En breve se cumplirán once años de la Ley Mordaza.
Unos cuantos millones de multas y miles de millones de euros recaudados bajo una norma que PSOE, Podemos, Sumar, EH Bildu, ERC, PNV, Junts y BNG prometieron derogar.
Todo mentiras. En este Estado los únicos que tienen libertades son los fascistas.
Lo que cambia con los unionistas protestantes de Belfast es el objeto de odio, pero no la lógica que lo promueve. Ahora son los inmigrantes, pero en los años 60 hacían lo mismo con los republicanos: les prendían fuego a sus casas.
El 11 de junio de 1980 un comando del fascista y para-policial Batallón Vasco-Español secuestraba y asesinaba brutalmente al militante de Comandos Autonomos Anticapitalistas José Miguel Etxeberria Álvarez, ‘Naparra’, de 22 años.
La última vez que se le vió en vida fue en un bar de Donibane Lohitzune, en Iparralde. Nunca mas se supo de el. El BVE reivindicó el crimen y dio unas supuestas coordenadas del sitio donde le enterraron. Nunca se le ha encontrado.
Hoy se cumplen 46 años del brutal asesinato de Jose Miguel. 46 años y su cadáver todavía no ha aparecido. 46 años y el crimen fascista sigue impune. 46 años de lucha de sus familiares y amigos por recuperar su cuerpo.
El 8 de junio de 1986 apareció muerto a causa de la desatención sanitaria en Herrera de la Mancha el preso político Joseba Asensio Artaraz, «Kirruli», con sólo 27 años.
En 1980 fue detenido, incomunicado y torturado durante nueve días en la DGS de Madrid, a manos del policía “Billy el Niño”. Después de esto conoció de primera mano varias prisiones españolas como las de Burgos, Soria, Puerto de Santa María, Alcalá-Meco y Herrera de la Mancha. Apenas faltaban unos pocos meses para que recobrara la libertad, tras cumplir seis años encarcelado.
Joseba Asensio muere como resultado de una grave desatención médica por parte de Instituciones Penitenciarias, a pesar de que sufría tuberculosis. En enero de 1982, después de una huelga de hambre de 36 días, los médicos de Carabanchel le diagnosticaron una pleuritis. A pesar de que el médico que le trataba en el hospital intentó que permaneciera ingresado, Joseba fue sacado del hospital y trasladado a Puerto de Santa María. Ante cualquier recaída le daban jarabe y pastillas para la tos, sin ningún tipo de examen. Kirruli hizo unas diecinueve visitas al médico del centro, la última de ellas tan sólo nueve días antes de su muerte; no le diagnosticaron más que «gripes y fuertes catarros». La autopsia, sin embargo, reflejó «algo terrible»: un pulmón se le había reducido al tamaño de una nuez.
Pero al Estado no le bastó con asesinarlo, sino que la represión continuó en el funeral de Kirruli. En la capital vizcaína la Policía cargó contra la comitiva fúnebre que portaba el féretro, provocando cuarenta heridos que fueron hospitalizados. Varias televisiones europeas se hicieron eco y no dudaron en filmar esta actuación policial. Tres inspectores de la Policía llegaron a disparar fuego real, lo que provocó un pánico generalizado.
Hace dos años se vivieron imágenes similares en Gaza y el mundo, con razón, puso el grito en el cielo.
Pocos sabían que aquí el gobierno del PSOE ya había ordenado a la policía cargar contra un ataúd, 40 años antes.
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