Los vi llorar abrazados cuando Venezuela ganó el campeonato del Clásico Mundial. Eran lágrimas de felicidad, de orgullo, de misión cumplida. Habían entregado hasta la última gota para regalarle esa alegría a su país.
Hoy los veo llorar otra vez, también abrazados. Pero ahora las lágrimas son de dolor, de impotencia, de distancia.
En los dos momentos, el motivo ha sido el mismo: Venezuela.
Ese amor por su tierra no cambia cuando se gana ni cuando se sufre.
Mis queridos campeones.
A falta de una hora para que comience el juego en Fenway Park, los jugadores venezolanos de los Medias Rojas, acompañados por sus familiares, reciben donaciones para apoyar a los afectados por los terremotos en Venezuela.
La fundación de los @RedSox se unió con la Cruz Roja y la Cruz Roja venezolana para apoyar.