No se enojen, pero debo admitir que Argentina ROBÓ. No me hace menos argentino decirlo. En el primer gol Enzo Fernández se robó la ilusión de miles de madridistas y en el segundo Lautaro se choreó las lagrimas de millones de mexicanos y fans de CR7.
El que ama verdaderamente a su club no tiene un segundo equipo porque es humanamente imposible tener un segundo amor cuando uno ya conoció al amor de su vida.