Los problemas, las dificultades, las frustraciones y las molestias que durante el día pueda vivir el Dom no debe jamás desquitarse con malos tratos, castigo innecesario y sin sentido contra la sumisa
Casi siempre que hablamos de BDSM nos centramos en el inicio: el consentimiento entusiasta, la negociación, los límites... antes de empezar.
Todo eso es imprescindible, por supuesto. Pero a veces olvidamos una parte igual de importante: cómo nos hemos sentido después.
El consentimiento inicial es la puerta de entrada, pero no es un cheque en blanco. Una dinámica sana no se mide tan sólo por el sí del principio, sino por lo seguros que nos sentimos de hablar con sinceridad después.
Ambas partes deben tener la total libertad de dialogar sobre la experiencia, compartir lo que les gustó y señalar lo que no nos sentó bien, sin ningún miedo a represalias, malas caras o castigos psicológicos.
Y no importa el tiempo que haya pasado, porque a veces es algo que no se sabe de inmediato, sino que le vamos dando forma poco a poco.
El consentimiento abre la puerta, pero la comunicación y el cuidado posterior son lo que mantiene esa D/s segura.
No sé si es un divino vicio o una enfermiza perversión, pero pensarla despierta mis demonios oscuros, enciende el infierno de mi lujuria, hierve la lava y solo expulsarla hace que tenga breves momentos de paz en mis pensamientos. Es un círculo vicioso placentero y tortuoso...
Luego del estallido morboso y placentero llega la calma, una efímera paz, porque luego los pensamientos perversos parecen arremeter de nuevo y con más fuerza, ese enfermizo círculo vicioso en el que estoy acorralado. A veces logro distraer esos demonios oscuros, pero vuelven...
Es cuestión de evocarla, dibujarla en la mente, para luego someterla, maniatarla, arrasarla sin piedad, con oscuro desespero, y cuando llegue el momento de descargar la lava ardiente impregnada de morbo pensarla con aún más intensidad hasta que salga la última gota por ti...
La lava morbosa contenida dentro de mi ser quema, arde, hierve, luego de la media noche estallaré para que salgan de mi y aplacar temporalmente esos demonios perversos que agobian mi mente de forma recurrente
Cuando empieza la sesión los límites previamente definidos por el Dom y la sumisa son la frontera entre lo prohibido y la luz verde para arrasar de dolor, tormento y placer a esa hermosa posesión, avasallarla hasta que ruegue por el permiso final para poder estallar y correrse
@usugusilly No ruegues por atención, si debes hacerlo entonces no es la persona adecuada, la dignidad no se negocia. Cambia de rumbo y sigue adelante...
Cada uno de tus orgasmos debe tener un rostro, un nombre, alguien que los inspire y los provoque, eso lo hará todo mucho mejor. Hasta la última gota de placer con esa persona o pensando en ella...
Una relación BDSM no se puede basar en el temor, el abuso, el chantaje y el irrespeto. Casi todo vale entre el Dom y la sumisa, pero debe prevalecer el respeto, la empatía, complicidad, gusto,.morbo y perversión mutua, afinidad, el acuerdo y el consenso, solo por nombrar algunas
Las marcas que debe dejar el Dom sobre la sumisa deben ser de buenas experiencias, de placer, de aprendizaje, gratas anécdotas, que evoquen excitantes momentos en ella, jamás abusos, traumas o situaciones desagradables
De ese rostro angelical y esa aparente inocencia no te fíes del todo, seguramente oculta un lado oscuro lleno de perversión y morbo esperando por esa persona que la haga estallar de placer reprimido
Ese rayo que atraviesa desde el interior del cuerpo antes de que estalle el morbo acumulado de mi ser en forma de lava ardiente y que me estremece hasta más allá de la última gota que brota y se derrama
La sumisa debe disfrutar su entrega al Dom, que sea un acto natural, que la satisfaga desde el punto de vista sexual, mental y en su cotidianidad. Nada debe forzarse, todo debe fluir para que ambos como equipo vivan sensaciones únicas, retorcidas, perversas y placenteras