Uno de los temas más controvertidos en el BDSM es el castigo.
Y yo tengo una postura clara: no creo en los castigos de verdad (con el significado vainilla del término). No creo en causar daño real, físico o emocional, ni para corregir ni para enseñar lecciones, ni para nada.
Muchos piensan que un buen Dom debe castigar con dureza cuando el sumiso falla. Que el dolor, el silencio, o la humillación son necesarios para corregir o reforzar la jerarquía. Que se debe sufrir de verdad.
Si es lo que de verdad os funciona a vosotros, sin que se haya forzado a nadie, ni se extrapole para todo el mundo, muy respetable. Pero yo no lo veo así.
Para mí, cuando algo falla lo primero y más importante es hablarlo. Entender qué pasó, por qué pasó y cómo se sintió cada uno. La mayoría de las veces, las cosas se resuelven con comunicación y escuchando con el corazón.
Solo después de esa conversación, si ambos sentimos que hace falta un acto de redención, entonces sí puede venir un castigo…