᴏ Pᴇᴛʀᴏ
El crecimiento de los grupos armados ilegales es uno de los legados más complejos y documentados del gobierno saliente de Gustavo Petro, 2022-2026, según datos de la Fundación Ideas para la Paz -FIP- basados en información oficial del Ministerio de Defensa. El informe de julio de 2026 registra un paso de 15.120 integrantes en diciembre de 2022 a 28.802 en julio de 2026, más del 90%, más de 13.682 personas irregulares en armas. El Clan del Golfo, Ejército Gaitanista de Colombia, pasó de 4.061 a 10.268, más del 152%; el ELN de 5.851 a 7.123, más del 22%; las disidencias de las FARC con todas sus estructuras como el EMC de Iván Mordisco, el EMBF de Calarcá y otras, además de estructuras nuevas como ACSN y Comuneros del Sur, también crecieron de forma significativa. Esto coincidió con al menos 14 escenarios de enfrentamientos simultáneos y expansión en zonas de economías ilícitas.
¿Cómo se explica de forma objetiva el fenómeno de la “Paz Total” hecha impunidad e inseguridad total?
La política buscaba diálogos simultáneos con múltiples actores como el ELN, disidencias, Clan del Golfo, bandas urbanas y otros, bajo la premisa de ceses al fuego, suspensión de ofensivas y designación de “gestores de paz” para avanzar hacia desarmes y reincorporación. Desde la ciencia política y la teoría del Estado, esto generó un problema clásico de riesgo moral e incentivos asimétricos: los grupos obtuvieron respiros operativos ideales para su accionar sin límites, como suspensión de capturas, protección temporal, menor presión militar en ciertos periodos, sin entregar resultados verificables de desarme a gran escala. La fuerza pública reportó muchos acuerdos y protocolos, pero pocos desarmes concretos, el más tangible involucró a unos 99 integrantes de la CNEB con entrega limitada de armas en Putumayo. La mayoría de mesas se fragmentaron, se suspendieron o no avanzaron a reincorporación plena.
Desde la economía política del conflicto, los grupos aprovecharon el espacio para reclutar nuevos integrantes, incluyendo menores de edad, rearmarse, reorganizarse y consolidar control territorial en corredores de coca, minería ilegal y extorsión. La FIP identifica alrededor de 13 desaciertos en la implementación de esta política como desconexión entre política de paz y seguridad, falta de condicionamientos claros, debilidad en el seguimiento y en la capacidad estatal de imponer costos. Indicadores asociados empeoraron o se mantuvieron altos: homicidios en niveles elevados, alrededor de 14.000 en 2025, aumento de extorsión, masacres, desplazamientos y confinamientos en zonas como Catatumbo, Cauca, Antioquia, Chocó y Arauca. Casos como el de alias Calarcá, quien fuera designado gestor de paz, con suspensión de capturas pese a señales de continuidad criminal, incluyendo reclutamiento y hechos atribuidos a su estructura, así como privilegios a cabecillas ilustran la contemporización criticada: se les otorgó libertad de movimiento relativa mientras expandían poder.
Esto no niega que el conflicto ya venía reconfigurándose desde antes con la fragmentación post-Acuerdo de 2016 y el auge de economías ilícitas, así como ausencia de avances puntuales en negociación o en implementación del Acuerdo de 2016, en especial en el tema de tierras y la reincorporación de firmantes previos. Pero el resultado agregado, medido por pie de fuerza y control territorial, es de fortalecimiento de los actores armados ilegales.
Relación con inseguridad y otros legados
El fracaso de la Paz Total se vincula directamente con la creciente inseguridad ciudadana y la erosión de la capacidad coercitiva del Estado. Los “gestores de paz” y ceses generaron percepción, mientras en varios casos evidencia de impunidad o privilegios, debilitando la disuasión. De hecho, toda esta política se encargó, deliberadamente al parecer, de demoler las capacidades disuasivas del Estado frente a la criminalidad, horadaron la capacidad disuasiva de las FF.AA. y del poder judicial, justo con el ataque constante del jefe del Ejecutivo a las alcas cortes y al Consejo de Estado.
Respecto a si este y los escándalos de corrupción son los dos legados más complicados: son centrales, pero no los únicos. Los escándalos de la UNGRD con desvíos y presuntos pagos a congresistas, casos vinculados a familiares y allegados, irregularidades en contratación, infiltraciones reportadas y privilegios a estructuras criminales erosionaron la confianza institucional y la legitimidad.
Hay que sumar dos más de alto impacto estructural:
Deterioro fiscal: La deuda pública bruta del Gobierno Nacional Central se ubicó en torno al 60-61 % del PIB (niveles históricamente elevados), con aumentos absolutos significativos y un mayor peso de la deuda interna (más costosa). Déficits elevados con proyecciones en el rango de 5-7% del PIB en años recientes, con balance primario deteriorado, altos pagos de intereses futuros y menor espacio fiscal para el gobierno entrante. Esto limita inversión pública y genera presión sobre la sostenibilidad.
Desafíos energéticos: Caída en la producción de gas natural, con niveles bajos históricos en algunos meses y reservas probadas reducidas, aumento de las importaciones, pasando de niveles bajos a 20-30% de la demanda en ciertos periodos, aumentando los riesgos de desabastecimiento o alzas de precios, en un contexto de política de no nuevas exploraciones de hidrocarburos y presiones sobre Ecopetrol en sus finanzas, gerencia y producción. El fenómeno de El Niño agravó alertas.
Empero, ¿Qué resultó más nocivo para la sociedad y al Estado mismo?
No hay una métrica única. Desde el impacto directo en la vida de los ciudadanos y la gobernabilidad territorial, el deterioro de la seguridad y el fortalecimiento de grupos armados genera los efectos más inmediatos y costosos como la violencia, el desplazamiento forzado, la pérdida de monopolio de la fuerza, daño a la imagen internacional y a la inversión privada. La corrupción debilita la confianza y facilita la captura del Estado. El déficit fiscal y el descalabro energético condicionan el margen de maniobra económica del gobierno entrante y la competitividad a mediano plazo, impactada por los altos costos energéticos y del servicio de deuda. Están interconectados: la debilidad estatal facilita economías ilícitas que financian grupos, mientras el deterioro fiscal y energético reduce recursos para seguridad y desarrollo rural.
Un análisis disciplinar desde la ciencia política, la economía política, la teoría del Estado y la misma administración pública, apunta a serias fallas de diseño e implementación de la política de paz: ausencia de condicionamientos creíbles, débil capacidad de enforcement, desarrollando incentivos perversos y desalineación entre narrativa política y capacidades institucionales. Los datos de fuentes como FIP, Ministerio de Defensa, reportes fiscales y sector energético permiten juicios basados en evidencia, más allá de afiliaciones. El gobierno entrante hereda un escenario de mayor fragmentación armada, restricciones fiscales y retos de seguridad energética que requerirán estrategias realistas de recuperación de control territorial, consolidación fiscal y redefinición de la política energética.
#ATENCIÓN | Un informe de la Fundación Ideas para la Paz (@ideaspaz) revela que a julio de 2026 los grupos armados ilegales en Colombia cuentan con 28.802 integrantes, frente a 15.120 en diciembre de 2022, primer año de Gobierno de Gustavo Petro (@petrogustavo), lo que representa un incremento del 90%.
Vía: @Crriss88
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Dᴇsᴠᴀʀɪ́ᴏs ᴏ Rᴇᴀʟɪᴅᴀᴅᴇs: Vᴀʟᴏʀᴀᴄɪᴏ́ɴ ᴀᴄᴀᴅᴇ́ᴍɪᴄᴀ sᴏʙʀᴇ ʟᴀs ᴅᴇᴄʟᴀʀᴀᴄɪᴏɴᴇs ᴅᴇʟ ᴘʀᴇsɪᴅᴇɴᴛᴇ Gᴜsᴛᴀᴠᴏ Pᴇᴛʀᴏ ʀᴇsᴘᴇᴄᴛᴏ ᴀ “ɢᴜᴀʀᴅɪᴀs ʟɪʙᴇʀᴛᴀᴅᴏʀᴀs”, ᴀsᴀᴍʙʟᴇᴀs ᴛᴇʀʀɪᴛᴏʀɪᴀʟᴇs ʏ ᴇʟ ᴛʀᴀsᴘᴀsᴏ ᴅᴇ ᴍᴀɴᴅᴏ 2026
Buena parte de las alocuciones del Señor Presidente Gustavo Petro suelen ser auténticos desvaríos; sin embargo, todos sus textos públicos y discursos, principalmente sus últimos mensajes en X, deben ser valorados a la luz del marco constitucional vigente, de los principios de ciencia política y teoría del Estado, así como los hechos electorales oficiales. La ciudadanía debe ser informada de manera objetiva, rigurosa y comprensible, sin tomar partido político y distante de discusiones de devotos de lado y lado.
1. Sobre la implementación de “guardias libertadoras” y “asambleas territoriales” a las que debería estar sometido el Ejército
En su mensaje del 3 de agosto de 2026, el presidente Petro llamó a organizar “guardias libertadoras” en el Cauca y a aprovechar asambleas populares el 7 de agosto en Cali, como “formas de milicia popular”. Afirmó que éstas solo obedecen órdenes de su comunidad en asambleas, las cuales decide si se arman o no, y que deben actuar “en coordinación con el Ejército Nacional allí donde el Ejército decida cumplir con la orden constitucional de defender al pueblo”. Agregó que, donde mandos se pongan “en nómina de las mafias”, los soldados tienen derecho a exigir el cambio de mandos o a desobedecer.
Desde la teoría del Estado, Max Weber, el Estado moderno se define por el monopolio legítimo de la violencia física en un territorio, noción que el filósofo colombiano Darío Botero Uribe definió como ‘violencia del poder’ ejercido por el Estado legítimamente constituido, frente al ‘poder violencia’ ejercido por criminales organizados. La Constitución Política de Colombia, Artículo 216 y 217, establece que la Fuerza Pública está integrada exclusivamente por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. El Acto Legislativo 05 de 2017, Artículo 22A, prohíbe expresamente la creación, promoción, organización o apoyo a grupos civiles armados de cualquier denominación, como autodefensas, paramilitares u equivalentes.
Las “asambleas territoriales” que decidirían sobre armamento y mando de estas guardias, y a las que se sometería parcialmente el Ejército, carecen de fundamento constitucional. La cadena de mando militar es jerárquica, unitaria y responde al Presidente de la República en ejercicio como Comandante en Jefe y, a través de él, al orden constitucional, no a asambleas locales o comunitarias. Someter la Fuerza Pública a decisiones de asambleas paralelas genera un esquema de doble poder o dualidad de mandos, incompatible con el principio de unidad del Estado.
2. ¿Pretende el Presidente saliente reestructurar de facto la cadena de mando de las FF.AA.?
Las afirmaciones sobre el derecho de los soldados a desobedecer “oficiales mafiosos” y a coordinarse con milicias populares que responden a asambleas implican, en la práctica, una fractura de la cadena de mando formal. En derecho militar y constitucional colombiano, la obediencia debida existe, pero los límites se establecen por la ley y la Constitución, órdenes manifiestamente ilegales o violatorias de derechos humanos, no por valoración política o comunitaria de “quién sirve al pueblo”.
Una reestructuración de facto, sin reforma constitucional ni legal, de la subordinación militar vulneraría el principio de jerarquía y la finalidad constitucional de las Fuerzas Militares: defender la soberanía, la independencia, la integridad territorial y el orden constitucional, Artículo 217. No existe mecanismo legal vigente que permita al Presidente saliente, a punto de terminar su mandato, alterar esta estructura.
3. ¿Pretende estructurar el ejercicio de su tesis como “Jefe de medio país”? ¿Representa un nuevo movimiento subversivo? ¿Bajo qué marco jurídico o de legalidad?
La idea de “poder popular efectivo” en territorios y de “gobierno real” a través de asambleas y guardias, combinada con el rechazo a la legitimidad del presidente electo, se acerca a la construcción de un poder paralelo o dual. En ciencia política, esto recuerda conceptos de “doble poder”, dado en situaciones revolucionarias históricas, o de “Estado dentro del Estado”.
No existe estructura de legalidad que permita implementar una fuerza pública o gobierno paralelo al Estado de Derecho. La Constitución no contempla milicias populares armables por decisión asamblearia ni un “jefe de medio país”. Cualquier organización armada civil organizada con fines de control territorial o resistencia al poder público constituido cae bajo la prohibición del Artículo 22A y puede configurar delitos contra la seguridad pública, sedición o concierto para delinquir, según la tipificación penal concreta. Constitucional y legalmente, el Presidente Petro no puede hacerlo: sus facultades terminan con el mandato y no incluyen la creación de estructuras armadas paralelas.
4. Riesgos frente a la democracia, el orden constitucional, la tranquilidad ciudadana y la alternancia del poder
Los principales riesgos a la institucionalidad y a la misma sociedad identificados por analistas y por el propio diseño constitucional son los siguientes:
i) Fragmentación del monopolio de la fuerza: En un país con historia de grupos armados ilegales, legitimar milicias civiles aumenta el riesgo de nuevos actores armados, independientemente de la intención declarada.
ii) Debilitamiento de la unidad de mando y posible polarización dentro de la Fuerza Pública.
iii) Amenaza a la alternancia pacífica del poder: La posesión del presidente electo prevista para el 7 de agosto de 2026. Convocar asambleas ese mismo día para organizar “formas de la resistencia” y “poder popular” introduce un elemento de presión o disputa simbólica y material sobre el traspaso.
iv) Afectación a la tranquilidad ciudadana: Mensajes que evocan armamento comunitario y desobediencia militar elevan la percepción de inseguridad e incertidumbre institucional.
v) Normalizar hechos de irresponsabilidad política sin precedentes: Mensajes que convocan devotos, oligofrénicos algunos de ellos, a la confrontación ciudadana y con las fuerzas del orden, basados o inspirados en los delirios de un mal manejo del duelo sobre el fracaso electoral, con actitudes y reacciones no propias de un autodenominado demócrata.
Desde la teoría democrática, la alternancia del poder es un pilar esencial. Cualquier iniciativa que debilite la aceptación de los resultados oficiales y la subordinación de las fuerzas armadas al orden constitucional genera riesgos sistémicos.
5. Relación con la insistencia en un supuesto fraude electoral y el desconocimiento de resultados
El Consejo Nacional Electoral confirmó oficialmente los resultados de la segunda vuelta del 21 de junio de 2026: Abelardo de la Espriella obtuvo aproximadamente 12.960.166 votos y Iván Cepeda 12.708.312, con una diferencia cercana a 252.000 votos. Iván Cepeda reconoció públicamente el resultado. Sin embargo, el Presidente Petro se resiste a hacerlo, alegando un supuesto fraude, sin mostrar pruebas reales de ello.
El presidente Petro ha insistido reiteradamente en la existencia de un fraude algorítmico y de origen extranjero, afirmando que el presidente legítimo es Iván Cepeda. Estas afirmaciones se mantienen a días del traspaso de mando. De hecho, presentó un supuesto experto en fraudes electorales, quien, al parecer, según información de críticos en medios, resultó ser él mismo un fraude, pues su oficio y expertez real es la organización de conciertos (de rock) que ha venido contratando con el gobierno saliente. Información ésta que empantana aún más el ambiente político adverso al discurrir normal y ordenado del régimen político colombiano en alternancia de mando, tal como lo ordena la Carta.
En ciencia política y derecho constitucional, el desconocimiento sistemático de los resultados oficiales por parte del presidente saliente, cuando las autoridades electorales y el candidato derrotado los han aceptado, debilita la legitimidad del proceso de transición. La insistencia en un “presidente ilegítimo” combinada con el llamado a organizar estructuras de “poder popular” y milicias puede interpretarse como un intento de mantener influencia política y territorial más allá del mandato constitucional, generando un escenario de contestación al poder electo.
Conclusión pedagógica
El orden constitucional colombiano se sustenta en el monopolio estatal de la fuerza, la unidad de mando de la Fuerza Pública y el respeto a los resultados electorales certificados. Las declaraciones analizadas tensionan estos pilares al proponer estructuras paralelas de decisión y eventualmente de fuerza, y al cuestionar la legitimidad del presidente electo. Los ciudadanos tienen derecho a la información clara: la Constitución no autoriza milicias populares ni asambleas que subordinen al Ejército, ni permite al presidente saliente reconfigurar el poder público de facto. La defensa de la democracia pasa por el respeto a las instituciones, a la legalidad y a la alternancia pacífica del poder. Cualquier diferencia política legítima debe tramitarse dentro del marco constitucional, no al margen de él. Enarbolar ideas ´revolucionarias’ a la vieja y anacrónica usanza para exasperar un pueblo incauto, devotos desprevenidos, crédulos y oligofrénicos buena parte de ellos, es un deliberado acto de irresponsabilidad y estupidez política, desdice mucho más de las calidades del líder, quien en la práctica, termina ejerciendo pleno en todo lo opuesto a eso que dice ser, emergiendo como un auténtico antidemócrata.
El Señor Expresidente Gustavo Petro, como todos los expresidentes de Colombia, debería irse a vacacionar permanente y dejar descansar a los colombianos, liberarse de todos los dioses y demonios del poder, olvidarse de todo aquello que hizo y dejó de hacer; olvidarse de su desastre de gobierno y dejar gobernar a quien legal y legítimamente lo sustituye. Los expresidentes deberían dejar el país en paz. ¿Quién los necesita? ¡Nadie! Deberían ser exiliados en una isla paradisiaca y solitaria en lo más recóndito del Pacífico Sur, donde no tengan oportunidad de hacerle más daño al país con sus delirios y nostalgias por aquello que prometieron y no hicieron, deberían irse a gozar de su jubilación inmerecida y dejar en libertad a sus frustrados seguidores, no alimentarles el odio ni su frustración con su cinismo y nostalgias del poder que no supieron aprovechar para el bien del pueblo que se los confirió en las urnas.
Como se trata de hechos, no solo palabras, surgen varias preguntas incómodas: Una, ¿Está el Presidente saliente configurando un golpe de Estado al nuevo mandatario de los colombianos? En atención a su discurso de la imposibilidad que manifiesta tendría el Señor De la Espriella de terminar su mandato. Dos, ¿La famosa “desobediencia civil” hecha desobediencia institucional y constitucional se perfila como estrategia de lucha para incendiar el país a partir del mismo 7 de agosto 2026? Y, tres, ¿Qué pretende realmente Gustavo Petro con las famosas “guardias libertadoras” y “asambleas territoriales” que enuncia frente al traspaso de mando 2026 y su legítimo derecho a ejercer la oposición al nuevo gobierno?
!GRAVE ALERTA DEMOCRÁTICA!
Lo dicho por Petro hoy en Soacha sobre “guardias libertadoras” y una Fuerza Pública sometida a “asambleas territoriales” constituye un antecedente gravísimo:
1️⃣ Desconoce la cadena de mando constitucional.
2️⃣ Legitima poderes paralelos en los territorios.
3️⃣ Amenaza la unidad del Estado y el monopolio legítimo de la fuerza.
La Fuerza Pública no obedece asambleas políticas ni milicias populares: actúa bajo la Constitución, la ley y su cadena de mando. ¡La democracia se defiende!
Cᴏ́ᴍᴏ Iɴᴛᴇʀᴘʀᴇᴛᴀʀ ʟᴀs ᴅᴇɴᴜɴᴄɪᴀs ᴅᴇ ғʀᴀᴜᴅᴇ ᴇʟᴇᴄᴛᴏʀᴀʟ ᴅᴇʟ ᴘʀᴇsɪᴅᴇɴᴛᴇ Gᴜsᴛᴀᴠᴏ Pᴇᴛʀᴏ ᴇɴ ʟᴀs ᴇʟᴇᴄᴄɪᴏɴᴇs ᴘʀᴇsɪᴅᴇɴᴄɪᴀʟᴇs ᴅᴇ Cᴏʟᴏᴍʙɪᴀ 2026: A ᴅᴏ́ɴᴅᴇ ᴄᴏɴᴅᴜᴄᴇɴ: ¿Dᴇsᴏʙᴇᴅɪᴇɴᴄɪᴀ ᴄɪᴠɪʟ ᴏ ᴅᴇsᴏʙᴇᴅɪᴇɴᴄɪᴀ ɪɴsᴛɪᴛᴜᴄɪᴏɴᴀʟ ʏ ᴄᴏɴsᴛɪᴛᴜᴄɪᴏɴᴀʟ?
Las elecciones presidenciales de segunda vuelta del 21 de junio de 2026 enfrentaron a Abelardo de la Espriella, Defensores de la Patria, e Iván Cepeda del Pacto Histórico. El resultado fue estrecho pero concluyente. El Consejo Nacional Electoral -CNE- culminó el escrutinio nacional el 24 de junio de 2026 y declaró electo a De la Espriella con 12.960.166 votos frente a 12.708.312 de Iván Cepeda, con una diferencia de 251.854 sufragios. El total de votantes superó los 26,3 millones, con una participación histórica del 63,6 %. El CNE emitió las credenciales correspondientes y el proceso administrativo cerró formalmente. Estas cifras coinciden en más del 99,97 % con el preconteo informativo de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
La Registraduría Nacional del Estado Civil ha sostenido de manera reiterada la integridad del proceso electoral colombiano. El 4 de agosto de 2026, la entidad publicó el informe final de la auditoría externa internacional del Centro de Asesoría y Promoción Electoral realizada por CAPEL, del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. CAPEL concluyó que no se identificaron hallazgos de manipulación, alteración o fabricación sistemática de datos; los sistemas tecnológicos, el preconteo, el escrutinio, los formularios E-14 y los mecanismos de seguridad mantuvieron integridad, trazabilidad y coherencia estadística. No hubo modificaciones no autorizadas ni incidentes críticos.
La Misión de Observación Electoral (MOE) de la sociedad civil colombiana, que desplegó observación en cientos de mesas y puestos a lo largo del territorio, reportó una jornada en general tranquila, con alta participación y coincidencia elevada entre preconteo y escrutinio. Señaló irregularidades puntuales (presuntos casos de compra de votos o constreñimiento, problemas de neutralidad de algunos jurados), pero no fraude sistemático capaz de alterar el resultado nacional. Misiones internacionales, incluida la de la Unión Europea, descartaron fraude y destacaron el cumplimiento de la legislación y la confiabilidad del sistema de gestión de resultados. Transparencia Electoral subrayó la coincidencia del 99,997 % entre preconteo y escrutinio jurídico definitivo como prueba técnica de solvencia del sistema.
El escrutinio oficial se realiza sobre los formularios E-14 físicos de “claveros”. Estos son actas diligenciadas a mano por los jurados de mesa, ciudadanos seleccionados aleatoriamente, al cierre de la votación, en presencia de testigos de partidos, observadores y autoridades del Ministerio Público. Se elaboran tres ejemplares idénticos: uno de transmisión, aplicado en el preconteo informativo, uno de delegados, el cual fue digitalizado y publicado para verificación pública, y el de los claveros, que es el portador de valor jurídico, que viaja sellado junto con las tarjetas y el material electoral hasta las comisiones escrutadoras. Jueces y notarios, integrados en las comisiones escrutadoras municipales, departamentales y nacional, verifican consistencia aritmética, firmas, ausencia de enmendaduras y reclamos. Cualquier inconsistencia puede llevar a recuento de urnas. El CNE consolida el resultado final y declara la elección. Este es el proceso real, no una transmisión digital aislada susceptible de “algoritmos” unilaterales.
Las denuncias del presidente Petro —reiteradas a pocos días de dejar el cargo el 7 de agosto de 2026— afirman un “fraude electoral a partir del manejo del software y los algoritmos”, manipulación de formularios E-14, eliminación de “candado hash” y “estampilla de tiempo”, e incluso intervención de software israelí. Presentó como evidencia análisis de “testigos digitales” y la intervención de Carlos Oñoro, un gestor cultural y empresario de la música muy afín al gobierno, presentado como experto. Oñoro expuso gráficas según las cuales en 150.000 “municipios” o “pueblos” Cepeda habría obtenido cifras que, extrapoladas, generaban mayorías imposibles, decenas de millones de votos. Colombia tiene, según el DANE y la DIVIPOLA, 1.103 municipios. El error factual básico desacredita la base de la argumentación y convierte el ejercicio en un absurdo estadístico. La Registraduría y verificadores independientes han desmentido la eliminación de controles criptográficos y de metadatos; estos permanecen disponibles para auditores, partidos y observadores. Las publicaciones de la Presidencia, RTVC y Señal Colombia que amplifican estas afirmaciones sin contrapeso técnico equivalente generan un problema institucional grave. Los medios públicos no son portavoces del presidente saliente; su función es informar con rigor y equilibrio. Difundir denuncias sin pruebas verificables, con datos erróneos evidentes y contradichas por las autoridades electorales, las auditorías internacionales y las misiones de observación, erosiona la confianza ciudadana y utiliza recursos del Estado para sostener una narrativa partidista.
¿Qué gana el presidente con esta versión? En términos políticos inmediatos, mantiene movilizada una base, cuestiona la legitimidad del sucesor y proyecta la imagen de “defensor de la soberanía popular” frente a un supuesto complot externo. En términos institucionales, el costo es alto: debilita el principio de aceptación de los resultados electorales, que es pilar de cualquier democracia representativa. Fomenta polarización, sembrar duda permanente sobre las instituciones y dificulta la transición pacífica. La democracia no se sostiene solo en el voto; se sostiene en la aceptación de la derrota cuando las reglas se han cumplido y las autoridades competentes han certificado el resultado.
Desde la teoría constitucional y electoral, este episodio configura un riesgo de ruptura institucional. La Constitución de 1991 establece un Estado de derecho en el que la soberanía popular se expresa a través de mecanismos reglados con el Código Electoral, las funciones de la Registraduría y del CNE, además del control judicial. El presidente en ejercicio tiene el deber de garantizar la continuidad institucional, no de desconocer los actos de las autoridades electorales autónomas sin pruebas que superen el umbral de la acción de nulidad electoral ante el Consejo de Estado. Insistir en fraude “demostrado” cuando las auditorías, los observadores y el escrutinio formal lo contradicen desplaza el debate del terreno jurídico al de la narrativa política. Es un ejercicio de deslegitimación preventiva que, si se generaliza, vacía de contenido el principio de alternancia y la confianza en las reglas del juego.
La verdad institucional no es la versión del presidente ni la de sus críticos. Es la que surge del proceso legal: formularios físicos, escrutinio por jueces y notarios, certificación del CNE, auditorías técnicas independientes y observación ciudadana e internacional. Mientras no exista una sentencia judicial que anule la elección presidencial, y hasta la fecha no la hay, el resultado es legítimo. La ciudadanía tiene derecho a exigir pruebas sólidas, no extrapolaciones basadas en datos erróneos sobre el número de municipios del país. La democracia colombiana se fortalece cuando las instituciones prevalecen sobre las narrativas, no al contrario.
"Por primera vez se desarrolla un fraude electoral a partir del manejo del software y los algoritmos. El mensaje al mundo es que cualquier elección puede ser manipulada a través de este tipo de software. El negocio es acabar con la democracia y la soberanía popular. Colombia no es el primer caso; ya van cinco casos de manipulación de elecciones con software israelíes, según lo que nos reporta la prensa", afirmó el presidente @PetroGustavo durante sus declaraciones a medios nacionales e internacionales.
#ElGranFraudeElectoral
Eʟ Sɪsᴛᴇᴍᴀ ᴅᴇ Sᴀʟᴜᴅ Cᴏʟᴏᴍʙɪᴀɴᴏ ᴀʟ ᴄɪᴇʀʀᴇ ᴅᴇʟ Gᴏʙɪᴇʀɴᴏ 2022-2026: A ᴘʀᴏᴘᴏ́sɪᴛᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴄᴏɴᴅᴇᴄᴏʀᴀᴄɪᴏ́ɴ ᴀʟ Mɪɴɪsᴛʀᴏ Jᴀʀᴀᴍɪʟʟᴏ!
Desde la Economía Política, las Ciencias Administrativas y la Administración Pública, el Sistema General de Seguridad Social en Salud -SGSSS- debe evaluarse tanto por su capacidad de asignar recursos de forma eficiente y equitativa, generar incentivos alineados con resultados en salud, sostenerse financieramente y garantizar acceso efectivo mediante instituciones transparentes y evaluables, como por la satisfacción de los usuarios, que según informes e innumerables denuncias, les ha tocado asumir altos costos en salud con el presupuesto de sus hogares, en tanto el Sistema no responde en forma efectiva a las necesidades de los pacientes. La condecoración al ministro Guillermo Alfonso Jaramillo es secundaria e intrascendente frente a lo verdaderamente relevante; el estado real del sistema que recibe el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella para el periodo constitucional 2026-2030.
Logros verificables y tendencias positivas
El gobierno saliente reporta la mayor inversión presupuestal histórica en salud. El presupuesto del sector creció de manera significativa, alrededor de 50 % en términos reales según cifras oficiales, con aumentos en la Unidad de Pago por Capitación -UPC- y recursos adicionales orientados a atención primaria. Aunque, el tema de los pagos por Capitación arrastra serias discusión entre los actores involucrados, en especial por los montos y el pago no oportuno a las EPS.
Indicadores de mortalidad infantil, neonatal, en menores de cinco años y materna muestran reducciones entre 2022 y 2025, datos preliminares DANE y Minsalud: mortalidad infantil pasó de tasas cercanas a 11,7 a alrededor de 10,2 por mil nacidos vivos; mortalidad por desnutrición en menores de cinco años cayó cerca del 60 % en número de casos; mortalidad materna también descendió. Estas mejoras continúan una tendencia de largo plazo previa a 2022, impulsada por determinantes sociales, vacunación y recuperación post-pandemia, aunque la expansión de Equipos Básicos de Salud (EBS) pudo contribuir en zonas prioritarias.
Se reportan miles de proyectos de infraestructura y dotación hospitalaria, entrega de ambulancias y vehículos, y un despliegue masivo de EBS, cifras oficiales hablan de más de 10.000-14.000 equipos y atención a 9-10 millones de hogares/familias. El esfuerzo por reorientar hacia un modelo preventivo y de atención primaria es conceptualmente sólido desde la salud pública.
Deterioro financiero y de sostenibilidad
Desde la Economía Política, el problema central es la insuficiencia relativa de recursos frente a la demanda y los costos reales. Es en este campo donde se hace evidente la contradicción, pues mientras el Gobierno habla de haber duplicado el gasto en salud, múltiples análisis como los de Fedesarrollo, ANIF, gremios, observatorios y fallos de la Corte Constitucional documentan siniestralidad del sistema por encima del 100-105 %, con gastos médicos superiores a ingresos por UPC, patrimonio neto consolidado de las EPS negativo en montos de varios billones, con cifras cercanas a 10-18 billones según cortes, y deudas acumuladas con hospitales y clínicas en el rango de 25-33 billones de pesos.
Las EPS intervenidas, incluyendo Nueva EPS, la de mayor tamaño en el país, mostraron peores indicadores: siniestralidad superior al 117 % en algunos periodos y deudas superiores a 22 billones en Nueva EPS, con patrimonio negativo elevado. El gobierno sostiene que los recursos se giraron y que el problema es de gestión e intermediación; los datos financieros de las entidades y las quejas de prestadores apuntan a una combinación de UPC ajustada por debajo de las proyecciones técnicas de costos, con incrementos frecuentemente cercanos a inflación, mientras salarios, tecnologías y frecuencias de uso crecieron más, así como debilidades de control.
Esto generó un círculo vicioso de iliquidez: hospitales e IPS acumularon cartera, redujeron capacidad o condicionaron servicios, lo que afectó la atención.
Acceso efectivo, gasto de los hogares y judicialización
El gasto de bolsillo de los hogares aumentó de forma importante. Reportes basados en la Encuesta de Calidad de Vida del DANE indican crecimientos del orden del 50-57 % entre 2022 y 2025 en el gasto directo en salud, con mayor impacto relativo en hogares de menores ingresos y zonas rurales. El peso del gasto de bolsillo como proporción del gasto corriente en salud también subió, por lo menos en un 16-17%.
Las tutelas por derecho a la salud se dispararon: alrededor de 265.000 en 2024 y cerca de 312.500 en 2025, aproximadamente un tercio del total de tutelas del país, con altas tasas de concesión. Las PQRSD y reclamos por barreras de acceso como medicamentos, citas especializadas, procedimientos, también crecieron de manera sostenida. Esto evidencia que los canales ordinarios del sistema fallaron para una proporción creciente de la población, especialmente pacientes de alto costo y crónicos.
No existe un conteo oficial consolidado y confiable de muertes atribuibles directamente a desatención; las cifras de mortalidad general muestran mejoras en algunos indicadores, pero las barreras reportadas generan sufrimiento, retrasos y costos humanos no cuantificados plenamente.
Equipos Básicos de Salud y el experimento del FOMAG
La inversión en los llamados Equipos Básicos en Salud -EBS-, varios billones de pesos gastados, es el principal instrumento de la apuesta por atención primaria. Sin embargo, desde la Administración Pública se observa debilidad en su gobernanza: plataformas de seguimiento intermitentes o incompletas, discrepancias entre equipos “asignados” y operativos reales en algunos territorios, y ausencia de evaluaciones de impacto independientes y rigurosas que permitan atribuir causalmente las mejoras de mortalidad a este programa. El propio Ministerio de Salud ha reconocido que no es el único factor.
Hay evidencia en rendiciones de cuentas y otras formas de documentación que hospitales locales y regionales de primer nivel se gastaron entre 5 y 10 mil millones en los EBS, equipos que demandaron la suscripción de 400 a 600 contratos para su despliegue, cuyos resultados no siempre fueron visibles ni auditables, y no muy sostenibles. Usuarios denuncian que recibieron esos equipos en sus hogares, atendieron sus entrevistas, les firmaron sus planitas y evidencias, pero que más nunca volvieron. De hecho, hay denuncias documentadas sobre la utilización de estos EBS para hacer proselitismo electoral en comunidades indígenas y campesinas apartadas, caso equipos básicos del municipio de Uribia en La Guajira, donde se evidenció que en esas visitas a hogares y rancherías se invitaba a votar por el candidato oficialista.
El cambio de modelo en el FOMAG, sistema de salud de maestros, funcionó como un piloto de facto de mayor rol público/directo. Los resultados fueron problemáticos: aumento fuerte de costos, reducción drástica de la red de IPS adscritas, incremento de quejas y tutelas, hallazgos de control fiscal y, en 2025-2026, interrupciones o amenazas de suspensión de servicios por falta de contratos y pagos. Esto ilustra los riesgos de transformar la intermediación sin mecanismos robustos de financiamiento, auditoría y continuity of care.
Dimensión institucional e ideológica
El gobierno enfatizó un diagnóstico de “intermediación ineficiente y lucro privado” y buscó fortalecer la red pública y el rol estatal con intervenciones de la Superintendencia, giro directo y los EBS. Desde la Ciencia Administrativa, las intervenciones masivas no resolvieron la crisis financiera de las entidades intervenidas y, en varios casos, la profundizaron, mientras aumentaba la judicialización. La polarización ideológica dificultó consensos técnicos sobre el cálculo de la UPC y la arquitectura del sistema. Decisiones políticas ideologizadas primaron sobre el carácter técnico del sector, con grandes desaciertos, incluso nombrando agentes cuestionados y procesados por corrupción, pues al parecer, primaron las filiaciones ideológicas y lealtades clientelares que la razón administrativa eficiente, técnica y honesta para la administración de lo público.
¿Cómo queda el sistema y el plan de choque entrante?
Al cierre de 2026 el SGSSS mantiene cobertura formal cercana al 97-99%, con avances en prevención y algunos indicadores de salud pública, pero con una arquitectura financiera frágil, alta judicialización, mayor carga sobre los hogares y prestadores bajo presión de liquidez. No se “destruyó” el sistema de un día para otro, pero se profundizó un desequilibrio estructural preexistente como la UPC, la gobernanza del sistema y asimetrías de información, mediante decisiones de política que priorizaron cambios de modelo sobre la estabilización financiera inmediata.
El gobierno entrante ha anunciado un plan de choque de hasta 10 billones de pesos en los primeros 90-100 días, orientado a pagar deudas críticas con hospitales y clínicas, garantizar medicamentos y tratamientos interrumpidos, atender pacientes de alto costo y fortalecer controles con el Invima y otras estrategias. Desde la Administración Pública, esta inyección de liquidez es una respuesta racional de corto plazo ante una crisis de flujo de caja. Su éxito dependerá de que sea condicionada, auditada y acompañada de medidas estructurales: metodología técnica y transparente de la UPC, dado que acogerá estándares de la Corte, depuración de deudas, fortalecimiento de sistemas de información, evaluación rigurosa de la atención primaria y reglas claras de gobernanza que reduzcan la judicialización.
En síntesis, el legado es mixto, pero gravemente tensionado en lo financiero y operativo. La ciudadanía enfrenta un sistema con mayores barreras de acceso efectivo y mayor gasto propio, pese a mayores recursos públicos y mejoras en algunos indicadores de mortalidad. La recuperación exige priorizar evidencia técnica sobre narrativas ideológicas, restaurar la confianza entre actores y alinear incentivos hacia resultados de salud medibles y sostenibles.
Guillermo Alfonso Jaramillo ha he hecho la inversión presupuestal en salud más grande en la historia de Colombia
Ha logrado reducir sustancialmente las tasa de mortalidad infantil y materna del país
Ha logrado adelantar
2.600 proyectos de infraestructura hospitalaria
Ha logrado atender 10.000.000 de familias con el sistema de atención primaria.
Ha logrado sobreponer a la EPS : Nueva EPS después del robo de 22 billones d pesos por sus administradores privados.
Por eso se merece la orden de Boyacá.
Si alguna prueba faltaba para constatar que la “paz total” fue una farsa que buscaba proteger delincuentes más que otra cosa ,la detención ayer del gestor de Paz Luis C Ramirez dedicado al narcotráfico es la prueba que faltaba.
La condición de “gestor de paz” que se le dio a cuanto delincuente pasaba por las oficinas del comisionado Rueda ,es una de las páginas más sombrías del fracasado
Proceso de la “ paz total” , proceso que comenzó mal y concluyó peor.
Eʟ ғᴇɴᴏ́ᴍᴇɴᴏ ᴅᴇʟ ᴀᴄᴛɪᴠɪsᴛᴀ ғʀᴜsᴛʀᴀᴅᴏ: Eʟ ᴄᴀsᴏ Iᴠᴀ́ɴ Gᴀʟʟᴏ ʏ sᴜ ᴏᴘᴄɪᴏ́ɴ ᴅᴇ “ᴠᴏᴢ” ғʀᴇɴᴛᴇ ᴀʟ ᴄᴏʟᴀᴘsᴏ ᴅᴇ sᴜs ᴇxᴘᴇᴄᴛᴀᴛɪᴠᴀs ᴘᴏʟɪ́ᴛɪᴄᴀs
La aparición pública de Iván Gallo —periodista, historiador y comunicador vinculado a espacios afines al progresismo colombiano— expresando decepción, rabia y un sentido de traición hacia líderes de la izquierda a los que apoyó activamente, en particular hacia Iván Cepeda tras la derrota electoral de 2026, constituye un caso contemporáneo digno de análisis. No se trata de un simple “show mediático” ni de una anécdota personal, sino de un fenómeno recurrente en la historia de los movimientos ideológicos: el del militante o intelectual que, tras invertir tiempo, prestigio, capital simbólico y lealtad, experimenta el colapso de las expectativas depositadas en un líder o en un proyecto, y decide exponer públicamente esa ruptura.
1. Perspectiva de la ciencia política
Desde la ciencia política, este proceso puede entenderse a través de varios marcos. Max Weber distinguió entre liderazgo carismático y liderazgo racional-legal. Cuando un movimiento se organiza en torno a la figura de un “mesías” político, entendido como ese líder que encarna una supuesta pureza moral, la lucha histórica y la promesa de redención, la lealtad de los cuadros tiende a ser personalizada más que programática. Cuando ese líder falla —por errores estratégicos, por cerrazón, por aparente intolerancia a la crítica o por la simple derrota electoral—, el carisma se desgasta y se produce lo que Albert Hirschman denominó la opción de “voz”, protesta pública, frente a la de “salida” o de “lealtad silenciosa”.
Gallo parece haber transitado de la lealtad y apoyo público a la campaña, defensa mediática, intermediación con otros espacios a la voz airada: denuncia de supuestos intentos de censura, acusaciones de “estalinismo”, crítica al equipo de campaña y al “purismo intelectual”. Este patrón no es exclusivo de la izquierda; ocurre en cualquier movimiento con fuerte carga identitaria y moral. Sin embargo, en las tradiciones de izquierda latinoamericana ha sido particularmente visible porque la narrativa de “traición” o de “desviación” del proyecto original es culturalmente potente. El caso ilustra también el costo de la dependencia de liderazgos personalistas: cuando el proyecto se reduce al líder, la frustración de los cuadros se vuelve inevitable ante cualquier fracaso.
2. Perspectiva de la psicología política.
La psicología política ofrece herramientas especialmente útiles. La teoría de la disonancia cognitiva de León Festinger explica que cuando las creencias profundas en torno a un líder considerado intachable, el proyecto es históricamente necesario, la crítica interna debilita al “campo propio”, en tanto choca con la evidencia al presentarse la derrota, presuntas prácticas autoritarias y rechazo a la autocrítica, frente a lo cual el individuo experimenta un malestar intenso. Una de las vías de reducción de esa disonancia es la reevaluación pública del líder: convertirlo de “referente moral” en figura fallida o incluso “estalinista”.
Además, la identidad política funciona a menudo como identidad primaria. Para muchos activistas e intelectuales, el compromiso no es solo instrumental; es constitutivo del yo. Cuando ese yo se ve amenazado por el fracaso del proyecto, la reacción emocional —sudoración, alteración de la dicción, cercanía al llanto, lenguaje hiperbólico— no es teatro, sino expresión de una crisis identitaria. Se trata de lo que algunos autores llaman “trauma de la traición ideológica”: la sensación de haber entregado lo mejor de sí a alguien o a algo que no correspondió en la misma medida.
Esto no implica patologizar a Iván Gallo. Es un proceso humano y, en cierto sentido, saludable: la capacidad de revisar las propias lealtades es un indicador de autonomía psicológica. El riesgo aparece cuando la decepción se convierte en resentimiento permanente o en una inversión simétrica que, en ocasiones, suele pasar de la idealización a la demonización absoluta.
3. Perspectiva de la teoría de la comunicación.
Desde la comunicación política y la teoría del discurso, la “diatriba de decepción” funciona como un acto de habla performativo. Al hacer pública la ruptura, el hablante reconstruye su propia narrativa: deja de ser “el leal” para convertirse en “el que se atrevió a decir la verdad”. El formato audiovisual contemporáneo como streams, videos emocionales, redes sociales, amplifica el dramatismo y genera un espectáculo de autenticidad. El cuerpo sudoroso, la voz quebrada y la sinceridad “repugnante”, como la calificó un crítico, se convierten en prueba de veracidad ante la audiencia.
Este tipo de confesión pública tiene efectos ambivalentes. Por un lado, puede abrir espacio a la crítica interna y a la maduración del movimiento. Por otro, corre el riesgo de ser instrumentalizado por adversarios ideológicos y de reforzar la polarización: los propios lo ven como traición; los contrarios, como “prueba” de la naturaleza autoritaria del campo rival.
¿Es Iván Gallo un ejemplo típico del activista frustrado que revisa a sus líderes?
Parcialmente sí. Comparte rasgos clásicos: inversión emocional e ideológica alta, apoyo público sostenido, decepción post-derrota, exposición pública del líder y uso de un lenguaje de traición moral. Sin embargo, es prematuro afirmar que haya atravesado completamente a “la otra orilla”. Hasta ahora su crítica se mantiene dentro de un registro de izquierda desengañada o de progresismo crítico, no de conversión ideológica total. El proceso puede detenerse en la decepción o puede evolucionar hacia una revisión más profunda del horizonte ideológico.
La historia ofrece ejemplos más acabados. Plinio Apuleyo Mendoza es uno de los más claros en el ámbito colombiano y latinoamericano. Amigo cercano de García Márquez, director de Prensa Latina en Bogotá, simpatizante de la Revolución Cubana y de ideas de izquierda en su juventud, experimentó la decepción directa al conocer la realidad del socialismo real en un viaje a la Unión Soviética, caso Padilla, burocratización y censura. Su respuesta no fue solo emocional: produjo una revisión intelectual que lo llevó a defender la libertad individual y el pensamiento liberal, a coescribir Manual del perfecto idiota latinoamericano y a criticar sistemáticamente los autoritarismos de izquierda sin renunciar a una ética de la libertad. Otros casos clásicos son los de Arthur Koestler, Whittaker Chambers, o varios intelectuales del “Dios que fracasó”, muestran trayectorias similares: de la fe absoluta a la crítica radical, a veces con costos personales elevados.
Relevancia de la discusión para la formación ciudadana en este país de devotos
Este fenómeno no debe celebrarse ni ridiculizarse. Debe estudiarse. Una ciudadanía madura necesita comprender que:
i) Ningún líder, por más carismático o moralmente intachable que parezca, está por encima de la crítica.
ii) La lealtad ideológica ciega produce, tarde o temprano, decepción y amargura.
iii) La capacidad de revisar las propias lealtades —sin caer en el cinismo ni en la conversión oportunista— es una virtud democrática.
iv) Los movimientos políticos que no toleran la “voz” interna terminan generando frustración acumulada que eventualmente estalla.
El caso de Iván Gallo, como el de Plinio Apuleyo Mendoza en su momento, ofrece material pedagógico valioso: ilustra los riesgos del mesianismo político, la fragilidad de las identidades ideológicas cerradas y la necesidad de cultivar una lealtad más crítica, más programática y menos personalista. En una democracia, el activista que se atreve a mirar de frente a su propio campo —aunque lo haga con rabia y decepción— cumple, a su manera, una función de higiene pública. El desafío es que esa revisión se haga con rigor y honestidad intelectual y no solo con emoción.
Este país de “devotos oligofrénicos” ideologizados extremos, rabiosamente polarizado, necesita una cultura comunicativa más asertiva y menos basura en las redes sociales. Hoy más que nunca, es necesario abogar por la reflexión crítica respetuosa, disciplinar y objetiva, luchar por la argumentación y la contrastación respetuosa de las ideas, no solo bajo el estridente y disonante imperio de la FALACIA AD HOMINEM, tan común en este estercolero de las redes sociales, donde los contradictores políticos e ideológicos, devotos de las orillas opuestas, van contra el hombre y no contra el argumento. De hecho, muy pocos argumentan, la mayoría atacan agresivamente con descalificaciones, calumnias, ofensas, apodos, rótulos, malquerencias, tachas y ofensas personales; pero muy poco o nada sobre los argumentos, sobre lo expuesto.
Pocas cosas como la decepción y el engaño de los líderes en que creíamos. Iván Gallo, al borde del llanto, ajeno a la dicción, sudoroso y a segundos de broncoaspirar, nos revela sus miserias. Como queda claro al final, según reconoce, ni a periodista llega: es apenas un activista repleto de decepciones y estrecheces. Lo compadezco. Hagan RT humanitario por este pobre ser, pero, antes, véanlo completo. Gracias (o graipen) Iván por tu repugnante sinceridad.
Lᴀs ɴᴏᴄɪᴏɴᴇs ᴅᴇ “ᴘᴜᴇʙʟᴏ” ʏ "ᴅᴇᴍᴏᴄʀᴀᴄɪᴀ" ᴏ̨ᴜᴇ ʀᴇɪᴠɪɴᴅɪᴄᴀ Lᴀ Pʀᴇsɪᴅᴇɴᴛᴀ Cʟᴀᴜᴅɪᴀ Sʜᴇɪɴʙᴀᴜᴍ ᴘᴀʀᴀ ʟᴇɢɪᴛɪᴍᴀʀ ʟᴀ Dɪᴄᴛᴀᴅᴜʀᴀ Oʀᴛᴇɢᴀ-Mᴜʀɪʟʟᴏ ᴇɴ Nɪᴄᴀʀᴀɢᴜᴀ
La presidenta de México Claudia Sheinbaum invoca el principio clásico de autodeterminación de los pueblos, arraigado en el derecho internacional, en la Carta de la ONU, y en la doctrina mexicana de no intervención, conocida como Doctrina Estrada. Aquí “pueblo” no significa el ‘demos’ democrático —ciudadanos con derechos individuales, partidos en competencia y libertad de expresión—, sino la entidad colectiva soberana del Estado-nación, cuya “voluntad” se presume representada por el gobierno de turno. Es la misma noción que históricamente han usado gobiernos de izquierda latinoamericanos para blindar regímenes afines a su ideología como Cuba, Venezuela y Nicaragua, frente a críticas externas: el pueblo decide “cómo se organiza”, y el exterior no tiene legitimidad para juzgar.
¿A qué democracia se refiere la presidenta Claudia Sheinbaum?
Cuando dice que México “siempre está de acuerdo con la democracia en todos sus términos”, está usando una definición relativista y formal. No se refiere a la democracia liberal-electoral, con elecciones competitivas, alternancia, pluralismo, Estado de derecho, sino a cualquier forma de organización política que el régimen en el poder declare “decisión del pueblo”. En este marco, cancelar las elecciones, encarcelar opositores, anular partidos y perseguir a la prensa y a la Iglesia puede seguir contando como “democracia”, porque es “lo que el pueblo de Nicaragua decide”. Es una democracia sin demos: el pueblo existe solo en la medida en que el poder lo define.
En términos académicos, podría plantearse que la postura de la presidenta Sheinbaum confunde el principio de no intervención —legítimo en el derecho internacional— con la relativización del concepto de democracia. En la Teoría del Estado, la soberanía popular no es un atributo que el régimen en el poder pueda invocar unilateralmente: requiere canales institucionales abiertos y verificables como elecciones libres, competencia efectiva y derechos políticos plenos. Cuando un gobierno anula esos canales —como hizo Ortega al declarar que “no volverá a haber elecciones”—, el “pueblo” se convierte en una ficción controlada por el Estado. Desde la Ciencia Política, esto viola el criterio mínimo de poliarquía de Robert Dahl: la existencia de competencia electoral real. Equiparar esa anulación con “todas las formas de democracia” no es neutralidad; es legitimar, por afinidad ideológica, una dictadura que se autoproclama soberana del pueblo al mismo tiempo que le niega los instrumentos para ejercer esa soberanía.
El análisis crítico permite separar claramente dos planos: i) La no injerencia como principio, en tanto México no está obligado a intervenir militar o económicamente en otro país. Y, ii) La evaluación normativa, donde un gobierno democrático puede y debe señalar que un régimen que elimina las elecciones deja de ser democrático.
La selectividad ideológica como la de Claudia Sheinbaum por lo general lleva a elevar condena dura a unas dictaduras y silencio o relativización frente a otras, lo cual no se sostiene desde la teoría política; solo desde la realpolitik de afinidades.
Sin embargo, más allá de una rueda de prensa donde se expresa la postura de un país como México a través de su ideologizada presidenta, surge una pregunta que ya se va haciendo recurrente:
¿Por qué las izquierdas ideologizadas extremas son tan proclives a tergiversar y sesgar las nociones de "Pueblo" y "democracia", al tiempo que legitiman dictaduras oprobiosas como las de Cuba y Nicaragua por simple y llana afinidad ideológica?
#increible
Le preguntaron a la socialista Claudia Sheinbaum qué opinaba de que Daniel Ortega eliminara para siempre las elecciones en Nicaragua. Respondió: "Respetamos la autodeterminación de los pueblos y todas las formas de democracia".
Parece que ahora cancelar elecciones también cuenta como "democracia". Vaya manera de redefinir el diccionario.
El Guayacán Cucuteño [Handroanthus chrysanthus] – Botánica y Valoración Cultural !
El guayacán es un árbol caducifolio de la familia Bignoniaceae, adaptado a climas secos tropicales. Su nombre científico más usado es Handroanthus chrysanthus, antes Tabebuia chrysantha, sinónimo Tecoma spectabilis. En la región de los Valles de Cúcuta se le conoce por diversos nombres populares –entre ellos guayacán amarillo, cañaguate, chicalá o roble amarillo–. Se trata de un árbol que crece entre 5–15 metros de altura, con tronco cilíndrico y corteza agrietada gris, hojas compuestas o bi-paripinnadas y flores muy vistosas de color amarillo intenso. Al inicio de la estación seca pierde casi todas sus hojas; después florece explosivamente, cubriendo la copa de flores amarillas brillantes por unos pocos días antes de que caigan los pétalos. Es decir, cuando se agotan las lluvias, finales de verano, enero-febrero y otro pico en agosto en esta zona, el árbol «se desnuda» de hojas y florece abundantemente, tiñendo el paisaje de amarillo.
Distribución y ecosistema
El guayacán es nativo de los bosques secos tropicales de América, desde México hasta el norte de Argentina, incluyendo Colombia y Venezuela. En los valles de Cúcuta, Norte de Santander, y del Táchira domina el bosque seco tropical (BST), un ecosistema hoy fragmentado y amenazado. El árbol se adapta bien a suelos pobres y a largos períodos de sequía: tiene raíces profundas que extraen agua subterránea y resistencia a condiciones áridas. En estas tierras semi-áridas ejerce un rol ecológico importante: sus raíces estabilizan el suelo y sirven como «isla de fertilidad» para otras plantas. Sin embargo, la acelerada deforestación y conversión agrícola han reducido su hábitat. Se estima que muchas poblaciones locales de guayacán están en regresión, y la especie figura como vulnerable/a riesgo en el país debido a la pérdida de bosque seco.
Usos tradicionales y aplicaciones
Tradicionalmente el guayacán se ha valorizado por su madera y otros usos prácticos. La madera es muy dura y resistente, utilizada en la región para vallas, cercas y estructuras rústicas, casa de campo, muebles campestres, postes. Sus ramas tiernas y hojas caídas sirven de forraje o ramoneo para el ganado. Además, se le atribuyen propiedades medicinales en la medicina tradicional: infusiones de corteza, hojas o flores se han usado para tratar enfermedades de la piel, afecciones digestivas, anemia y otras dolencias. En el ámbito productivo y ecológico también se aprovecha: por su rápido crecimiento y resistencia, es especie usada en programas de reforestación y control de erosión en ecosistemas secos. Asimismo, atrae polinizadores como colibríes con su floración vistosa. A pesar de su utilidad, su explotación no sostenible contribuye a su declive; de hecho, actualmente el árbol es considerado prácticamente en vía de extinción por la reducción de sus bosques nativos.
Valor cultural y turístico
Para los cucuteños el guayacán florecido es un verdadero espectáculo anual. Cada año, al llegar agosto, final de la estación seca, “la ciudad se tiñe de amarillo”: las calles, parques y bordes de carretera se cubren de dorados pétalos caídos. Este fenómeno natural atrae a propios y visitantes. Los medios locales describen las flores en “su máximo esplendor” como un espectáculo visual de tonos cálidos que embellece la Perla del Norte. Incluso zonas emblemáticas, como la rotonda Arnulfo Briceño o la avenida Rotaria hacia Villa del Rosario, se han convertido en paradas obligadas: cucuteños y turistas sacan fotos entre los guayacanes floridos, exaltando así este momento de la naturaleza.
La importancia cultural del guayacán se refleja también en mensajes institucionales. La Gobernación de Norte de Santander, por ejemplo, promueve esta floración en redes sociales llamándola “espectáculo natural que embellece nuestra ciudad y nos recuerda la riqueza de nuestro patrimonio ambiental”. Se invita a la comunidad a disfrutar, visitar y proteger este “tesoro” verde. En suma, el guayacán amarillo ha trascendido su valor ecológico para convertirse en un símbolo de identidad local: representa la belleza efímera del paisaje seco, anima el turismo natural de la región; por ejemplo, recorridos en bicicleta y turismo fotográfico en temporada de floración) y refuerza el orgullo cultural de Cúcuta. Su floración anual es una tradición entre familias y amantes de la naturaleza, y un motivo de embellecimiento de la ciudad fronteriza.
Conclusión: En el marco de la historia ambiental regional, el guayacán de los valles de Cúcuta y Táchira es un elemento natural y cultural central. Arbóreo propio del bosque seco tropical, ha acompañado el desarrollo de estas tierras áridas y ha sido muy valorado desde épocas recientes por su madera, usos medicinales y función ecológica. Hoy su floración sorprendente le confiere un fuerte significado social: es parte del paisaje emocional de los cucuteños y un atractivo turístico reconocible. Su conservación es clave: por su valor ecológico y simbólico, iniciativas comunitarias y de gobierno recomiendan proteger y reforestar estas especies nativas en los bosques secos locales. De este modo, el guayacán amarillo sigue siendo no sólo un recurso natural sino un patrimonio ambiental y cultural vivo para Norte de Santander.
La información botánica y usos del guayacán han sido documentados en estudios de flora colombiana. En cuanto a lo cultural, valoración y apropiación, la prensa regional destaca su floración como evento local y cultural. Siempre será muy positivo que, junto a publicaciones académicas sobre ecosistemas de bosque seco, así como las referencias de prensa y cultura, se fortalezca la valoración y comprensión su importancia histórica, ecológica y social.
#Guayacanes #GuayacánCucuteño
#ATENCIÓN 🚨 MAURICIO GAONA REVELA LA PARANOIA DE GUSTAVO PETRO FRENTE A LA EXTRADICIÓN Y LA POSESIÓN DE ABELARDO‼️
TENSIONES AL LÍMITE EN COLOMBIA! 🔥 En una reveladora entrevista en La Voz de Vanessa Vallejo, el reconocido abogado constitucionalista Mauricio Gaona desglosa las maniobras desesperadas del presidente saliente Gustavo Petro a solo días de la posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella.
Gaona advierte sobre las demandas ante el Consejo de Estado, los llamados a la desobediencia civil y los intentos de Petro por deslegitimar la democracia colombiana.
Además, analiza a fondo si existe una posibilidad real de que Petro enfrente una EXTRADICIÓN a los Estados Unidos por nexos con el narcotráfico y cuál será el papel de Donald Trump y las altas cortes en este momento decisivo.
¡Entérese de todos los escenarios jurídicos y los peligros que amenazan la transición de gobierno, no se pierdan un sólo detalle, compartan a todos los rincones de Colombia y no olvide seguirme!
Cᴏʀʀᴜᴘᴄɪᴏ́ɴ ᴇsᴛʀᴜᴄᴛᴜʀᴀʟ ʏ ᴘʀᴏᴍᴇsᴀs ᴅᴇ ᴄᴀᴍʙɪᴏ: ᴜɴ ᴀɴᴀ́ʟɪsɪs ᴅɪsᴄɪᴘʟɪɴᴀʀ ᴅᴇʟ Gᴏʙɪᴇʀɴᴏ Pᴇᴛʀᴏ ғʀᴇɴᴛᴇ ᴀ ʟᴏ ᴍᴀ́s sᴏɴᴀᴅᴏ ᴅᴇ sᴜ ғʀᴀᴄᴀsᴀᴅᴀ ɢᴇsᴛɪᴏ́ɴ
El proyecto político de Gustavo Petro llegó al poder en 2022 y se presentó como una ruptura histórica: transparencia radical, combate frontal a la corrupción y vindicación del pueblo marginado mediante un Estado al servicio de los excluidos. En la práctica, los hechos documentados por la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría y medios de investigación revelan patrones de captura de rentas, clientelismo y erosión del mérito que contradicen esa retórica. Es necesario examinar los casos de corrupción de alto impacto en la sociedad colombiana —el desfalco de la UNGRD y la red de Juliana y Verónica Guerrero— desde la ciencia política, la economía política, las ciencias administrativas y la teoría del Estado, sin afiliaciones ideológicas. La corrupción no es invento de un gobierno; es un mal endémico de la democracia colombiana. Lo particular aquí es la magnitud mediática y la distancia entre discurso y realidad.
El caso UNGRD: captura de recursos y compra de gobernabilidad
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres -UNGRD- concentra el mayor escándalo del periodo. Investigaciones de la Fiscalía señalan un entramado que comprometió al menos 612.000 millones de pesos en contratos, sustraídos de cinco proyectos de la UNGRD y 74 del Invías, con el propósito de asegurar apoyos legislativos a reformas del Ejecutivo.
El esquema incluyó sobrecostos en la compra de carrotanques para La Guajira, desvíos hacia obras en Córdoba, Arauca y Bolívar, entre los que se cuentan 92.000 millones en tres contratos específicos, y presuntos pagos a congresistas que incluyeron los expresidentes del Senado y la Cámara. Exfuncionarios como el director Olmedo López y el subdirector Sneyder Pinilla, junto con el exministro de Hacienda Ricardo Bonilla, acusado de concierto para delinquir, interés indebido en contratos y cohecho, aparecen como nodos clave. La Fiscalía describe una “organización criminal” que involucró altos cargos del Ejecutivo y legisladores.
Desde la economía política, se trata de rent-seeking clásico: recursos públicos destinados a emergencias como agua y mitigación de riesgos se convierten en moneda de cambio por gobernabilidad parlamentaria. La teoría del Estado, en la línea weberiana y de autores como Evans o O’Donnell sobre Estados neopatrimoniales, muestra cómo la burocracia impersonal cede ante redes personales. El Estado deja de ser aparato técnico y se transforma en botín de coaliciones. Las ciencias administrativas subrayan el fracaso de controles internos: la UNGRD operó con contratos directos y fiduciarias que facilitaron opacidad. Aunque hay antecedentes en gobiernos previos, contratos similares bajo el gobierno Duque, la escala y el uso explícito para sacar reformas marcan un pico de instrumentalización política de la gestión del riesgo.
Juliana Guerrero, Verónica Guerrero y la erosión del mérito
El caso de las hermanas Guerrero ilustra otro rostro de la corrupción: la captura por lealtades ideológicas y el tráfico de influencias sin cargo formal. Juliana Guerrero, cercana al círculo presidencial y postulada a viceministra de Juventud, presentó títulos de Contaduría Pública y Tecnología en Gestión Contable de la Fundación Universitaria San José. La Fiscalía imputó fraude procesal y falsedad ideológica: no asistió a clases, no presentó la prueba Saber Pro como requisito legal, no aparece registrada en el SNIES y los pagos por cerca de 8 millones de pesos según facturas DIAN, se hicieron semanas después de la “graduación” del 1 de julio de 2025. El exsecretario general de la institución, Luis Carlos Gutiérrez, también fue imputado por expedir diplomas falsos. La audiencia de acusación está fijada para el 5 de agosto de 2026.
Paralelamente, una investigación de Revista Semana documentó una red de gestión de contratos liderada por Juliana y Verónica Guerrero. Chats de WhatsApp, audios y consignaciones bancarias muestran cobros a empresarios por más de 600 millones de pesos a cambio de acceso a contratos en ministerios de Vivienda, Interior, Igualdad, Agua, Tierras, Defensa y otras entidades. Las hermanas operaban sin vinculación formal, influyendo en funcionarios, incluido un viceministro destituido, y en el departamento del Cesar en contratos para acueductos y control universitario desde los consejos superiores. Referencias a “los de adentro” y al “jefe de jefes” aparecen en las conversaciones.
Desde las ciencias administrativas, este es el arquetipo de la corrupción por designación incompetente: el nombramiento o el apadrinamiento de personas sin perfil técnico prioriza lealtad partidista e ideológica sobre competencia. Aceptar un cargo para el que no se está capacitado es, en sí mismo, una forma de corrupción, tal como lo señalan códigos de ética pública y la doctrina administrativa, pero el origen está en quien designa o tolera. La ciencia política lo enmarca en el clientelismo y el neopatrimonialismo: el Estado se personaliza. La economía política ve captura de rentas por intermediarios informalizados. La teoría del Estado evidencia la debilidad de la burocracia racional-legal: cuando el perfil ideológico desplaza al profesional, la administración pública deja de ser neutral y se convierte en extensión de facciones.
Patrones transversales y la pregunta sobre el “más corrupto” de todos los tiempos
Otros episodios en torno a la financiación irregular de campaña presidencial de Petro, casos de familiares y cercanos, contratación paralela creciente, la contratación de los aviones Gripen y los escándalos de doña Verónica Alcocer en Suecia, irregularidades en entidades como Ecopetrol o la SAE, refuerzan la continuidad de prácticas clientelares. El Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International muestra a Colombia estancada o en leve deterioro: 40 puntos en 2023, 39 en 2024 y 37 en 2025 llegando al puesto 99 de 182. El rango histórico desde 2012 oscila entre 36 y 40; no hay mejora estructural bajo este gobierno ni bajo los anteriores.
¿Fue el Gobierno Petro uno de los más corruptos —o el más— de todos los tiempos? La evidencia no permite un ranking absoluto. Escándalos de gobiernos previos como Reficar, Odebrecht, para-política, contratos millonarios en salud o infraestructura que involucraron montos comparables o superiores en términos absolutos y relativos al PIB de su época. La corrupción colombiana es sistémica: debilidad institucional, baja capacidad de sanción efectiva, clientelismo histórico y captura por élites y grupos armados. Lo distintivo del periodo 2022-2026 es la alta visibilidad de casos que involucran el círculo íntimo, el uso de recursos de emergencia para fines políticos y, sobre todo, la contradicción frontal con un discurso que prometió “cero corrupción” y pureza ética. Esa distancia erosiona la legitimidad democrática más que cualquier cifra aislada.
En términos disciplinares, el Estado colombiano sigue operando con fuertes rasgos neopatrimoniales: la lealtad personal y faccional prevalece sobre reglas impersonales. Mientras no se fortalezca la meritocracia real, los controles externos independientes y la sanción efectiva, más allá de los titulares mediáticos, cualquier proyecto político —de cualquier orientación— reproducirá los mismos males. La corrupción no es solo robo de dinero; es la traición al principio de igualdad ante la ley y la captura de lo público por lo privado-faccioso. Los ciudadanos merecen un Estado técnico, transparente y competente, no uno que se justifique con discursos mientras las pruebas de chats, audios y títulos falsos se acumulan en los despachos judiciales.
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#Corrupción
Cuando lean la investigación de @RevistaSemana sobre Juliana Guerrero y su hermana Verónica, recuerden cómo la defendía, y con qué argumentos, el presidente @petrogustavo
Las pruebas de la red de corrupción: chats, audios y consignaciones bancarias
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Señora María José Pizarro: ¡Deja de repartir culpas y sembrar cizaña para exonerar la incompetencia de su gobierno! ¡Asuman la responsabilidad sobre su desventurada gestión!
Los hechos son claros y están documentados por la propia Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). La investigación realizada por el Gobierno de los EE.UU bajo la Sección 301 se abrió el 12 de marzo de 2026. En junio se determinó que Colombia, junto con otras 59 economías, no impone ni aplica de manera efectiva una prohibición a la importación de bienes producidos con trabajo forzoso. Esa es la razón oficial del arancel del 12,5 % que entra en vigor hoy 24 de julio, reemplazando el temporal del 10 %. Existen exenciones para café, petróleo y algunas frutas, pero no para las flores ni para la mayoría de los demás productos.
Todo el proceso de investigación, hallazgos y decisión ocurrió durante el gobierno del Pacto Histórico. No es producto de un viaje de transición del equipo entrante. Ese equipo, que aún no se posesiona, está precisamente intentando abrir canales para mitigar un problema que ustedes dejaron creado: la falta de normas y de aplicación efectiva contra el trabajo forzoso en las cadenas de importación, pese a las advertencias de gremios y del propio Ministerio de Comercio.
Culpar a quienes aún no gobiernan de un fallo estructural de política comercial que se gestó y se adjudicó bajo su administración no es coherencia. Es transferir responsabilidad para evadir su culpabilidad. Típico de gobernantes irresponsables e incompetentes. El típico “yo no lo crie”.
Las relaciones internacionales no se manejan con discursos ideológicos ni con descuido técnico. Se manejan con estrategia, pragmatismo e inteligencia: Cumplir los estándares que el principal socio comercial exige, en este caso, una prohibición efectiva al trabajo forzoso. Debieron anticiparse a las investigaciones, no reaccionar cuando ya hay determinación y arancel.
Debieron ser serios en la diplomacia y dialogar con cualquier administración estadounidense sobre la base del interés nacional colombiano, no en torno a afinidades o rechazos ideológicos, mucho menos para salir a la Quinta Avenida de New york a gritar, megáfono en mano, que los soldados estadounidenses no obedecieran al presidente Trump.
Ustedes tuvieron cuatro años para fortalecer la DIAN, emitir las regulaciones necesarias y demostrar avances en la lucha contra el trabajo forzoso en las importaciones. No lo hicieron con la seriedad requerida. Ahora, cuando el costo lo pagan los exportadores colombianos, no es serio señalar el dedo hacia quienes están tratando de limpiar el desastre.
La diplomacia seria no es “amiguismo”. Es competencia, anticipación y defensa del interés del país por encima de la narrativa política e ideológica como Uds manejas las cosas. Eso es lo que se echa de menos en este caso.
Señora María José @PizarroMariaJo, sería bueno que dejen de mentir. A no ser que, tal como su delirante mesías, la mentira y distorsión de los hechos sea parte de su ethos ciudadano. Mira que quien salió trasquilado con los hechos, decisiones y actuaciones de su nefasto gobierno fue el pueblo colombiano todo; porque dicho sea de paso, la noción de "pueblo" hace alusión a todos los colombianos, no solo a los devotos oligofrénicos de su partido.
Que vergüenza, de nada le sirvió el viaje de @jrestrp a Washington, la política exterior no se maneja a punta de amiguismo.
Se comportan como borregos y salimos trasquilados los colombianos.
Falso! Falso de toda falsedad!
Fue su Gobierno inepto el responsable de ese desastre. Tenían que hacer un simple acto administrativo y asumir unos términos frente a ese comercio exterior en la DIAN y los muy ineptos e ideologizados extremos no lo hicieron; habiéndoles advertido incluso uno de sus ministros y los mismos gremios.
La gestión del nuevo gobierno ha ido justo a corregir el desastre que están dejando!
Qué manía tan brava la de esta gente! Cómo siguen la impronta de su delirante mesías, mentir es su ethos ciudadano!
Cómo es posible que un gobierno que aún no se posesiona sea responsable de la pésima gestión del saliente? Típico de devotos oligofrénicos!
@gusgomez1701 Cuatro años de contemporización con criminales y horadar continuo de las FF.AA y de policía en favor de la delincuencia organizada de este país!
Iɴᴄᴏʜᴇʀᴇɴᴄɪᴀ Iᴅᴇᴏʟᴏ́ɢɪᴄᴀ, Lɪ́ᴍɪᴛᴇs Cᴏɴsᴛɪᴛᴜᴄɪᴏɴᴀʟᴇs ʏ Nᴏᴄɪᴏ́ɴ Sᴇʟᴇᴄᴛɪᴠᴀ ᴅᴇ “Pᴜᴇʙʟᴏ” ᴅᴇ ʟᴀ Sᴇɴᴀᴅᴏʀᴀ Isᴀʙᴇʟ Zᴜʟᴇᴛᴀ: Lᴏs Tɪ́ᴘɪᴄᴏs Dᴇsᴠᴀʀɪ́ᴏs ᴅᴇ ʟᴀ Exᴛʀᴇᴍᴀ Iᴢᴏ̨ᴜɪᴇʀᴅᴀ ᴇɴ Cᴏʟᴏᴍʙɪᴀ
La noción selectiva de “pueblo”, la incoherencia ideológica y los límites constitucionales de la solicitud de no posesión del presidente electo Abelardo De la Espriella: un análisis desde la ciencia política, la teoría constitucional y la teoría jurídica del Estado a propósito de las tesis de la senadora Isabel Cristina Zuleta López
El 22 de julio de 2026, en la plenaria del Senado de la República de Colombia, la senadora Isabel Cristina Zuleta López del Pacto Histórico presentó una proposición orientada a impedir o suspender la posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella hasta que el Consejo de Estado resolviera la demanda de nulidad electoral impulsada por el presidente saliente Gustavo Petro. El discurso que acompañó dicha proposición recuperó, de manera explícita e implícita, una concepción particular de “pueblo”: aquella que identifica como legítima únicamente a la porción del electorado que respaldó el proyecto político del Pacto Histórico, mientras desplaza o descalifica como “ilegítima” o indigna de ser escuchada a la mayoría ciudadana que se expresó en las urnas en sentido contrario.
Desde la ciencia política, la teoría constitucional y la teoría jurídica del Estado, tres dimensiones de esta intervención: (1) la noción de “pueblo” que opera en el discurso; (2) su incoherencia política, conceptual e ideológica; y (3) los términos constitucionales y legales que convierten la solicitud de no posesión en un acto jurídicamente insostenible.
1. La noción selectiva de “pueblo” en el discurso de la senadora Zuleta
En la tradición constitucional liberal-democrática, y de manera particular en el artículo 3ro de la Constitución Política de Colombia de 1991, la soberanía reside “exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público”. El “pueblo” no es una entidad partidaria ni una fracción ideológica; es el cuerpo político completo de los ciudadanos en ejercicio, dotados de igualdad formal en el derecho al sufragio y al ejercicio de la ciudadanía plena, artículos 40 y 99 de la Carta Política.
La senadora Zuleta, al sostener que el Congreso no debe proceder a la posesión mientras exista una demanda de nulidad que cuestiona la legitimidad del resultado, opera con una noción restringida: el “pueblo” legítimo sería solo aquel que coincidió con el proyecto del Pacto Histórico. Los ciudadanos que votaron por el candidato vencedor dejan de serlo o están fuera de la categoría, en este relato, depositarios plenos de la soberanía y pasan a ser un “pueblo” cuyo mandato puede ser suspendido o desobedecido por la existencia de una acción judicial aún no resuelta.
Esta operación semántica no es inocente. En términos de teoría política, convierte el ‘demos’, el pueblo como totalidad, en un ‘ethnos’ ideológico, al que los líderes de las izquierdas extremas y delirantes sueles reconocer como el pueblo “auténtico”, definido por la adhesión a un proyecto concreto. El discurso deja de invocar la voluntad popular general y pasa a invocar solo como válida y verdaderamente deliberante a “su pueblo”. Como ha señalado la teoría constitucional contemporánea, cuando la noción de pueblo se particulariza de esta manera, se erosiona el principio de igualdad política que sostiene el sufragio universal. Es un recurrente sesgo ideológico y conceptual de las izquierdas extremas de todos los tiempos, agudizado en este presente.
2. La incoherencia política, conceptual e ideológica
Si el “pueblo” es, por definición constitucional, la fuente única de legitimidad democrática, no puede ser al mismo tiempo una categoría selectiva. La incoherencia es triple:
Incoherencia Política: el mismo actor que en 2022 invocó la legitimidad del resultado electoral que lo favoreció, y que le permitió acceder a curules y ejercer el poder legislativo, ahora niega esa misma legitimidad cuando el resultado le es adverso. La consistencia democrática exige respetar la alternancia en el poder como expresión normal de la soberanía popular, no como excepción condicionada a la victoria propia.
Incoherencia Conceptual: en la teoría del Estado democrático, la legitimidad de origen, fundada en la elección ciudadana, se presume mientras no sea anulada por sentencia judicial en firme. Transformar una demanda pendiente, que aún no ha sido aceptada, en causal de suspensión de la posesión invierte el orden lógico: convierte la excepción (la anulación) en regla y la regla (la posesión del electo) en excepción. En definitiva, un predicamento a todas luces arrevesado. El pueblo no puede ser, simultáneamente, soberano cuando gana y sospechoso cuando pierde.
Incoherencia Ideológica: el discurso que se presenta como defensa del “pueblo” termina negando la pluralidad constitutiva de ese mismo pueblo. Si solo son “pueblo” aquellos que votaron en un sentido, entonces el principio de mayoría, que es el fundamento de la democracia representativa, queda subordinado a un criterio de pureza ideológica para un sector en contienda. Esta operación es incompatible tanto con el constitucionalismo liberal como con las corrientes democráticas radicales que, precisamente, reclaman la ampliación y no la restricción del sujeto popular.
3. Los términos constitucionales y legales de la solicitud de no posesión
La proposición de la senadora Zuleta, además de incoherente y arrevesada, carece de sustento normativo por varias razones concurrentes:
a) El deber constitucional de posesión, artículo 192 de la Carta Política. El artículo 192 establece de manera imperativa: El Presidente de la República tomará posesión de su destino ante el Congreso…”. La norma no contempla excepción alguna derivada de la interposición de una demanda de nulidad electoral. La posesión es un acto de cumplimiento obligatorio una vez el Consejo Nacional Electoral ha declarado la elección y la Registraduría Nacional del Estado Civil ha certificado los resultados. El Congreso actúa como autoridad ante la cual se presta el juramento, no como juez de la validez de la elección.
b) Presunción de legalidad de los actos electorales: Los actos de las autoridades electorales, la Registraduría Nacional del Estado Civil y Consejo Nacional Electoral, gozan de presunción de legalidad, Artículo 88 del Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo. La mera interposición de una demanda de nulidad ante el Consejo de Estado no suspende sus efectos. Solo una medida cautelar expresa o una sentencia anulatoria en firme podrían alterar el status del electo. Hasta la fecha, ninguna de estas condiciones se ha configurado.
c) Naturaleza de la demanda de nulidad: La demanda presentada por el presidente saliente no ha sido admitida con efectos suspensivos ni cuenta, al momento de la proposición, con un acervo probatorio que haya sido valorado judicialmente. Transformar una acción contencioso-electoral aún en etapa inicial en causal de impedimento de la posesión equivale a atribuir al Congreso una competencia de control judicial que la Constitución no le otorga, artículo 237 de la Constitución Política reserva al Consejo de Estado el conocimiento de las nulidades electorales.
d) Legitimación internacional y nacional del proceso: El proceso electoral de 2026 fue acompañado por misiones de observación nacional e internacional que no reportaron irregularidades de magnitud suficiente para invalidar el resultado global. La certificación de las autoridades electorales colombianas y el reconocimiento por parte de la comunidad internacional refuerzan la presunción de validez. Pretender que el Congreso “espere” un pronunciamiento judicial futuro desconoce el principio de continuidad institucional y genera un vacío de poder constitucionalmente proscrito.
En consecuencia, la solicitud no solo es jurídicamente infundada: configura un intento de sustraer al Congreso de su deber constitucional y de trasladar a la esfera legislativa una disputa que corresponde exclusivamente a la jurisdicción contencioso-administrativa.
A propósito de la senadora Isabel Cristina Zuleta López y sus particulares actuaciones públicas
Desde la perspectiva de la ciencia política y de la teoría jurídica del Estado, la trayectoria pública de la senadora Isabel Cristina Zuleta López resulta particularmente ilustrativa de una forma de ejercicio del poder que privilegia la excepcionalidad y la instrumentalización de las instituciones sobre la universalidad del orden jurídico. Se la recuerda de manera especial por haber sido la gestora y protagonista directa del denominado “tarimazo” de La Alpujarra, ocurrido el 21 de junio de 2025 en el Centro Administrativo de Medellín. En aquel evento, promovido en el marco del componente de “paz urbana” de la política de “paz total”, la senadora coordinó —según las propias denuncias presentadas ante el Consejo de Estado y el relato consolidado por múltiples medios y observadores— la salida temporal, bajo custodia del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), de cabecillas condenados de estructuras criminales de alta peligrosidad, entre ellas la Oficina de Envigado y La Terraza, para que compartieran tarima con el entonces presidente Gustavo Petro y varios de sus ministros. Lo que se presentó como un gesto de diálogo y construcción de paz se configuró, en la práctica, como una puesta en escena en la que el Estado legitimaba simbólicamente a actores que, por definición jurídica, se encontraban privados de la libertad precisamente por haber vulnerado de manera reiterada el monopolio legítimo de la fuerza y los derechos de la ciudadanía.
Este episodio no constituye un hecho aislado ni una mera anécdota política; revela, desde la teoría constitucional, una concepción particular de la legitimidad y del “pueblo” que la senadora ha sostenido en su ejercicio público. Al igual que en su reciente solicitud de impedir la posesión del presidente electo, aquí se observa una operación selectiva: se eleva a interlocutores privilegiados a quienes han desafiado el orden legal, bajo el pretexto de una paz que, según el diagnóstico de analistas, críticos y reportes posteriores, terminó por consolidar espacios de impunidad y por potenciar, desde las propias cárceles y en los centros urbanos, fenómenos de extorsión y control territorial.
En términos de teoría del Estado, el acto supone una erosión del principio de igualdad ante la ley y de la distinción fundamental entre el ciudadano que ejerce derechos y el sujeto que, por sentencia judicial en firme, ha perdido temporalmente el pleno disfrute de ciertos derechos políticos y civiles. La “paz urbana” así entendida no amplía el ‘demos’, sino que lo fragmenta: otorga reconocimiento institucional a una minoría armada y organizada en detrimento de la mayoría ciudadana que demanda seguridad y legalidad.
La coherencia interna de esta práctica pública resulta, por tanto, problemática. Quien invoca la soberanía popular y la defensa del “pueblo” cuando le resulta políticamente conveniente, al mismo tiempo habilita escenarios en los que el Estado relativiza su propia autoridad coercitiva y diluye la frontera entre el orden constitucional y la negociación con quienes lo han combatido. Desde la ciencia política, este patrón puede leerse como una forma de clientelismo ideológico o de excepcionalismo moral: la legitimidad no se deriva del respeto a las reglas universales del Estado de derecho, sino de la afinidad con un proyecto político determinado.
El “tarimazo” de La Alpujarra queda, así, como un referente paradigmático del carácter particular de la senadora Zuleta en el ejercicio de lo público: una figura que ha optado, de manera recurrente, por tensionar los límites institucionales en nombre de una paz que, en su implementación concreta, generó más interrogantes sobre la impunidad que certezas sobre la construcción de un orden democrático inclusivo y durable.
Conclusión: Las tesis expuestas por la senadora Zuleta revelan una concepción instrumental del “pueblo” que contradice tanto el texto constitucional como los principios elementales de la teoría democrática del Estado. Al restringir la noción de soberanía popular a los votantes propios y al pretender condicionar la posesión presidencial a una demanda aún no resuelta, el discurso incurre en una incoherencia profunda: defiende la democracia solo cuando el resultado le es favorable.
Desde la ciencia política, se trata de una forma de particularismo ideológico que erosiona la idea del ‘demos’ como totalidad. Desde la teoría constitucional, vulnera el principio de igualdad política y el mandato imperativo del artículo 192. Desde la teoría jurídica del Estado, desconoce la presunción de legalidad de los actos electorales y la separación de funciones entre el Congreso y el Consejo de Estado.
La democracia constitucional no sobrevive cuando la legitimidad del pueblo se convierte en una categoría selectiva. El pueblo, si es soberano, lo es siempre: cuando gana y cuando pierde el candidato o proyecto político que se defiende o por el cual se lucha.
Senadora @ISAZULETA, Usted y el Pacto Histórico han basado toda su vida política en un discurso: la defensa del pueblo. En su nombre ocuparon curules, movilizaron marchas y reclamaron el poder. Pero cuando el pueblo se expresó en las urnas y su decisión no los favoreció, esa misma voluntad popular pasó a ser, para ustedes, ilegítima.
Ahí queda al descubierto la incoherencia de fondo. No es el pueblo el que invocan: es "su pueblo". El voto vale mientras sea suyo. La voluntad popular es sagrada mientras coincida con su proyecto. Cuando el ciudadano decide distinto, deja de ser un pueblo digno de ser escuchado y se convierte en algo que se puede desobedecer y desconocer.
Detrás de su absurda solicitud de frenar la posesión del Presidente de la República, no solo hay un profundo desconocimiento de la ley, sino un desprecio evidente por la gente y su voluntad.
Cᴏɴᴛᴇxᴛᴏ Pᴏʟɪ́ᴛɪᴄᴏ ᴅᴇʟ Mᴏᴠɪᴍɪᴇɴᴛᴏ Jᴜɴᴛɪsᴛᴀ ᴅᴇ 1810: ¿Gʀɪᴛᴏs ᴅᴇ Iɴᴅᴇᴘᴇɴᴅᴇɴᴄɪᴀ ᴏ Jᴜʀᴀs ᴅᴇ ʟᴇᴀʟᴛᴀᴅ ᴀʟ Rᴇʏ?
Tras la abdicación forzada de Fernando VII en Bayona -1808- y la crisis napoleónica, en España se crearon juntas de gobierno que reclamaban soberanía en nombre del rey cautivo. Este ejemplo inspiró a las élites criollas de Nueva Granada a formar sus propias juntas provinciales en 1810. No obstante, el objetivo principal en 1810 no era separarse de España, sino preservar los derechos del legítimo monarca e imponer reformas. Así lo registran muchos documentos de la época: las “actas de independencia” fueron en realidad juras de lealtad y obediencia al Rey de España y al Consejo de Regencia.
• Principales fechas: 3 julio 1810 en Cali; 4 julio en Pamplona; 20 julio en Santafé; 22 mayo en Cartagena; 26 julio en Tunja; y otras como Socorro, Santa Marta, Antioquia, Popayán, entre otras. En cada caso se constituyeron juntas locales que proclamaron reformas políticas y demandas a la Superior Junta de Regenci pero en nombre de Fernando VII, al tiempo que reclamaban su restitución al trono como su único “rey amado y deseado”.
• Acta de Santafé del 20 de julio: El Cabildo de Santafé redactó un Acta que expresamente “protestó no abdicar los derechos imprescindibles de la soberanía del pueblo” a persona alguna excepto a Fernando VII, y dejó al nuevo gobierno «sujeto… a la Superior Junta de Regencia» hasta el retorno del monarca. El juramento de los vocales consagró la obligación de defender al “monarca Don Fernando VII” junto con la “libertad e independencia de este Reino en los términos acordados”. Esto demuestra que no se proclamó una ruptura con la corona, sino un autogobierno provisional ligado al rey cautivo. En el acta de Cali se puede leer en forma expresa que conservarían el poder soberano hasta que Su Majestad Fernando VII “viniera e imperar a estas partes”.
Como concluye Armando Martínez Garnica, “el acta de la junta de Santafé… no fue una declaración de Independencia absoluta y que, por el contrario, aún le juraba fidelidad al rey español Fernando VII”. Esta lealtad contrasta con actas posteriores, como la de Cartagena de Indias en 1811, donde ya se habla abiertamente de independencia. En palabras de los propios notables locales, al «tribuno del pueblo» José Acevedo se le aclamaba por moderación y se prometía obedecer leyes futuras hasta que venga a reinar el rey Fernando.
𝐋𝐚𝐬 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐢𝐧𝐜𝐢𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐣𝐮𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬
Las demás ciudades de la Nueva Granada siguieron patrones similares: sus juntas proclamaron una reorganización política sin romper con España. Por ejemplo, en el Socorro y Pamplona se formaron juntas en julio de 1810 que convocaron cabildos abiertos para «verificar las juras de obediencia al Rey y a la Regencia». En Ocaña, el cabildo del 20 de octubre de 1810 dejó explícito que actuaba “no con el ánimo decidido de emanciparse de la madre patria, sino con el único y firme propósito de hacer valer sus derechos como parte integrante de la Provincia de Santa Marta”.
De igual modo, el acta de la Junta de Gobierno de San Juan Girón de julio de 1810 consagró la defensa de “Dios, el Rey y la Patria”, enfatizando la lealtad a Fernando VII junto con la autonomía provincial. Como observó el investigador Óscar Pabón Serrano, ese documento “plasmó con claridad la decisión de luchar por la defensa de Dios, del Rey y la Patria”, lo que evidencia un tono realista moderado. En todos estos casos, las élites locales y la Iglesia dominaban el proceso, usando la retórica tradicional del orden monárquico más que un “grito independentista” radical.
𝐇𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐩𝐥𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬 𝐝𝐞 𝟏𝟖𝟏𝟏
La historiografía destaca que la declaración formal de independencia ocurrió después de 1811, una vez que el consenso inicial sobre el rey cayó. En noviembre de 1811 un Congreso en Tunja redactó el Acta de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, donde las regiones adscribieron una república federal sin la mención de Fernando VII. Hasta entonces, el proceso había sido un ajuste de poderes internos dentro del marco imperial. Martínez Garnica subraya que no podemos pensar que “el 20 de julio de 1810 despertamos neogranadinos y que al finalizar el día anochecimos colombianos independientes”. Sólo más tarde, con las nuevas constituciones y la guerra de independencia, se consumó la ruptura con la metrópoli.
En suma, las evidencias documentales e historiográficas coinciden en que los “actas de independencia” de 1810 fueron esencialmente juramentos de fidelidad al Rey y al nuevo orden constitucional, representado por las Cortes de Cádiz, no proclamaciones de independencia inmediata. Este cambio de perspectiva –mantenido por historiadores como Martínez Garnica y Silvano Pabón Villamizar– invita a reinterpretar el 20 de julio de 1810 no como un “grito de independencia” autónomo, sino como un paso inicial en la formación de una nación, que culminaría un año después en la independencia definitiva.
Los Valles de Cúcuta documentan una historia consecuente con el contexto político general del Nuevo Reino de Granada en 1810. Sus dos villas, Nuestra Señora del Rosario como San José de Cúcuta, no suscribieron sendas actas, pero se mantuvieron fieles a su sentimiento de gratitud colectiva con su soberano, pues apanas habían pasado 17 años de haber sido, ambas, vindicadas con títulos de “Muy Nobles, Valerosas y Leales villas”, dotadas de cabildo y justicias propias, independizándolas de su ´laza matriz, la ciudad de Pamplona.
Es así como puede comprenderse que estas plazas menores de los valles de Cúcuta, incluido el gobierno de San Faustino y el Cabildo de la ciudad de Salazar de las Palmas, se mantuvieran siempre fieles y leales al Rey; de hecho, en octubre de 1812 suscribieron un protocolo de entendimiento en cual adherían a la ciudad de Maracaibo, se escindían del gobierno de Pamplona y las Provincias Unidas, para proclamarse leales a la causa de la monarquía, tomando como soporte aquella ciudad fuerte militar español. Los Valles de Cúcuta y sus alianzas con San Faustino y Salazar de las Palmas constituyeron un verdadero bastión realista, hasta su conquista por las tropas independentistas de Simón Bolívar en 1813. Luego, entre 1813 y 1821 que se celebró el Congreso Constituyente de la Villa del Rosario de Cúcuta, estos valles cambiaron de dueño siete veces, siendo el evento más sangriento y doloroso la reconquista realista que trajo la derrota de Santander el Carrillo y los primeros mártires en estos valles como Mercedes Ábrego y Juan Agustín Ramírez, entre otros.
𝗘𝗟 𝟮𝟬 𝗗𝗘 𝗝𝗨𝗟𝗜𝗢 𝗗𝗘 𝟭𝟴𝟭𝟬. 𝗚𝗿𝗶𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗜𝗻𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗼 𝗝𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗲𝗮𝗹𝘁𝗮𝗱, 𝗮𝗱𝗵𝗲𝘀𝗶ó𝗻 𝘆 𝗼𝗯𝗲𝗱𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗹 𝗥𝗲𝘆 𝗱𝗲 𝗘𝘀𝗽𝗮ñ𝗮.
Movimiento de Juntas Capitulares de Jura de Lealtad, Adhesión y Obediencia al Rey, año de 1810; germen e inicio del pensamiento político y ciudadano que condujo a la Independentista absoluta de esta parte de la América española.
Con la invasión del Ejército Napoleónico a la península Ibérica, los reyes de España fueron confinados a la ciudad francesa de Bayona y usurpado el poder soberano, con ello la sociedad española se dividió en dos bandos. Uno, los afrancesados, quienes decidieron abrir en la Diputación de Bayona la posibilidad de mejorar la condición política de las provincias que conformaban el Imperio, iniciando la reivindicación de iniciativas políticas presentadas por los diputados suplentes de América en las Cortes de Cádiz, Y, dos, los españoles leales a la Corona, opuestos a la invasión francesa, provocando la eclosión juntera en muchas provincias peninsulares, así como una respuesta patriótica en las americanas frente a la crisis política española.
En ausencia del Soberano, las juntas americanas reasumieron en sí o por sí mismas la soberanía real para conservársela a Fernando VII, el rey amado y deseado; como también para preservar la religión católica y para cuidar los intereses de sus patrias chicas localidades provinciales. Inicialmente eran juntas conservadoras pero en la práctica fueron revolucionarias, puesto que asumían las atribuciones de la soberanía popular. Antes de la proclamación de su independencia respecto de la Corona española, cuando las juntas apenas reclamaban igualdad y autonomía, experimentaron el establecimiento de gobiernos representativos que terminaron desintegrando la unidad del territorio imperial bajo la Monarquía.
El 25 de mayo de 1808, Napoleón Bonaparte convocó una asamblea general de diputaciones de provincias y ciudades, de la cual saldría una constitución que mantuviera los privilegios del Soberano y reconociera los derechos de los ciudadanos. De los 94 diputados que asistieron a esta Diputación, seis eran americanos, entre ellos Francisco Antonio Zea, distinguido por sus grandes y novedosos aportes al texto de aquella Constitución.
Al recibir noticias de España acerca de la coronación de Bonaparte y la extinción de la Junta Suprema Central de España, el pueblo de Quito erigió una nueva Junta Suprema que gobernaría en adelante el Reino de Quito, en nombre de Don Fernando VII, mientras éste recuperase la península o viniese a América a imperar. A pesar de los desacuerdos acerca de la participación de las provincias americanas, en las Juntas se dieron unas “Juras de lealtad y obediencia” al Rey Fernando VII y un total rechazo a la invasión francesa. Aun así puede considerarse que en medio de las circunstancias y con la posible visión de una caída absoluta de la Corona española, se originó un pensamiento liberalista o emancipante y se sentaron las bases de lo que más tarde vendría a ser el verdadero proceso independentista.
En el Acta del Cabildo Abierto de la ciudad de Pamplona de Indias, suscrita el 31 de julio de 1810, en su parte resolutiva central, se puede leer la jura de obediencia al Rey y el rechazo a la invasión napoleónica a España:
“…Y habiéndoseles recibido juramento a cada uno de ellos sobre los mismos puntos interesantes que arriba se han expresado y principalmente sobre la conservación de nuestra santa religión, obediencia a nuestro legítimo Monarca el señor don Fernando VII, adhesión a la justa causa de toda la Nación y absoluta independencia de esta parte de las Américas de todo yugo extranjero; todo el público añadió, a presencia de la respetable imagen de nuestro Soberano, el mismo solemne juramento y prestó la más ilimitada subordinación a la Junta que acaba de erigir”.
El pensamiento ilustrado, la Ilustración o Siglo de las Luces, aportó los elementos teóricos como ideológicos para forjar las luchas políticas y militares conducentes a la emancipación. Fueron la inspiración de los movimientos revolucionarios de finales del Siglo XVIII: la independencia de los Estados Unidos (4 de Julio de 1776) y la Revolución Francesa (1789) cuyo lema revolucionario libertad, igualdad y fraternidad, sirvió de fundamento para la ideología de los posteriores movimientos independentistas americanos.
Sentencias a resaltar:
Las llamadas actas de independencia de 1810 NO son tales, se trató de un movimiento de juntas capitulares o cabildos abiertos celebrados para verificar las juras de obediencia al Rey, a quien se le había usurpado el poder soberano y legítimo por el invasor ejército Napoleónico a España.
Aquellas actas de jura de obediencia al Rey, suscritas por los cabildos americanos en 1810, fueron mal leídas o intencionalmente mal contadas por la historiografía tradicional, pues nunca representaron independencia alguna, todo lo opuesto.
La expresión “absoluta independencia de esta parte de las Américas de todo yugo extranjero” NO se refiere a los Españoles sino a los franceses napoleónicos que habían ocupado y usurpado el poder soberano de la Monarquía, y se temía pasaran a invadir las provincias españolas en América y Asia.
En el Siglo XVIII un español de Pamplona de Indias se consideraba tan español como uno de Pamplona de Navarra. De hecho las provincias españolas de las américas no eran consideradas como colonias, sino como parte integran del Imperio Español.
El verdadero movimiento independentista comenzó en 1811 con declaraciones de autonomía absoluta de ciudades como Caracas (septiembre 25) y Cartagena en 11 de noviembre. Pamplona fue proclamada estado libre en 1812.
Pero, ¿Qué fueron las juntas de gobierno? ‘¿Por qué dedicar tanto interés a estas juntas? ¿Qué es lo que ellas nos aportan para la comprensión del período de la Independencia?
Para comenzar, debemos recordar que la Independencia de Colombia suele reducirse a una serie de eventos (fechas y lugares) que sólo dan cuenta de una parte de lo que ocurrió. Uno de los ejemplos más conocidos de esta tendencia es la historia del florero de Llorente. A menudo se nos explica que la Independencia “ocurrió” el 20 de julio de 1810, momento en el que los criollos armaron una revuelta porque el señor Llorente decidió no prestarles un florero. Pero la Independencia fue un proceso mucho más amplio y complejo, que comenzó a finales de la colonia y se extendió hasta después de la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819.
Y justamente una de las maneras más eficientes de comprobar la complejidad de este período es analizar y estudiar las muchas juntas de gobierno que se crearon en el momento. Las juntas eran la manera como las personas se organizaron para ejercer el poder y definir cómo se querían gobernar en ausencia del rey. Esta definición y la importancia de las juntas, por supuesto, se entienden mejor a la luz del contexto de la época.
En el año de 1808, el emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, tras haber obligado a abdicar al rey de España Fernando VII, invadió el país y puso a su hermano José Bonaparte como soberano del reino.
Este nuevo monarca fue altamente impopular entre los españoles, quienes organizaron en diversos lugares las llamadas juntas, órganos que asumieron por un lado funciones de gobierno a nivel local y, que por otro lado, se encargaron de organizar la resistencia armada contra los invasores. Estas juntas, forzadas por la necesidad de coordinar sus esfuerzos en contra de los franceses, pronto terminaron unificándose en una sola junta que fue conocida como la Junta Suprema Central de Sevilla, en el mismo año de 1808.
En América, ante la ausencia del poder del rey, también se organizaron juntas de gobierno en las diversas provincias de los dominios españoles. Algunas de estas juntas reclamaron para sí grados cada vez mayores de autonomía, lo que en algunos casos terminó desembocando en un proceso independentista de las provincias, en particular después del año de 1810. En dichos casos esto reflejó, además, los intereses de grupos de la sociedad colonial (en particular de los criollos, es decir, de los españoles nacidos en América) en pro de una mayor participación en la administración de las provincias y un trato más igualitario en relación con los reinos que se encontraban en la península Ibérica y que tenían representación en la Junta Suprema Central de Sevilla.
En España, esta Junta Suprema Central de Sevilla terminó convirtiéndose en una plataforma para convocar a unas Cortes Constitucionales: en España el término “cortes” se refería, desde la Edad Media, a algo muy similar a un parlamento o cuerpo legislativo. Sin embargo, en este caso, lo que se convocó fue el equivalente a una Asamblea Constituyente. Dichas cortes finalmente se reunieron en la ciudad de Cádiz entre 1810 y 1814 (por lo que se conocieron como “Cortes de Cádiz”), con el objetivo de redactar una constitución para regir España. Las Cortes de Cádiz contaron con delegados no sólo de los reinos situados en España, sino también, con representantes de los dominios de ultramar, tanto de Asia como de América. Aunque para este punto una parte de las provincias de la Nueva Granada habían declarado o asumido una independencia de España, otras aún se mantenían fieles a la corona y, por ende, dicha constitución tuvo un efecto en esas provincias durante el periodo que va desde 1810 hasta 1814, cuando se restableció la monarquía española.
Texto completo del acta y cronología de los hechos:
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Dɪᴘʟᴏᴍᴀᴄɪᴀ Iɴᴛᴇʟɪɢᴇɴᴛᴇ ʏ Pʀᴀɢᴍᴀ́ᴛɪᴄᴀ ᴏ ʟᴀ Dᴇsɪᴅᴇᴏʟᴏɢɪᴢᴀᴄɪᴏ́ɴ ᴅᴇ ʟᴀs Rᴇʟᴀᴄɪᴏɴᴇs Iɴᴛᴇʀɴᴀᴄɪᴏɴᴀʟᴇs ᴅᴇ Cᴏʟᴏᴍʙɪᴀ
La diplomacia inteligente y pragmática es aquella que gestiona las relaciones exteriores de un país priorizando el interés nacional concreto: la seguridad, la prosperidad económica, el bienestar de los ciudadanos y el prestigio internacional. Se basa en un análisis frío de costos y beneficios, en la inteligencia estratégica y en la búsqueda de resultados medibles, no en lealtades ideológicas o posturas morales abstractas.
¿Por qué la diplomacia de un país no debe ser ideológica?
En Ciencia Política y Relaciones Internacionales, las principales escuelas de pensamiento coinciden en un punto clave:
La escuela realista de Hans Morgenthau y otros sostiene que los Estados actúan principalmente por interés nacional, bajo óptica y principios de seguridad y poder, no por ideologías. La ideología puede ser un instrumento, pero nunca el motor principal, porque nubla el juicio y genera costos innecesarios.
La escuela liberal valora la cooperación y el multilateralismo, pero siempre como herramienta para lograr beneficios mutuos, no como fin en sí mismo.
Una diplomacia ideologizada, ya sea de izquierda antiimperialista o de derecha aislacionista, tiende a: i) Romper canales de diálogo y cooperación útiles. ii) Generar aislamiento o sanciones que afectan la economía. iii) Desperdiciar recursos públicos en gestos simbólicos sin retorno tangible. iv) Perjudicar el “buen nombre” del país al convertirlo en actor impredecible.
En cambio, la diplomacia pragmática es multilateral cuando conviene al interés nacional, al participar en foros donde se defienden intereses reales, así como bilateral cuando genera resultados concretos. El diálogo siempre debe mantenerse abierto: cortar relaciones es el último recurso, porque cierra puertas a negociación, comercio e información.
Imagina la diplomacia como la gestión de una gran empresa llamada Colombia: don Gobierno como gerente no puede pelearse con sus principales clientes o proveedores por diferencias ideológicas, porque eso reduce ventas, encarece insumos y deja a los empleados, los colombianos, sin empleo ni seguridad.
La relación bilateral óptima con Estados Unidos
Estados Unidos es, históricamente, el principal socio comercial, inversionista y de seguridad de Colombia.
Beneficios concretos y pragmáticos:
1. Comerciales: EE.UU. recibe alrededor del 30% de las exportaciones colombianas. El TLC (Tratado de Libre Comercio) facilita acceso a un mercado enorme. La inversión extranjera directa estadounidense es una de las más importantes del país.
2. Seguridad: Cooperación de décadas en lucha contra el narcotráfico como el Plan Colombia y sus sucesores, intercambio de inteligencia, entrenamiento y equipamiento militar. Esto ha contribuido históricamente a reducir la violencia y fortalecer las Fuerzas Armadas y Policía.
3. Tecnológico y multilateral: Acceso a tecnología avanzada, cooperación en temas como cambio climático, salud o infraestructura, y participación en foros donde EE.UU. impulsa agendas de la OEA y otros organismos que Colombia puede aprovechar si defiende sus intereses con inteligencia.
Una relación óptima no significa sumisión, sino negociación dura pero constante de intereses mutuos. Las tensiones ideológicas; por ejemplo, diferencias sobre Venezuela o drogas, siempre han existido, pero la pragmática aconseja mantener canales abiertos porque romperlos afecta directamente empleos, inversión y capacidad de respuesta frente al crimen transnacional.
La conveniencia de reiniciar relaciones plenas con Israel
Colombia e Israel mantuvieron relaciones diplomáticas desde 1957, con una cooperación histórica especialmente fuerte en seguridad y tecnología.
Áreas de beneficio objetivo para Colombia:
1. Seguridad y defensa: Israel ha sido un socio clave en drones como los Hermes de Elbit, sistemas de inteligencia, guerra electrónica, entrenamiento antiterrorista, incluyendo Krav Maga, y armamento adaptado a condiciones de conflicto irregular. Esta experiencia es altamente relevante para enfrentar carteles, guerrilla y crimen organizado en Colombia. Israel era considerado el segundo socio en seguridad después de EE.UU.
2. Tecnología e innovación: Liderazgo mundial en agricultura de precisión, manejo de agua con tecnología de riego por goteo útil en zonas semiáridas colombianas, ciberseguridad y medicina. Un TLC existía y permitía intercambio comercial.
3. Comercio: Exportaciones colombianas como carbón en ciertos periodos, con un amplio potencial de diversificación.
En 2024, bajo el gobierno de Gustavo Petro, se rompieron las relaciones diplomáticas formales debido a la postura ideológica del presidente frente al conflicto en Gaza, calificando esa situación israelí con terroristas palestinos como “genocidio”, haciendo comparaciones con el nazismo, expulsión de diplomáticos, y una narrativa beligerante en contra del Estado israelí. Esto implicó suspensión de exportaciones de seguridad por parte de Israel y cierre de canales oficiales, así como el cierre de las exportaciones de carbón y otros elementos de valor a Israel.
Desde una perspectiva estratégica y pragmática, reiniciar y fortalecer estas relaciones, tal como lo ha anunciado el nuevo gobierno electo, permitirá:
1. Acceder a capacidades tecnológicas y de inteligencia de primer nivel sin depender exclusivamente de un solo socio.
2. Diversificar aliados en un mundo multipolar.
Obtener beneficios directos en seguridad interna y desarrollo tecnológico que impactan positivamente en el empleo y la reducción de violencia.
Cortar relaciones por motivos ideológicos fue una decisión que limitó opciones y generó costos en capacidades de defensa y cooperación.
Diplomacia austera, estratégica y corrección de errores
Una diplomacia pragmática debe ser austera y eficiente: cada embajada o consulado debe justificarse por: i) Número significativo de colombianos residentes o visitantes. ii) Volumen real de comercio o inversión. iii) Intereses estratégicos claros como seguridad, recursos e influencia regional.
Durante el gobierno saliente se abrieron múltiples embajadas nuevas, alrededor de 10, con costo de instalación cercano a los 17.500 millones de pesos colombianos, más gastos anuales de funcionamiento elevados. Ejemplos incluyen Haití, varios países africanos y de Las Antillas como Etiopía y Senegal, Barbados, Guyana y otros. Delegaciones diplomáticas sumamente costosas por afinidad ideológica y discurso delirante del Señor Presidente, donde el número de colombianos en mínimo y el valor de los negocios como el intercambio cultural igualmente modesto e incluso irrelevante para el desarrollo de los colombianos.
El caso de Haití es ilustrativo: la apertura de la embajada y consulado generó costos significativos de instalación y mantenimiento anual, pero el uso por parte de colombianos fue mínimo, pues allí no residen más de 70 colombianos, muy pocos pasaportes expedidos y escasos trámites consulares. El intercambio comercial es bajo y la presencia de colombianos es ínfima. Decisiones similares en algunos países africanos respondieron más a una visión ideológica de “solidaridad sur-sur” o alineación progresista que a un cálculo de retorno para Colombia.
Principio correcto: Priorizar recursos en misiones de alto impacto como con EE.UU., Europa, Asia-Pacífico, socios comerciales clave como Israel, al tiempo que se deben optimizar o cerrar aquellas con bajo rendimiento. La diplomacia no es para “coleccionar banderas” ni para gestos simbólicos costosos; es una herramienta de Estado al servicio del pueblo. En cambio, se crearon misiones diplomáticas innecesarias, con altos costos, cuyo beneficio no pasa del ámbito burocrático en favor de la clientela política del Gobierno.
Conclusión: El interés superior de Colombia
Una diplomacia inteligente, pragmática y multilateral se hace cuando conviene, se hace para fortalecer la soberanía real de Colombia ante el mundo, entando de verdad sirva para:
1. Generar más empleo e ingresos a través del comercio y la inversión.
2. Mejorar la seguridad nacional con cooperación tecnológica y de inteligencia.
3. Elevar el prestigio del país como socio confiable y predecible.
4. Evitar aislamientos costosos que terminan pagando los colombianos más vulnerables.
Las relaciones con EE.UU. e Israel son ejemplos claros de socios que ofrecen beneficios tangibles en comercio, tecnología, seguridad y desarrollo. Mantenerlas o restablecerlas sobre bases pragmáticas —no ideológicas— es una decisión de Estado racional que prioriza el bienestar del pueblo colombiano por encima de posturas emocionales o de alineación doctrinaria.
La historia de las relaciones internacionales demuestra repetidamente que los países que subordinan su política exterior a ideologías puras suelen pagar precios altos en oportunidades perdidas. Colombia, como nación soberana, tiene derecho —y deber— a practicar una diplomacia que maximice beneficios concretos para sus ciudadanos, no para despilfarrar recursos, hacer viajes y turismo de Estado, zafarís en África para aprender suajili, o embajadas costosas e inocuas como la de Haití, creada por pura y dura visión histórica ideologizada del Señor Presidente Gustavo Petro, donde la población colombiana es mínima y puede ser atendida desde República Dominicana.
#Diplomacia #RelacionesInternacionales
Por instrucción del presidente electo @ABDELAESPRIELLA, uno de los encuentros más importantes de La Patria Milagro en Washington fue la reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
Junto a los ministros de Defensa, Relaciones Exteriores y Comercio, Industria y Turismo, agradecimos el respaldo brindado por Estados Unidos al proceso de transición y al inicio de una nueva etapa en la relación entre nuestros países.
Reiteramos el interés de Colombia en hacer parte del Escudo de las Américas y fortalecer la cooperación en seguridad, la erradicación de cultivos ilícitos, la recuperación del orden y el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Militares, siempre con absoluto respeto por la soberanía nacional.
Asimismo, exploramos nuevas oportunidades para ampliar el comercio, atraer inversión y dinamizar el desarrollo económico.
Todo este trabajo responde a un compromiso con las familias colombianas, especialmente las más vulnerables. Fortalecer la alianza con Estados Unidos significa generar más empleo, aumentar los ingresos de los hogares y acelerar la transformación social que Colombia necesita.
Porque cuando una nación ofrece oportunidades y esperanza a su gente, también fortalece su democracia y evita que quienes buscan sembrar el miedo, la ilegalidad y la violencia encuentren espacio para amenazarla. Esa es la esencia de La #PatriaMilagro.
Aᴅʜᴇsɪᴏ́ɴ Pᴏʟɪ́ᴛɪᴄᴀ Aᴄʀɪ́ᴛɪᴄᴀ: Eʟ Tɪ́ᴘɪᴄᴏ “Dᴇᴠᴏᴛᴏ Oʟɪɢᴏғʀᴇ́ɴɪᴄᴏ” ᴇɴ ʟᴀ Cᴜʟᴛᴜʀᴀ Pᴏʟɪ́ᴛɪᴄᴀ Cᴏʟᴏᴍʙɪᴀɴᴀ
Cómo hace falta una reflexión seria en torno a la adhesión política acrítica y la legitimidad de los comicios presidenciales de Colombia 2026, para ir superando la indecorosa polarización e irracionalidad comunicacional que campea en estos tiempos. En las semanas posteriores a la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, Colombia vive una tensión institucional derivada de la victoria certificada de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda por un margen estrecho, unos 251.854 votos según el escrutinio final del Consejo Nacional Electoral. El presidente saliente Gustavo Petro ha cuestionado reiteradamente la legitimidad del resultado, alegando irregularidades algorítmicas, manipulación de actas y posibles injerencias externas, sin que hasta el momento se hayan aportado pruebas públicas concluyentes que alteren el resultado ante las instancias competentes. Un ejemplo ilustrativo de adhesión incondicional aparece en publicaciones de activistas como Maicol Cajamarca, quien declara explícitamente creer y seguir al presidente saliente “en todo lo que diga y mande” porque “las evidencias de fraude son serias”.
Desde la ciencia política y la filosofía política, el fenómeno de la adhesión acrítica al líder, propia del “devoto oligofrénico” sin reflexión mínima, como tipo ideal en contextos polarizados, y contrasta esa actitud con la validez jurídica y la legitimidad sociológica del proceso electoral, sustentada en las autoridades competentes, la observación internacional y la aceptación parcial del propio candidato perdedor.
1. La adhesión acrítica como tipo político: dimensiones filosóficas y de ciencia política
Desde la filosofía política, la actitud expresada por seguidores que subordinan su juicio propio al del líder remite a la distinción kantiana entre autonomía, entendida como el pensar por sí mismo, valiéndose de su propio entendimiento (atreverse a saber a ciencia cierta los hechos) y heteronomía como el obedecer una autoridad externa sin mediación crítica. Cuando un ciudadano afirma “le creo y haré todo lo que diga mi jefe político”, se sitúa en la segunda categoría: la fuente de validez del conocimiento político ya no es la evidencia o el razonamiento público, sino la palabra del líder carismático.
Max Weber distinguió tres tipos ideales de autoridad: tradicional, carismática y racional-legal. La adhesión devota corresponde típicamente a la autoridad carismática, donde el líder es percibido como portador de una misión salvífica o de una verdad superior. En contextos populistas modernos, esta lógica se combina con la distinción amigo/enemigo (Carl Schmitt) y con la sacralización de la política (Eric Voegelin), convirtiendo al líder en una figura casi mesiánica y al seguidor en un “devoto” que interpreta cualquier cuestionamiento como ataque al “pueblo” encarnado en esa figura.
En ciencia política, los estudios sobre personalidad autoritaria de Theodor Adorno y Bob Altemeyer, así como sobre sesgos cognitivos en contextos polarizados muestran que la lealtad incondicional se refuerza por mecanismos como:
El sesgo de confirmación y el razonamiento motivado: la información que confirma la narrativa del líder se acepta con menor escrutinio; la que la contradice se descarta o se reinterpreta como parte de la conspiración.
La identidad social fuerte: la pertenencia al grupo “petrista” o “antipetrista” reduce la disposición a la disonancia cognitiva.
La necesidad de cierre cognitivo en entornos de alta incertidumbre frente a unas elecciones reñidas, crisis económica o de seguridad, restauración de la economía, entre otras angustias existenciales colectivas.
El término “devoto oligofrénico” resulta peyorativo y reduce un fenómeno complejo a una supuesta deficiencia intelectual individual. Sin embargo, un análisis más preciso lo describe como seguidor acrítico o devoto incondicional, un tipo recurrente en movimientos políticos de distinto signo ideológico, tanto en liderazgos de izquierda como de derecha. No es exclusivo de un bando: aparece en seguidores que, tras 2020 en Estados Unidos o en otros procesos, priorizaron la lealtad personal sobre la evidencia institucional. Su tipicidad radica en que, en democracias polarizadas con fuerte personalismo, una porción significativa de militantes tiende a este comportamiento como mecanismo de reducción de ansiedad identitaria.
En el caso concreto del post analizado, la subordinación explícita al “jefe político” y la disposición a la “desobediencia civil pacífica” contra un resultado certificado por las autoridades electorales ilustra con claridad este patrón: la validez de los hechos electorales se subordina a la interpretación del líder.
2. La validez jurídica y la legitimidad de los comicios de 2026
El sistema electoral colombiano establece un proceso escalonado y con múltiples controles: i) Votación en mesa. ii) Preconteo para transmisión preliminar de datos. iii) Escrutinio realizado por comisiones escrutadoras integradas por jueces de la República y notarios bajo control judicial directo. iv) Declaratoria final por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
El 24 de junio de 2026, el CNE culminó el escrutinio nacional y declaró electo a Abelardo de la Espriella con 12.960.166 votos frente a 12.708.312 de Iván Cepeda, con una diferencia de 251.854 votos. La coincidencia entre preconteo y escrutinio fue del 99,997 %.
Observación internacional: Colombia desplegó la mayor misión de observación de su historia, con más de 1.200-1.600 observadores internacionales de organismos como la Unión Europea, OEA, Transparencia Electoral, Centro Carter y UNIORE. La misión de la UE concluyó que no se observaron irregularidades sistémicas, que el conteo fue transparente y que se cumplió la legislación colombiana; la coincidencia entre preconteo y escrutinio se situó en torno al 99,9 %. Otras misiones coincidieron en resaltar la robustez operativa y la apertura del proceso.
Iván Cepeda, candidato perdedor, reconoció públicamente el resultado tras el escrutinio.
Las denuncias de fraude formuladas por el presidente saliente como manipulación algorítmica, “candado hash”, servidores en California, presunta injerencia israelí o estadounidense, han sido objeto de verificación por medios independientes como La Silla Vacía y Colombia Check. Estas revisiones no encontraron sustento probatorio en las acusaciones técnicas específicas; las autoridades electorales, la Registraduría Nacional y el CNE, así como las misiones de observación confirmaron que los mecanismos de trazabilidad y seguridad se mantuvieron.
En el plano jurídico, se presentaron demandas de nulidad electoral ante el Consejo de Estado contra la declaratoria del CNE. Hasta mediados de julio de 2026, la Sección Quinta del alto tribunal inadmitió o rechazó varias de ellas por deficiencias formales como falta de desarrollo suficiente del concepto de violación o requisitos probatorios. No existe, a la fecha, una sentencia firme que anule o suspenda la elección.
Legitimidad tiene dos dimensiones:
Legal-formal: el acto de elección emana del órgano competente (CNE) tras el procedimiento legalmente establecido y con control judicial en el escrutinio.
Sociológica o de aceptación: reconocida por el candidato perdedor, por la mayoría de partidos, por la comunidad internacional y por los observadores independientes. La no aceptación por un sector político relevante genera una crisis de confianza, pero no invalida automáticamente la legalidad del resultado.
La Constitución colombiana obliga al presidente saliente a facilitar la transición ordenada (empalme). La suspensión mutua del proceso de empalme entre los equipos de Petro y de de la Espriella refleja la polarización, pero no altera el mandato constitucional de entrega del poder el 7 de agosto de 2026.
3. Implicaciones para la democracia colombiana
La adhesión acrítica debilita la democracia republicana porque sustituye la deliberación pública y la rendición de cuentas por la lealtad personal. Cuando una porción significativa de ciudadanos prioriza “lo que diga mi jefe” sobre la evidencia institucional, se erosiona la capacidad colectiva de corregir errores y de mantener la accountability.
Por otro lado, la deslegitimación sistemática de resultados electorales sin pruebas robustas que demuestren irregularidades que alteren el resultado también erosiona la “regla de la mayoría” y el principio del “consentimiento del perdedor”, condición de estabilidad democrática. Las elecciones reñidas generan legítima desconfianza y derecho a reclamar, pero ese derecho se ejerce preferentemente por las vías institucionales como reclamaciones, demandas, auditorías y no mediante el rechazo global del proceso.
La desobediencia civil pacífica es un derecho constitucionalmente protegido cuando se dirige contra leyes o actos injustos. Su invocación para desconocer una elección certificada por las autoridades competentes y observada internacionalmente plantea un dilema: puede defender principios, pero también puede interpretarse como intento de sustituir el veredicto de las urnas por la voluntad de un sector.
Conclusión: elementos para pensar mejor estos hechos
Un ciudadano que busque formarse un juicio informado debe distinguir entre: i) La crítica legítima a posibles fallas puntuales del sistema electoral, que siempre existen y deben investigarse. Y, ii) El rechazo global del resultado sin que se demuestre, con evidencia verificable y ante las instancias competentes, que las supuestas irregularidades fueron suficientes para alterar el desenlace.
Los informes de las misiones internacionales, las resoluciones del CNE, las actas del escrutinio y las verificaciones independientes constituyen la base fáctica principal. Las narrativas de fraude sin respaldo probatorio robusto, por parte de quien sea, contribuyen a la erosión de la confianza institucional.
La tipología del “devoto acrítico” no es un rasgo exclusivo de un sector político; es un riesgo estructural en democracias personalistas y polarizadas. Combatirlo requiere cultivar virtudes cívicas republicanas: autonomía de juicio, disposición a revisar creencias ante nueva evidencia y lealtad primordial a las instituciones impersonales más que a cualquier líder.
Colombia atraviesa una prueba de madurez democrática. La capacidad de aceptar resultados adversos, sabiendo que han sido producidos por procedimientos legítimos, y de canalizar discrepancias por vías institucionales será determinante para la estabilidad futura del régimen. La reflexión crítica, más que la adhesión incondicional o la deslegitimación sin pruebas, es el antídoto más efectivo contra la degradación de la democracia.
#Democracia #Oligofrenia #CulturaPolítica
Presidente @petrogustavo reitera que no reconoce a Abelardo de la Espriella como Presidente porque su elección fue un fraude, por lo que no estará en la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto para recibirlo.
Yo, como siempre lo he hecho, le creo y haré todo lo que diga y mande mi jefe político @petrogustavo, porque las evidencias de fraude son serias y no podemos aceptar semejante atentado a la democracia colombiana.
Estaremos en desobediencia civil pacífica, un derecho que está contemplado en la Constitución y del cual haremos uso para enfrentar el desastre que se viene para Colombia en los próximos años en materia social, derechos humanos y paz.
¡CON TODA! ✊🏼🇨🇴
INSEGURIDAD Y GOBERNABILIDAD EN COLOMBIA: ¡MÁS ALLÁ DE LOS GOBIERNOS Y POLÍTICOS DE TURNO!
Es posible y necesario aspirar a una visión de seguridad y gobernabilidad en Colombia, lo más ecuánime y objetiva posible, basada en hechos verificables, en el marco constitucional colombiano, en la teoría del Estado, especialmente la weberiana del monopolio legítimo de la violencia; así como en la evidencia empírica acumulada. Colombia enfrenta un problema estructural de seguridad y gobernabilidad que trasciende los gobiernos y políticos de turno, frente a los datos recientes que permiten evaluar las posturas con rigor. Una visión tranquila y objetiva que vaya más allá de los sesgos ideológicos de uno y otro lado.
Las posturas en disputa
Alejandro Ocampo, representante del Pacto Histórico, continuista, defiende la vigencia del Acuerdo de Paz de 2016 como un pacto nacional, no solo del gobierno Petro, argumenta que las concesiones y procesos de diálogo buscan desarmar grupos y transformar territorios históricamente abandonados, y critica al presidente electo Abelardo de la Espriella por un enfoque que califica de militarista y riesgoso: mega cárceles, posible intensificación de bombardeos en zonas con apoyo electoral a la izquierda y bloques de seguridad urbana que evocan experiencias paramilitares pasadas como las Convivir. Sostiene que abandonar o debilitar los procesos de paz deja territorios en manos de grupos armados y paramilitares emergentes.
Abelardo de la Espriella, presidente electo, propone restaurar la institucionalidad estatal, recuperar el control territorial y reafirmar el monopolio legítimo de la fuerza del Estado como condición previa para cualquier paz sostenible. Planea desmontar la llamada “Paz Total” de Gustavo Petro, rechazar negociaciones amplias con estructuras criminales, sustituidas por sometimiento a la justicia o acción militar, construir mega cárceles de alta seguridad, reactivar herramientas como fumigación aérea y priorizar la presencia estatal fuerte. Critica el Acuerdo de 2016 y la JEP por generar impunidad y rearmamento de disidencias.
¿Qué muestra la experiencia empírica reciente en Colombia?
Los datos del cuatrienio de Gustavo Petro, 2022-2026, indican un deterioro en varios indicadores clave de seguridad y control estatal:
Homicidios: Estudios de la Universidad Externado de Colombia reportan alrededor de 40.663 homicidios en los primeros tres años del gobierno Petro, superando los trienios equivalentes de Duque (~37.795) y Santos II (~36.646). Tasas estimadas en 27-28 por 100.000 habitantes en 2025 (según DANE y Policía), con picos altos. Medicina Legal reportó ~14.780 homicidios solo en 2025.
Grupos armados y control territorial: Organizaciones como el Clan del Golfo, disidencias de las FARC y ELN expandieron filas, con crecimientos reportados del 23-55% según fuentes como HRW y Fundación Ideas para la Paz, así como su presencia en más de la mitad de los municipios colombianos. Se documenta mayor gobernanza criminal, extorsión, reclutamiento y control sobre economías ilícitas.
Cultivos de coca: Según monitoreo UNODC/SIMCI, aumentaron de ~230.000 hectáreas en 2022 a 253.000 en 2023 y ~261.000 en 2024, niveles récord.
“Paz Total” y ceses al fuego: Estudios de la Universidad de los Andes y otros centros de investigación concluyen que los ceses bilaterales al fuego fortalecieron la gobernanza criminal: facilitaron expansión territorial de grupos, aumento de extorsión, reclutamiento y amenazas, mientras la Fuerza Pública cumplió más estrictamente. La violencia entre grupos y contra civiles se recrudeció en varias regiones como Cauca, Valle, Catatumbo, Putumayo, entre otros. Desplazamientos y confinamientos alcanzaron niveles altos no antes alcanzados.
Históricamente, periodos de mayor presión militar y estatal, como bajo el Gobierno Uribe con el Plan Colombia, lograron reducciones significativas de violencia, aunque con costos en derechos humanos y surgimiento posterior de nuevos actores. El Acuerdo de 2016 redujo confrontación directa con las FARC centrales, pero la implementación parcial, especialmente en reforma rural y desarrollo territorial, y procesos de rearme de disidencias dejaron vacíos que grupos criminales explotaron.
La postura continuista subestima estos retrocesos en control estatal; la postura de restauración fuerte alinea mejor con la evidencia de que las grandes concesiones sin contrapartidas verificables de desarme y sometimiento tendieron a empoderar a los actores armados.
Marco constitucional y teoría del Estado
La Constitución de 1991 define al Estado como social de derecho, unitario, con fines esenciales de mantener la integridad territorial, asegurar la convivencia pacífica y garantizar la efectividad de los derechos (Art. 2). La paz es un derecho y deber (Art. 22). El monopolio legítimo de la fuerza corresponde al Estado (Fuerza Pública regulada en Arts. 216-218 y desarrollos jurisprudenciales). El Acto Legislativo 01 de 2016 facilitó la implementación del Acuerdo de Paz, pero no deroga la primacía del Estado ni autoriza impunidad ilimitada.
En teoría del Estado, Max Weber y desarrollos posteriores, la soberanía y la paz estable requieren que el Estado tenga capacidad efectiva de imponer el orden legítimo en todo el territorio. Sin monopolio real de la violencia, las “concesiones” o diálogos pueden convertirse en cesiones de soberanía que perpetúan ciclos de violencia y economías ilícitas. Los acuerdos de paz son instrumentos políticos legítimos, pero subordinados a la Constitución y a la obligación estatal de proteger a la ciudadanía; no pueden equivaler a impunidad estructural ni a renuncia al control territorial.
El Acuerdo de 2016 es un compromiso internacional y constitucionalmente reforzado en partes, por lo que el nuevo gobierno debe respetar lo jurídicamente vinculante, transición de excombatientes que cumplan condiciones, JEP en lo que proceda; pero tiene margen y deber de ajustar políticas que demuestren fracaso en resultados como la Paz Total aplicada a estructuras criminales reincidentes.
¿Quién tiene más razón y cuál es el camino ideal para la población colombiana?
Ninguna postura es absoluta ni infalible. La evidencia empírica y los principios constitucionales/teóricos dan mayor peso a la necesidad de reafirmar el control estatal y el monopolio de la fuerza como base indispensable para cualquier paz sostenible. Las grandes concesiones sin verificación estricta de desarme, desmovilización y ruptura con economías ilícitas han mostrado, en esta experiencia reciente, efectos contraproducentes: fortalecimiento de grupos, pérdida de territorios y aumento de violencia. Ignorar esto sería ideológico.
Al mismo tiempo, un enfoque puramente militarista y represivo, sin componente de justicia efectiva, desarrollo rural y reducción de impunidad estructural, corre riesgos de generar nuevos ciclos de violencia, violaciones de derechos humanos y rechazo social, tal como ocurrió históricamente con paramilitarismo o excesos. El Acuerdo de 2016 tiene méritos en desmovilizar un actor central y abrir caminos de verdad/reparación que no deben desecharse por completo.
El camino ideal para el nuevo gobierno, basado en evidencia y principios:
Reafirmar presencia estatal: Priorizar recuperación militar y policial de territorios perdidos, con inteligencia, operaciones precisas y respeto al DIH. Esto es condición sine qua non según teoría weberiana y realidad colombiana.
Marco jurídico claro: Desmontar la “Paz Total” en su versión amplia con estructuras criminales. Solo procesos de sometimiento a la justicia ordinaria o transicional estricta, con condiciones verificables de desarme y no reincidencia. Respetar compromisos del Acuerdo de 2016 con excombatientes que cumplan, pero endurecer contra disidencias/rearmados.
Anti drogas y economías ilícitas: Combinar erradicación, incluyendo herramientas como fumigación donde sea viable y con alternativas, más un desarrollo rural integral y sustitución efectiva. Los datos muestran que el enfoque actual no frenó el crecimiento de cultivos.
Instituciones y justicia: Fortalecer el Estado de derecho, reducir impunidad crítica estructural en Colombia, construir infraestructura carcelaria moderna y eficiente, y combinar seguridad con políticas sociales focalizadas en zonas vulnerables.
Evaluación continua: Medir resultados con indicadores objetivos como control territorial, homicidios, cultivos, desplazamientos, y ajustar las cifras a la realidad. La política debe ser pragmática, no ideológica.
Los ciudadanos pueden y deben exigir esta visión basada en hechos sobre narrativas partidistas. La historia colombiana muestra que ni la negociación sin firmeza estatal ni la fuerza sin legitimidad y desarrollo logran paz estable. El nuevo gobierno tiene la oportunidad —y la responsabilidad constitucional— de corregir el rumbo con realismo: recuperar el Estado primero, para que la paz sea posible después.
#Seguridad #Gobernabilidad #PazTotal #PazVerdadera
Le pregunto a Abelardo: ¿cuál es la paz verdadera? ¿Las megacárceles que se harán en 4 años? ¿Los bombardeos a los territorios que voten por la izquierda? ¿El Bloque de Seguridad Urbana que suena a las Convivir?
Le recuerdo Abelardo que el Acuerdo de Paz no es de Petro, es de Colombia y tiene vigencia independiente de quién gobierne, así que lo que usted está haciendo solo busca garantizar que nadie lo cumpla y que los territorios que esperaban queden abandonados a los grupos armados y paramilitares que desde ya estamos viendo que le pasan factura a los campesinos y beneficiarios de tierras.
Increíble el desconocimiento a la memoria que este señor tiene por su delirio de poder.