Haciendo fila para el tren, resulta que soy la última.
La última en entrar al corazón de todo lo que algún día pensó que la valoro.
Valor como persona que se arriesga a estar y salvar.
Salvar aquella planta que no merece morir ni pasar por la tormenta.
Y aún así quedar al final
Me da tristeza que tengo que afrontar esta sapajijueputa realidad con esa sarta de malparidos vendepatrias, evangélicos, brutos, arribistas, hijos de su gran puta madre. Perdón me alteré.