Nunca jugó a nada y mientras tanto ese sector mediocre lo cortejaba y le lavaba el rostro. Patéticos (as), pusilánimes, con la frivolidad como norma.
Ya hoy lo que queda es el amargo sabor, de haber dejado pasar la mejor oportunidad histórica de asistir a nuestro primer Mundial.
Nunca jugó a nada y mientras tanto ese sector mediocre lo cortejaba y le lavaba el rostro. Patéticos (as), pusilánimes, con la frivolidad como norma.
Ya hoy lo que queda es el amargo sabor, de haber dejado pasar la mejor oportunidad histórica de asistir a nuestro primer Mundial.