Single 40 años Hetero. Discreto, Limpio, Confiable. Me encantaría conocer Chicas Bi o Hotwife y Parejas Cuckqold que gusten darme la oportunidad de tratarlos.
Te la cogiste al fin. A esa pelirroja que siempre habías deseado: femenina, tierna, divertida… y brutalmente sexy.
La pusiste a montarte de espaldas porque necesitabas ver ese culo que todos desean y que ahora es tuyo. Suave, grande, carnoso, blanquito… de esos que provocan apretarlos con suavidad pero también reventarlos a nalgadas mientras ella se baja despacio para ensartarse tu verga en ese coño rico, estrecho, hecho para perderse en él.
Ella sabe que es linda, sabe que la desean, sabe que provoca… pero ni se imagina el morbo real que despierta cuando la tenés así, temblando sobre vos, con su culo y tetas rebotando, ofreciéndose sin miedo, deshinibida totalmente, dejándose llevar por el placer, mismo que la hace desconocerse pero que le encanta cuando la llevan a ese punto.
Te fascina descubrir a esa chica tierna convertida en una puta deliciosa en la cama.
Y lo mejor… es que ahora es tu puta pelirroja.
Muchos me juzgarán; pocos podrán entenderlo y aún menos compartirlo. Pero antes que follarme yo mismo a mi mujer, lo que de verdad me enloquece es verla en manos de otro, usada a su antojo mientras yo solo observo y me masturbo, sin poder tocarla, obligado a quedarme ahí, escuchando cómo gime por lo que otro le está haciendo sentir.
Me revienta de morbo ver cómo esa chica tan guapa, dulce y deliciosa se convierte en una puta en el momento en que un macho sabe cómo follarla de verdad; cómo se desarma por un buen pedazo de carne y empina el culo ofreciéndose para que se lo revienten sin piedad. Soy el cornudo más feliz del mundo.
La conocí tímida, casi inocente, y ahora su cara de angelito se transforma en pura maldad y morbo cuando otro le taladra la vagina y, al mismo tiempo, me sostiene la mirada… como si disfrutara viéndome arder por dentro.
Tenía que ser mío a toda costa. Es exactamente el tipo de hombre con el que siempre fantaseé: fuerte, dominante, con esa mirada que te desnuda sin siquiera tocarte. Nada me moja más que imaginarme siendo suya por completo… y me vale mierda que esté casado. El nuevo vecino tenía que terminar siendo mío. Además, estoy en mi mejor momento: más joven, más rica, más apretada y con un cuerpo que hace que cualquier hombre se olvide de su rutina. Comparada con esa acabada e insípida que tiene por esposa. Mi plan era simple y directo: salir a broncearme justo en su línea de visión con la tanguita más pequeña que tenga, agregarlo a redes para que viera exactamente lo que se está perdiendo, pedirle “ayuda” con cualquier cosa insignificante, una bombilla, mover una caja, lo que sea, solo para que entrara a mi casa y oliera mi perfume de cerca, hacerme la simpática y hasta la “amiga” con su fea esposa, la chica buena, la nena amigable, tierna e inocente, y claro, vestirme como puta cada vez que supiera que él estaba cerca: falditas cortísimas que apenas cubren el culo, escotes que dejan poco a la imaginación, sin sostén para que se marcaran los pezones, leggings transparentes, todo pensado para que solo pudiera pensar en arrancármelo con los dientes. Y funcionó. Las falditas y los escotes hicieron efecto rápido, lo llené de morbo y deseo y cayó rápido. Hoy lo monto en la misma cama matrimonial de ellos mientras su esposa me mira desde todas las fotos que tienen colgadas en la habitación. Me ensarto su rica verga hasta el fondo, sintiendo cómo me llena el coño mientras él me agarra las caderas con fuerza. Mis tetas, que son más del doble del tamaño de las de esa pobre mujer, rebotan con cada embestida, y él las amasa, las aprieta, las azota como si quisiera marcarlas como suyas. La cama cruje al ritmo de sus embestidas en mi coño y me excita saber que ella se acostará en esta cama sin saber lo que pasó. Mi próximo paso es todavía más sencillo y definitivo: quedarme embarazada de él, que la deje, que se venga a vivir conmigo, que sea mío completamente, sin excusas, sin fotos de ella en las paredes, sin nada que me recuerde que alguna vez existió otra antes que yo. Porque este hombre ya no le pertenece a ella. Me pertenece a mí. Y voy a asegurarme de que así sea para siempre.
Me aceptaron en la universidad y dejé atrás el pueblito donde crecí. Me despedí de amigos, de familia, de mi ahora ex novio… y, al parecer, también de todo rastro de pudor. ¿Para qué contenerme si estoy así de rica? Apenas 19 años, cuerpo delicioso, joven, y las hormonas hirviéndome por dentro, gritándome que experimente todo el sexo sucio y rico que siempre quise.
Lo que antes solo leía en secreto, veía en videos prohibidos o fantaseaba a escondidas… ahora lo hago realidad. La chica buena se murió. Ahora sé exactamente lo que provoco cuando entro a un salón, sé el poder que tengo entre las piernas y no pienso negarme ni un gramo del placer que la mayoría se niega por “moral”.
Encontré gente que piensa y vive igual de rico que yo. Por eso hoy puedo arrodillarme tranquila en la oficina del profe, sacarle su verga gruesa, llena de venas y mamarla hasta el fondo mientras él me agarra del pelo y me dice lo puta que soy. Puedo compartir al novio de mi amiga con otra más, mamarle la verga dura justo antes de que traicione a su novia con nosotras dos. Chupársela profunda, saborearla entera mientras él gime y se pone más tieso… y luego voltearme a mi amiga, abrirle las piernas, enterrarle la lengua en esa concha mojada y caliente hasta hacerla temblar. La preparo bien, la dejo empapada y ansiosa para que él la use como su juguetito de placer, mientras yo miro y me toco, disfrutando cada segundo de esta traición deliciosa. … y cuando ya está temblando, agarro la verga y se la clavo yo misma, viéndola arquearse mientras él se prepara para turnarse y destrozarme a mí entre los dos.
Ya no hay vuelta atrás. Esto es lo que soy ahora. Y me encanta.
Apenas lleva un año de casada y ya está insatisfecha. Su esposo trabaja todo el día, se parte el lomo para “darle lo mejor”, pero se le olvida que lo mejor para ella no es un apartamento lujoso ni un estado de cuenta: es que la dejen temblando, con las piernas flojas, los pezones duros y el cuerpo chorreando esperma por todos sus agujeros, con ganas de repetir sin siquiera recuperar el aliento.
Por eso tuve que intervenir. Por eso terminé siendo el vecino que le da lo que el marica de su marido no puede ni sabrá darle jamás. Nunca una mujer me había montado con tantas ganas, nunca me habían empapado así, al punto de sentir su corrida caliente bajándome por todo el abdomen mientras me clavaba las uñas y gemía en mi oído como si la vida se le fuera en cada embestida.
Y cuando termina, siempre lo mismo: se tapa la cara, se sonroja, dice que está mal, que qué voy a pensar de ella, que no es una puta, que no es “así”. Pero basta que amanezca… basta que escuche el auto del esposo alejarse… para que, minutos después, la calentura la traicione otra vez. Y ahí está: tocando mi puerta, respirando agitada, todavía en pijama, necesitada de su ración mañanera, desesperada por volver a sentirse usada como el día anterior.