Hay enseñanzas que no se aprenden en los libros. Se reciben en una conversación, en un consejo oportuno, en una mirada, en el ejemplo cotidiano de un padre que cumple con su deber sin esperar reconocimiento.
En este Día del Padre quiero saludar a todos los hombres que asumieron la tarea de formar una familia, de transmitir valores y de mostrar con sus actos que el sacrificio, el trabajo honrado y la responsabilidad siguen siendo pilares sobre los que se construye una vida digna.
Pienso también en mi padre, Eduardo. Soldado argentino, veterano de Malvinas y uno de los hombres que más influyó en mi vida. De él aprendí que el amor a la Patria no se declama, se vive. Que el honor no depende de las circunstancias. Y que hay causas que merecen ser defendidas aun cuando el camino sea difícil. Aprendí su rectitud con el ejemplo diario aún ante decisiones muy difíciles, Fue un papá que se ocupó de sus hijas y su bienestar hasta su muerte.
Muchos argentinos recibieron de sus padres ese mismo legado. El de levantarse cada mañana para cumplir con su palabra, cuidar a los suyos y dejar a sus hijos el ejemplo como una herencia mucho más valiosa que cualquier bien material.
A todos los padres de nuestra Patria, a los que están presentes y a los que viven para siempre en la memoria de sus hijos, mi gratitud y mi respeto.
¡Feliz Día del Padre!